Hijos discapacitados, ¿padres culpábles? Risto y Arcadi a examen

08/03/2019

Ryan Holloway @hollowaykryan

 

Ocurrió hace unas pocas semanas, aunque usted probablemente ya estará al tanto. El presentador Risto Mejide invitó a su programa al periodista Arcadi Espada y la cosa acabó como el rosario de la Aurora[i]. En un momento concreto, ambos entraron a discutir unos artículos de este último sobre los deberes de los padres de niños con deficiencias graves. La posición de Espada era polémica, desde luego: los padres, desde el momento en que las futuras deficiencias son detectadas, tienen el deber de no llevar adelante estos embarazos. El tono empleado, aún más. En un artículo de 2013, Espada sostenía que “[s]i alguien deja nacer a alguien enfermo, pudiéndolo haber evitado, ese alguien deberá someterse a la posibilidad, no solo de que el enfermo lo denuncie por su crimen, sino de que sea la propia sociedad, que habrá de sufragar el coste de los tratamientos, la que lo haga”, y atacaba a quienes alzan "la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos más inteligentes, más sanos y mejores. Por el contrario ellos tratan impunemente de imponernos su particular diseño eugenésico: hijos tontos, enfermos y peores.”[ii]

 

En un debate así, un lenguaje de este tipo constituye una frivolidad cuestionable, tanto desde un punto de vista moral como estratégico. Hasta cierto punto, la reacción hostil de Mejide estaría justificada. El problema está en que, tanto en el artículo como en el programa, Espada presentó argumentos a favor de su postura, que poco dependían de los excesos estilísticos que acabamos de criticar.  Principalmente son dos, que podríamos denominar, respectivamente, el argumento del daño evitable y el argumento del coste evitable. De acuerdo con el primero, si existe una probabilidad no desdeñable de traer al mundo a alguien con una anomalía grave que le impida tener una vida normal (donde esto se define según un estándar meramente estadístico – lo que es la norma entre sus iguales), tenemos el deber de evitar que esto ocurra. Según el segundo argumento, tenemos la obligación de evitar que nuestros conciudadanos tengan que pagar, a través de la sanidad pública, los costes derivados de desatender nuestro primer deber. Ambos argumentos son muy problemáticos. Sin embargo, Mejide decidió tirar por la vía del exhibicionismo moral: “¿Tú sabes la animalada que estás diciendo?”, le espetaba a un Espada que ya tenía la respuesta preparada: “Vale, discutámosla”. El programa terminaría finalmente con la expulsión (o abandono) del periodista, quien se fue del plató dejando al presentador sentado en el sofá. Pero, en realidad, ya hacía tiempo que la reflexión moral seria (y además, añadiría yo, incómoda) se había marchado.

 

Llegados a este punto alguien podría decir: ¿Por qué habría que discutir con Espada? ¿Es realmente necesario? La respuesta es, obviamente, no. No es necesario discutir con Espada, pero sí que es importante que discutamos los argumentos que él ha tenido éxito en trasladar al debate público. Entre otras cosas, porque estos argumentos ya hace años que están presentes en el debate académico[iii]. Espada es, en todo caso, un medio, pero hay que reconocerle su efectividad.

 

Antes de decir algo sobre los argumentos, cabe disipar una posible confusión: cuando Espada defiende la existencia de un deber de no traer al mundo niños con deficiencias severas, no está afirmando que se pueda obligar a los padres a abortar. Sólo que, moralmente hablando, eso es lo que deberían hacer. En filosofía moral, es muy común hablar de rights to do wrong[iv]. Es decir, de acciones que uno tiene el deber de no realizar, pero que sin embargo ningún tercero tiene el derecho a evitar por la fuerza. Esto se ve claramente en el caso de los derechos legales que protegen acciones moralmente reprobables. Por ejemplo, en el año 2002 una pareja estadounidense decidió que sus hijos debían nacer sordos, como ellas. Pese a que, desde un punto de vista legal, esto estaba permitido, muchos consideraron la decisión claramente inmoral. ¿En base a qué podían unos progenitores arrogarse el derecho a privar a sus hijos de un universo sensorial complejo? Pues bien, el argumento de Espada es, en cierto modo, análogo. ¿En base a qué pueden unos padres arrogarse el derecho a privar a sus hijos de todas aquellas experiencias que una deficiencia severa les arrebataría?

 

En realidad, parte del problema está en que Espada emplea un estándar bastante difícil de precisar. En este tipo de discusiones, hablar de normalidad es tan arriesgado como tratar de beber agua en una cesta de mimbre: al final, el líquido siempre acaba en el suelo. En algunas ocasiones, Espada identifica normalidad con aquello que nos hace humanos[v]. Pero esto es aún más confuso. Desde el momento en que los individuos deficientes son humanos, cualquiera de sus propiedades y atributos figurará en la lista de elementos que nos hace humanos. Pero tal vez hayamos ido demasiado rápido aquí. Quizás lo que nos hace humanos es la presencia de atributos suficientemente representativos desde un punto de vista estadístico. Como he argumentado en otra parte, creo que este criterio es moralmente irrelevante[vi]. Pero aun si lo fuera, no está claro por qué esto no debería llevarnos a la conclusión, mucho más radical, de que habría sido mejor para la inmensa mayoría de nosotros – incluso los que satisfacen el estándar - no haber nacido jamás. Pongamos un ejemplo. Dado que a la selección natural, aquello que nos pase después de llegar a la edad en que podemos reproducirnos le importa un bledo, la mayoría de nosotros sufriremos dolores, molestias y enfermedades a medida que envejecemos, lo que muestra que no hay necesariamente una correlación entre lo que es estadísticamente representativo (la norma) y lo que conduce a nuestro bienestar.

 

Esto presenta un dilema para el argumento de los daños evitables. Si, por un lado, lo que nos importa es satisfacer un estándar de normalidad estadística entre humanos, ¿cuál es el valor moral de este principio, dada su conexión meramente contingente con el bienestar de los individuos? Si, por el otro lado, lo que nos importa es evitar el sufrimiento, ¿por qué no deberíamos concluir, como de hecho algunos autores han defendido, que el deber de no tener hijos debería ampliarse a todo el mundo, y no sólo a quienes padecen deficiencias graves[vii]?

 

Otra dificultad con este argumento es que no es obvio en qué sentido traer al mundo a un niño con deficiencias supone un daño. Imaginemos que mi pareja y yo, en el tercer mes de embarazo, descubrimos que nuestro hijo padecerá una discapacidad determinada. Aplicando el criterio del daño evitable, decidimos abortar y esperar a un nuevo embarazo. Al cabo de un año, esto sucede, y esta vez las noticias son buenas: nuestro hijo nacerá perfectamente sano, sin rastro de deficiencia alguna. El problema, en este caso, es que al esperar no estamos beneficiando al hijo anterior (que jamás llegará a nacer), sino que simplemente estamos trayendo al mundo un hijo diferente. Esto es lo que en filosofía moral se denomina el problema de la no identidad[viii]. ¿Y qué relevancia tiene? De acuerdo con una concepción bastante extendida, dañamos a alguien cuando empeoramos su situación. Es por eso que no podemos dañar a alguien si mejoramos su vida ni es posible tampoco dañar a los hijos meramente posibles de la Reina de Inglaterra. En este último caso, porque no hay verdaderamente una “situación” que empeorar. Lo que resulta interesante es que en nuestro ejemplo sucede exactamente lo mismo: el primer niño jamás llegará a nacer y el segundo lo hará sin la deficiencia.

 

Una posible respuesta es que lo importante no es si la situación de alguien es peor de lo que podría haber sido, sino si su vida es tal que no merece ser vivida. Esto podría ser una estrategia viable. Pero tiene un inconveniente: dado que la mayoría de personas con deficiencias (al menos si con esta expresión tan deliberadamente nebulosa nos estamos refiriendo, por ejemplo, a quienes padecen síndrome de Down) no llegan a traspasar el umbral de las vidas que no merecen ser vividas, esta maniobra ofrece poco apoyo a quienes quieren mantener a flote el principio de los daños evitables y al mismo tiempo evitar sus ramificaciones antinatalistas.

 

El problema de la no identidad ha sido – y continúa siéndolo hoy en día - ampliamente debatido, por lo que difícilmente pueda mostrar que el argumento de Espada no es correcto. Lo que sí puede mostrar es que los presupuestos sobre los que se asienta son mucho más delicados de lo que en un principio podría parecer.

 

Nótese, y con esto nos aproximamos ya al final de nuestra discusión, que casi todo lo que hemos dicho hasta ahora puede aplicarse al segundo de los argumentos, el de los costes evitables. ¿Pues qué manera más eficiente podría haber de ahorrar costes económicos a nuestros conciudadanos que no teniendo hijos? Por supuesto, los niños crecen y trabajan, lo que genera riqueza y cubre (por lo menos en parte) dichos gastos. Pero esto no sería suficiente para salvar el argumento. Supongamos que un niño de dos años contrae una agresiva leucemia de la que es enormemente improbable que escape, pero cuyo sufrimiento sí es posible aliviar. Puesto que el niño morirá, el argumento de los beneficios futuros no se aplica. Y, sin embargo, difícilmente argumentaríamos que este hecho disminuye las razones que tenemos para hacernos cargo colectivamente de los costes de su tratamiento.[ix]

 

Sirva esto para mostrar que levantarse del sofá al primer signo de incomodidad moral tal vez no sea la mejor opción. Las preguntas difíciles son ofensivas para la imagen que tenemos de nosotros mismos, desde luego. Pero en muchos casos son también inescapables. Si creemos que una pareja debería abstenerse de traer un hijo sordo al mundo, y al mismo tiempo consideramos que este deber no afecta a la existencia de personas con deficiencias, tenemos que tener claro por qué. Necesitamos tener una respuesta a un hijo que nos diga: ¿Por qué permitisteis que naciera, si iba a padecer estos dolores? ¿O a perderme todas estas experiencias? ¿No había nada que pudierais hacer realmente? Cuando decidimos traer a alguien al mundo, creamos una vida. Y no hay lista de responsabilidades más estricta que la de un dios a pequeña escala[x].

 

 

 

[i] https://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro/2013/05/09/un-crimen-contra-la-humanidad.html.

[ii] https://www.youtube.com/watch?v=I_Hsx38M8rE.

[iii] Algunos ejemplos son DeGrazia, David. 2012. Creation Ethics: Reproduction, Genetics, and Quality of Life. Oxford: Oxford University Press; McMahan, Jeff. 2005. “Causing Disabled People to Exist and Causing People to Be Disabled”, Ethics 116(1): 77-99, o, por supuesto, el controvertidísimo libro de Peter Singer Practical Ethics (1979). Cambridge: Cambridge University Press.

[iv] Véase, por ejemplo, el texto clásico de Jeremy Waldron (1981), “A Right to Do Wrong”, publicado en Ethics 92(1): 21-39.

[v] Por ejemplo, https://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro/2013/05/14/un-crimen-contra-la-humanidad-iv.html.

[vi] https://www.revistalibertalia.com/single-post/2018/11/27/Los-derechos-III-Quien-puede-tenerlos?fbclid=IwAR1JHeuNZC-YBvb5hdLvOi6uRoi_KPY_oSgD5T6Ewl4u6SMWD4B8F0pKXwQ.

[vii] Probablemente el ejemplo más conocido sea el libro de David Benatar Better Never to Have Been (2012). Oxford: Oxford University Press.

[viii] El problema de la no identidad fue desarrollado, de forma independiente, por Derek Parfit en su libro de 1984 Reasons and Persons (Oxford: Clarendon Press) y por Gregory Kavka, en su artículo “The Paradox of Future Individuals” (1981), publicado en Philosophy & Public Affairs 11: 93-112.

[ix] Obviamente, uno puede negar que en general tengamos un deber de este tipo. Pero este argumento, además de ser notablemente implausible, no mostraría lo que el partidario del argumento de los costes evitables debe mostrar: que si el deber existe, su fuerza disminuye cuando los costes involucrados podrían haberse evitado (como ocurre con todo niño que nace) y los beneficios futuros son inexistentes (pues, lamentablemente, el niño morirá).

[x] Alguien podría decir que escribo de una manera tan calmada porque en el fondo no me juego nada en este debate. Pero esto no es realmente así. Desde pequeño, sufro una desviación muy severa en la columna que, aunque contenida por una operación a los dieciocho años, me sigue generando episodios de dolor. Puesto que me alejo bastante de la norma, es probable que pertenezca al grupo de personas cuyos padres, de haberlo detectado a tiempo, tendrían el deber, según Espada, de impedir que llegáramos a nacer. Un ejemplo adicional de la actitud que defiendo es el caso de Antonio Centeno, un activista tetrapléjico, que tras leer el post original en blog de Espada, decidió responderle haciéndole llegar por correo electrónico sus objeciones. El intercambio entre ambos puede encontrarse en el blog de Espada.

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter