La violencia machista para el feminismo radical: Charla con Barbijaputa

Alexander Hafemann @mlenny

 

-¿Cómo definirías la violencia de género?¿Toda agresión de un hombre hacia su pareja o expareja sería violencia de género?

 

Creo que a la VG sería mejor llamarla ‘violencia machista’ (VM) para que no hubiera tantos errores del tipo “la violencia no tiene género”.  Sería aquella violencia específica que surge de la figura de poder que el patriarcado le da al hombre sobre la mujer. Una violencia que iría desde la de tipo simbólico y lingüístico y que culminaría con el feminicidio. Una violencia que, como digo, no solo son los golpes o los feminicidios, sino cualquier tipo de violencia que ejerce el hombre sobre la mujer por el hecho de ser esta mujer.

 

Puntualizar entonces que una de las carencias de la actual legislación es restringir el concepto de VM a la violencia del hombre hacia su pareja o expareja, cuando eso es solo un tipo de VM de entre muchísimas más. Hoy si un hombre viola y mata a una mujer desconocida no se considera VM, cuando así debería ser.

 

 

-Luego si la VM es la que se ejerce en atención al sexo de la víctima, no toda agresión del hombre hacia su pareja o expareja podría ser VM, ¿no? Es decir, si fuera una violencia causada por cuestiones ajenas al género, ¿ya no sería VM? (Por ejemplo, pensemos en las agresiones recíprocas de la última y polémica sentencia del TS en la materia).

 

Comprendo este razonamiento, pero la violencia de un hombre hacia una mujer ejercida en el contexto de un sistema patriarcal es imposible desvincular el género de la acción. En el caso concreto que se menciona: cuando la chica da un bofetón no lo hace porqué el sea un hombre, mientras que si un hombre ejerce violencia no cabe desvincularlo del género porque está impreso en todos los mensajes que ese hombre ha recibido desde niño. Cuando ella le da un bofetón él no teme por su vida. Al revés no es así. La mujer no sabe si ese bofetón puede escalar en algo más.

 

Un caso que muchas veces se discute: un hombre anciano que por piedad hacia su pobre mujer postrada en la cama decide -sin que ella se lo haya pedido- matarla para que no siga sufriendo. De acuerdo con algunas feministas eso no sería VM. Sin embargo, yo considero que en la medida en que las mujeres siempre han sido “las madres y cuidadoras pacientes” y que al revés esa situación no se habría dado sí debería considerarse VM. (Un caso que, naturalmente, habría que distinguir de aquel en que un hombre ayuda a morir a su pareja porque esta se lo haya pedido. En ese caso hablaríamos de suicidio, por eso no lo contemplamos.) ¿Me explico?

 

 

-Pero habrá casos en que después de un bofetón la mujer no temerá por su vida ni nada parecido. Esta inseguridad permanente que planteas no parece que pueda universalizarse a todas las parejas.¿Por qué generalizar? Hablando con Ana de Miguel sobre este mismo asunto sugirió un ejemplo muy interesante: si un hombre mata a su mujer para cobrar una pensión o la herencia, eso no sería VM, ¿verdad?

 

En primer lugar todos mis respetos para con Ana de Miguel a la que admiro muchísimo. Pero si un hombre mata a su mujer para cobrar la herencia es imposible desvincular el género de la ecuación. Es decir, no sabemos qué hubiera pasado si ese hombre hubiera sido gay y si hubiera matado a su pareja. No creo que pueda “cogerse con pinzas” el género de la ecuación y decir “no hay machismo en este acto”. En la medida en que vivimos inmersos en una sociedad machista, racista y clasista, en que la vida de la mujer tiene menos valor, abstraerse del género no es posible. No podemos quitarlo, está ahí.

 

-Claro, pero no se trataría de quitarlo, sino de no presuponerlo siempre. Por ejemplo, como mencionas la cuestión de la raza, por mucho que nuestra sociedad pueda ser racista no parecería razonable presuponer que toda agresión de un blanco hacia un negro es un acto de racismo. 

 

Entiendo este planteamiento, pero –insisto- es imposible abstraerse: se trata de una persona privilegiada agrediendo a una persona de un grupo vulnerable. Quitando la violencia que se ejerza en autodefensa creo que no podemos abstraer las diferentes variables de opresión: el género, la raza, la clase…

 

Por ejemplo, pensemos en un jefe que agrede a un trabajador. A lo mejor también lo hubiera hecho si no fuera su jefe, pero la cuestión es que existe esa relación de poder y que le ha atacado desde la misma.

 

-Otra cuestión entonces: ¿qué cambiarías o añadirías a la actual legislación en materia de violencia de género? ¿Qué medidas concretas implantarías al respecto?

 

Se trata de una pregunta muy amplia, a tratar con mucho detenimiento. Pero una cuestión que tendría clara sería ser mucho más rigurosa a la hora de aplicar la legislación que ya existe. Estoy pensando en las muchas multas que impondría en el ámbito de la publicidad y la comunicación donde se es claramente sexista, o en las empresas que no respectan la paridad de género en sus plantillas ni en la forma de contratación. Multas para todos aquellos que repliquen y perpetúen los mandatos de género opresivo para las mujeres. Y es que al final, en un sistema capitalista, la mejor manera de luchar contra el machismo es “atacando” al bolsillo, que es donde realmente duele.

 

¿Cuánto dinero podría conseguirse para, precisamente, hacer políticas feministas? Dar una alternativa habitacional a las víctimas de violencia de género, subvencionar a las organizaciones que luchan contra el machismo, formar a todas las personas que atienden (en comisarías, hospitales, tribunales) a las víctimas de violencia (que hoy es meramente voluntaria y cuya carencia lleva a que el trato que se ofrezcan sea muchas veces deficiente y revictimizador) etc. 

 

-Si tuvieras que elegir una medida en particular que instaurar mañana mismo

 

Depende si queremos priorizar a largo o a corto plazo. A largo plazo es evidente que lo más importante es la educación en igualdad. Pero si somos más cortoplacistas sería fundamental que las elecciones las ganaran los bloques progresistas y que, como decía, se empezara a multar a “diestro y siniestro”.

 

­-Has mencionado la cuestión de la paridad. Podrías desarrollar más esta cuestión. ¿Te estás refiriendo a cuotas de 50/50?

 

En cualquier esfera, pública o privada, debe haber mujeres. No obstante, el tema de la paridad es un arma de doble filo, ya que podría haber ámbitos en que de forma natural hubiera más mujeres que hombres. Es decir, podría haber más mujeres válidas para una cúpula que hombres y que la paridad fuera un freno. Por eso la paridad sería solo un punto de inicio: vamos a obligar a que se busque talento femenino dentro de toda la plantilla, y una vez alcanzado que la igualdad fuera algo instalado de forma orgánica, podría haber lugar para que la distribución de hombres y mujeres fuera más desigual en los distintos ámbitos. Es decir, el tema de las cuotas sería una medida de discriminación positiva transitoria solo necesaria hasta que quedara de verdad claro que una mujer también es válida para dirigir o para hacer cualquier tipo de trabajo.

 

-Muchas veces reclamas que la Justicia tenga “perspectiva de género”. ¿En qué consistiría exactamente?

 

Al final la Justicia es un reflejo de la sociedad, para cambiar a esta tendría también que cambiar la sociedad (con lo que volveríamos a lo dicho anteriormente). Pero además se añade el hecho de que los jueces son un estrato social muy conservador (y en su mayoría hombres) ya que en su gran mayoría provienen de familias acomodadas que le han permitido sufragar años de estudio sin trabajar para poder preparar las oposiciones. Vaya, no hace falta más que abrir un periódico cualquier día para descubrir el carácter machista de los jueces, de la mirada profundamente misógina y alejada de la realidad de los mismos.

 

Recientemente un juez condenaba ¡a solo 3 años a un hombre que había estado abusando continuamente de una niña durante varios años! ¿Cuántas sentencias habrá dictado así? ¿A cuántas mujeres habrá perjudicado? Y si ahora empiezan a salir en los medios determinadas sentencias es gracias al trabajo del feminismo, pero lo cierto es que de bien seguro que no nos estamos enterando de muchísimos casos, pues son pocas las mujeres con ánimos de ir a un periódico a contar lo que ha sufrido en los tribunales, la forma en que han sido victimizadas por las personas que, en principio, tendrían que ayudarlas.

 

-¿Y cómo puede evitarse esa revictimización? ¿No debe interrogarse a la denunciante? ¿Pedirle que explique que ha pasado? ¿Que la víctima tenga que verse con su agresor? Etc. Es evidente que este proceso es muy lamentable pero ¿no es necesario?

 

Realmente no. Por ejemplo, la víctima no tendría porque verse con su agresor: podrían declarar en días distintos, en salas distintas, poner un biombo en la sala etc.

 

-Pero esto es algo relativamente nimio (aunque deseable, claro está). Con estas medidas seguiría habiendo un abogado contrario que, con más o menos tacto, tendrá que intentar desmontar el relato de la víctima en defensa de su cliente. Y así con tantas otras cuestiones.

 

Sí, sin duda, necesariamente una mujer tendrá que revivir lo sucedido en un juicio. Pero cuando hablamos de victimización estamos pensando en cosas tales como: ¿delante de quién declara la víctima y qué se permite preguntar? Por ejemplo, que no se te pregunte si cerraste bien las piernas, para de este modo culpabilizar al víctima. Es decir, a la víctima se le pueden preguntar las cosas de mil maneras. Pero lo que pasa es que siempre se pregunta de la misma: culpabilizándola de lo sucedido. No decimos que se cambie el sistema en un juicio, pero sí que los juicios no pueden ser un nuevo maltrato para la víctima. Y para ello es necesario que desaparezca del imaginario colectivo la idea de que las mujeres van por ahí inventándose agresiones, de forma que el juicio no se organizara en término de “vamos a pillarla”.

 

­

-Pasamos entonces al tema de las denuncias falsas. ¿Cómo valoras la polémica al respecto?

 

Curiosamente cuando pensamos en denuncias falsas pensamos en “mujeres mintiendo”. Y sin embargo las denuncias falsas en materia de VM es muchísimo menor que otros ámbitos.

 

-Precisamente este mismo hecho se usa para argumentar en contra de las cifras oficiales. Se dice que si en diversos ámbitos las denuncias falsas son más altas, es extraño que aquí sean tan bajas, en particular –se afirma- cuando existen “incentivos perversos” para denunciar falsamente (como ayudas económicas o facilidades en las custodias de los hijos).

 

Así como sí que sé de gente que dice que le han robado el DNI para que la renovación salga más barata, o que dice que le han robado el móvil para estafar al seguro y recibir uno nuevo, yo no conozco a ninguna mujer que me haya dicho en confianza “mira, voy a inventarme una denuncia”, la verdad. Hombres que afirman haber sido denunciados falsamente y que son bellísimas personas, eso sí, eso todos hemos oído.

 

Es más, creo que se trata de algo muy comprensible: una cosa es mentir para intentar ahorrar un dinero en la renovación del DNI o para conseguir un móvil nuevo, y otra muy distinta mentir para arruinarle la vida a una persona y enviarla a prisión. Es decir, que las cifras oficiales de denuncias falsas por robo de móvil sean mucho mayores que las relacionadas con la VM es del todo lógico.

 

Existe el mito que las mujeres en los divorcios se quedan con todo: con la casa, el coche, los hijos… y dejando sin nada a los hombres. Cuando la realidad es que son los propios hombres los que no quieren hacerse cargo de los hijos, quienes prefieren los fines de semana alternos.

 

Lo que de verdad pasa es que las mujeres no van a denunciar, no que vayan falsamente (más allá claro de algunos poquísimos casos aislados, los que ya recogen las cifras oficiales).

 

-Hablando con Yobana Carril sobre esta cuestión nos comentaba que en su opinión existe un pacto tácito en Fiscalía para no ser demasiado riguroso en la persecución de las denuncias falsas por miedo a desincentivar las reales. Si esto fuera así efectivamente, ¿lo verías adecuado?

 

Vamos a pensar que fuera cierto, de acuerdo. Supongamos entonces que las cifras oficiales no fueran acertadas, y que en realidad existieran… cien veces más denuncias falsas de las que actualmente se recogen. ¡Pues seguirían siendo un número ridículo! Y el problema real seguiría siendo la VM y todas las denuncias que nunca se realizan. 

 

Y vaya, no, yo apostaría por ser completamente transparentes para que no haya ningún rumor o duda al respecto. No tendría ningún problema en que se actuara con rigor contra las denuncias realmente falsas. 

 

-¿Cómo estimular entonces a las mujeres que no denuncian la violencia que sufran?

 

Creo que las campañas que actualmente se realizan deberían revisarse. La imagen de la mujer maltratada que se ofrece –mujer mayor de 50, ama de casa, con hijos, con un ojo morado- no representa a la gran mayoría de mujeres que sufren VM, con lo que no se reconocen como tales.

 

Además, son campañas culpabilizadoras que le dicen a la mujer “¿cómo es que no habías denunciado antes?” o “¿cómo sigues con él?… Siempre este tipo de mensajes rancios que no interpelan realmente a las mujeres. Similarmente, si las mujeres no pueden tener en la Justicia un lugar de protección, sino que van a volver a ser maltratadas; si saben que no tendrán un lugar donde ir, que no se les va a poner escolta policial… ¿cómo van a denunciar?

 

-Afirmas que solo es posible ser feminista si se es anticapitalista. ¿Por qué no podría existir una sociedad de libre mercado que fuera perfectamente igualitaria a nivel de género?

 

El ‘feminismo liberal’ es una contradicción. El capitalismo en su esencia tiene el antifeminismo, ya que este se basa en el clasismo, en la existencia de muchos pobres explotados por unos pocos ricos. El feminismo es anti-clasista, no así el liberalismo. 

 

-¿Pero el feminismo propone la igualdad de resultados? ¿La meritocracia es anti-feminista?

 

En la práctica esta meritocracia que dice defender el liberalismo se reduce a que los que nacen mejor posicionados acaben también mejor posicionados. El liberalismo originario sí que tenía un componente más bien humanista e ilustrado, enfocado en destruir privilegios de clase. Pero hoy el liberalismo es seguir perpetuando la desigualdad de género y de clase en base a decir que cada uno es libre de hacer lo que quiera cuando en realidad libres son unos pocos privilegiados. El liberalismo es hoy sinónimo de explotación, de fábricas de “sweat-shops” que se derrumban en Bangladesh matando a niños trabajadores.

 

Dicho de otro modo, el liberalismo ignora la desigualdades reales y hace creer que todo el mundo parte de la misma base; como si tan libre fuera el rico de explotar como el explotado de seguir siéndolo, cuando realmente uno tiene mil opciones y el otro ninguna. Esto no es libertad, es explotación, y el liberalismo no lucha contra la desigualdad, sino que la perpetúa y la fomenta. Cuando se hacen acuerdos entre grandes empresarios del primer mundo y un sweat-shop en Bangladés, no estamos hablando de dos partes igualadas, y precisamente por eso los explotadores van a Bangladés a externalizar y abaratar su mano de obra. Como consecuencia, pasan cosas como las del Rana Plaza. Esto no es meritocracia, esto es capitalismo salvaje.

 

-A modo de cierre, sobre el 8M. ¿Por qué apuestas por una huelga no mixta? [La entrevista fue realizada días antes del 8M]

 

Porque lo que necesitamos es visibilizar qué pasa cuando las mujeres paramos y no estamos. Si paran también los hombres se diluye el mensaje. Además creo que los hombres que desean apoyarnos deben quedarse en el trabajo para evitar el esquirolaje.

 

-Dos posibles objeciones: no lanzaría un mensaje más poderoso para los partidos políticos si el 8M, ¿en vez de movilizarse X personas, se movilizaran X+Y? Cuanta más gente se movilice en favor de una causa mejor, ¿no? Similarmente, ¿apostar por espacios solo para mujeres no contribuye a expandir la idea según la cual el feminismo es solo una cuestión de mujeres, una lucha ajena a los hombres, una guerra de sexos incluso?

 

Bueno, pero siempre cabe sumarse a la manifestación, que al final también es muy visible. Pero vaya, lo cierto es que no creo que se vaya a respetar demasiado esta demanda; los hombres con los que yo he hablado pretenden secundar también la huelga.

 

En relación a la segunda cuestión clarificaría que el feminismo tampoco debe pretender ser atractivo para los hombres; el feminismo debe ser un “escozor existencial” para los hombres ya que pretende deshacer o deconstruir la masculinidad actual.

 

En todo caso, el feminismo no debe ser amable, debe ser un limón sobre la llaga; el feminismo no debe pretender agradar a los hombres. Y es que solo así se ha conseguido estar en la agenda pública y que nuestras demandas se escuchen.

 

Se generará reacción sí, pero la reacción de genera de todas formas. Cualquier revolución progresista la ha tenido. También la tuvo las reivindicaciones de las sufragista, también la tuvo la lucha contra el Apartheid… 

 

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