Filosofía y Violencia de Género: charla con Ana de Miguel

Jim DiGritz @jimdigritz

 

 

Hoy charlamos con Ana de Miguel, profesora de filosofía en la URJC, para comentar las ideas sobre violencia de género expuestas en su obra “Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección (2015)”.

 

 

  • A principios del capítulo que dedicas a la violencia de género podemos leer: “La socialización en las normas y valores patriarcales es tan perfecta que ha generado grandes consensos y se ha solapado con un orden tan natural como libremente elegido: <<los hombres son más violentos que las mujeres>>, << la prostitución es imposible de erradicar>>, <<las mujeres no quieren ser independientes>>, exige una notable desintoxicación ideológica (251)”. ¿No o crees que hombres y mujeres tienen -por lo general- caracteres distintos en puntos importantes que podrían explicar -ni que sea parcialmente- diversos hechos? ¿Acaso son reducibles todas las diferencias generalmente existentes a nivel social a factores culturales?

 

Todas las diferencias seguramente no. Por ejemplo, una diferencia clara es que las mujeres tienen la capacidad de gestar bebés y los hombres no. Sin su participación no hay reproducción pero las capacidades son distintas. Pero respecto al tema concreto de los comportamientos lo que está claro es que las ciencias sociales y la filosofía se centran en estudiar los que son producto de la cultura y no de la biología. Y lo que han ido descubriendo es que la mayor parte de las cosas que se consideran asociados a la naturaleza (es decir, inalterables) lo eran a la sociedad.

 

El ejemplo más impactante tal vez sea el del “instinto maternal” de las mujeres ¿Dónde está ahora ese instinto en tantas mujeres en Europa que no están teniendo hijos? De los instintos no puedes “pasar”. Si no comes, bebes, te resguardas del frio y duermes te mueres. Si no cuidas a los bebés se mueren.

 

Respecto a la violencia: muchos hombres no son violentos y eso que son socializados en cierta correlación varón-varón=capaz de pegarse, de recurrir a la violencia en un momento dado.

 

De nosotras las mujeres se ha dicho que por naturaleza: no nos gustaba leer, la política, viajar, no nos gustaba el deporte. Pues bien, las mujeres, en todas las culturas, en cuanto pueden tomar decisiones deciden controlar su capacidad reproductora, y la de muchos hombres dejar las armas para leer, pintar, darse a pensar. Similarmente, ¿cuántos hombres no soportan el boxeo, la caza, han sido insumisos a las guerras, al servicio militar obligatorio? Otra experiencia sencilla para explicar hasta dónde llega lo biológico y hasta dónde lo condicionado: los chicos jóvenes escupen en la calle, bastantes. Las chicas no. ¿Es por naturaleza? ¿Tienen ellos problemas de salivación o de garganta? ¿A los 16 años? No lo creo.

 

 

 

  • Después de un breve repaso histórico al respecto afirmas que “observamos que desde todos los lados del abanico ideológico ha estado y está justificada la violencia [hacia la mujer]”. ¿Podrías desarrollar algo más las formas en que, a tu parecer, se desarrolla es legitimación hoy en día?

 

Hoy en día, recuperando lo de los escupitajos de antes, te puedo decir que en el fútbol, entre otros deportes, se manda el mensaje de que cierta violencia está legitimada para ir minando al contrario. Esto lo interiorizan los niños varones muy bien. ¿Y los insultos? Escuchar a los señores de todas las edades  insultar al árbitro a grito pelado los domingos no parece el mejor ambiente educativo.

 

Esto por no hablar de la pornografía donde “el sexo” está legitimando la violencia bajo el pretexto de “a ella le gusta”. Sí, claro, a ella le gusta que le golpeen, amordacen, insulten etc. Nos están tomando el pelo, y mucho. Sucede, sin embargo, que actualmente si se habla del sexo de forma crítica entonces “¡a callar chicas no vais a ser unas puritanas de estas que nos quieren poner límites”. 

 

 

 

  • ¿Te alinearías entonces con el movimiento anti-pornografía y abogarías por restringir o prohibir determinado tipo de pornografía al entender que su consumo contribuye a la violencia contra las mujeres?

 

La verdad es que es justo lo que expuse cuando me llamaron para hablar ante la subcomisión para el pacto de Estado. En concreto lo que solicité es que se encuentre la manera de que la pornografía no sea de libre disposición. No seamos tan ingenuos: ¿por qué se están dando gratis los contenidos que se están dando?

 

Para hablar de pornografía en internet hay que verla; estoy dirigiendo una tesis que utilizo en la asignatura violencia de género que imparto en 4 de criminología y hasta los estudiantes más duros se revuelven con las imágenes. La última moda consiste en simular el asesinato de mujeres, su violación, o la profanación sexual de su cadáver.  Se dirá “es solo una fantasía”. Pues bien, esta “fantasía” está al alcance de cualquier crío de 11 años.

 

La pornografía y  el sexo es hoy la coartada para hacer lo que no podemos hacer si no hay sexo por el medio. El sexo todo lo bendice. Y si decides tener una mirada crítica eres una virgen furiosa, qué vida ésta.   

 

 

 

  • Concluyes el apartado dedicado a las investigaciones de S. Brownmiller diciendo: “Y la opinión pública, compuesta también por mujeres, tradicionalmente ha trivializado la agresión y dudado de la falta real de consentimiento (262)” ¿Qué actitud consideras hay que adoptar ante quien alega ser fruto de un crimen sexual?

 

La actitud ante quien denuncia un crimen sexual debe ser la misma que ante cualquier otro delito: lo primero escuchar. Lo segundo pensar que quien denuncia no tiene a priori ninguna razón para no decir la verdad. Si vas a denunciar que te han robado el bolso nadie lo duda. ¿Y a denunciar una violación si? Pero ¿cómo es esto posible?  Es el único tipo de denuncia en que se hace sentir culpable y avergonzada a la víctima.

 

¿Cómo es posible que la sociedad entera haya condenado a chicas y mujeres de todas las edades haciéndoles una y otra vez la misma pregunta: ¿seguro que no consintió usted? ¿Cómo puede traducirse esto? ¿Tal vez como sigue: “oye mujer  desvergonzada y caradura, cómo te atreves a denunciar a un varón por haber hecho lo que ha creído que estaba legitimado para hacer desde tiempos inmemoriales?" Y sí, la opinión pública ha preferido cerrar los ojos ante esta injusticia. Sólo el movimiento feminista luchó para que la violación dejara de ser un delito privado.

 

 

 

 

Lo que creo es que hay es que dar la misma credibilidad a las víctimas de violencia de género que a las otras.

Acaba de hacerse pública una grabación de un juez escuchando la declaración de una mujer sobre la violencia que sufría. Al salir de la sala comienza a insultarla con una virulencia… se llama misoginia. Y una compañera le refuerza. La misoginia también afecta a las mujeres, entre las que muchas sostienen que “somos peores, más retorcidas”. Hasta a mí me lo han dicho con supuesta complicidad femenina, “somos peores”. He tenido que responder con sencillez: “no, lo siento, si tú ves así a tu hija y a tu madre lo siento; mi hija es una buena persona y su madre también.” Cuando la gente piensa “¿las mujeres son…?” ¿Qué imagen se les viene a la cabeza? ¿La señorita que tuvieron en parvulitos? ¿La mujer que nos cuidó con más o menos dedicación y paciencia? Pues no, parece que se les aparece una especie de serpiente babosa y silbeante… la Gorgona insomne, Dalila rapando a Sansón mientras duerme, en fin. Es de locos.

 

¿Por qué tantas personas no pueden aceptar que una mujer se levante y haga público lo que está sucediendo de puertas adentro? La sociedad  tiene que interiorizar que las mujeres son personas, por mucho que hayan leído en Rousseau diciendo que las mujeres están para que sus vidas sean “fáciles y agradables” o a Nietzsche afirmando que son “el juguete más peligroso”.

 

 

 

  • Hablando sobre derecho penal te posicionas en favor de ampliar y endurecer los tipos penales y exigir una contundente y severa aplicación de la ley (265). ¿Qué tipos penales ampliaría y cuáles endurecería?

 

He de decir que eso habría que verlo en concreto en una mesa conjunta con penalistas, psicólogos, funcionarios de prisiones. La filosofía no sabe tanto de la aplicación de las leyes, lo que sí sabe es reflexionar sobre el papel de las creencias y las ideas que tenemos a la hora de tolerar unas conductas o no. Y sabemos que el derecho penal influye mucho a la hora de cambiar comportamientos. Porque hay personas que se lo toleran todo. Luego se arrepienten, pero el daño que hacen es inmenso. Pegar a una persona que vive contigo sabiendo que tú eres más fuerte, tienes más recursos... Pegar a quien tiene menos fuerza que tú. Pegar a quien no sabe o no puede o no quiere defenderse porque tiene miedo de que eso traiga consigo consecuencias peores para otras personas. Es repugnante. Si el mal existe, y no es sólo la ausencia de bien, esta es una de las caras del mal. Todos nos podemos controlar. Yo la primera. Si tengo la prepotencia de abusar de mi poder personal sobre alguien la ley tiene que actuar.

 

Ha habido un debate durante años, sobre si el derecho penal debía tener una función de ejemplaridad o no, pero al final yo creo que es muy razonable la idea de penar la violencia contra las personas que tenemos a nuestro lado. Al igual que hay penas para quien no paga impuestos o conduce borracha, ¿no? La pena es un límite a tu libertad que te ofrece la posibilidad de reparar algo de alguna manera y es un ejemplo para tomarse en serio como comunidad humana lo grave que es conducir sin reflejos.

 

 

 

  • A la pregunta, ¿qué explica el maltrato? Respondes: “el único rasgo común a los maltratadores es el alto nivel de misoginia. Las personas que consideran a sus cónyuges o parejas como iguales, por muchas discusiones, conflictos y desamores que vivan, no utilizarán la violencia contra ellas (270)”. ¿Es toda la violencia del hombre hacia su pareja (o ex pareja) violencia de género?

 

Un hombre puede matar a su esposa, su madre o su hermana para quedarse con su dinero, con su herencia y eso no es violencia de género. No las mata por ser mujeres sino porque se interponen en su camino, en este caso hacia el dinero. La violencia de género no es exactamente instrumental en este sentido anterior. Algo sí porque busca controlar el comportamiento de la otra persona a través del temor. Pero es una violencia que hunde sus raíces -muy profundas- es una idea determinada sobre cómo deben relacionarse hombres y mujeres.

 

 

 

  • Qué opinión te merece la actual asimetría penal entre hombres y mujeres en determinados delitos. ¿Estás de acuerdo en que, por sí mismo, el sexo del agresor en relación al de la víctima pueda afectar a la pena a recibir?

 

Creo que es necesario dadas las cifras de violencia contra las mujeres en todo el planeta. Ahora bien, creo que en este tema, como en todos, solo el conocimiento de las causas y cifras de esa violencia nos permiten comprender la necesidad de este recurso al derecho penal. Las cifras son sangrantes.

 

Una sola pregunta al respecto ¿por qué tienen que convivir las mujeres de todo el mundo con el miedo al abuso y las agresiones sexuales? Hay un artículo breve de Ayaan Hirsi Ali que se tituló en su día “Un genocidio contra las mujeres”, es de 2006, lo recomiendo entre otros para ver de qué estamos hablando.

 

 

 

  • Para clarificar: ¿entonces consideras que la actual asimetría es acertada dado el alto número de mujeres que sufren violencia a manos de sus parejas masculinas? Si es así, ¿estarías dispuesta a universalizar este mismo principio más allá del tema violencia de género?

 

Yo la asimetría la veo cuando las mujeres no pueden andar sin miedo por las noches, cuando les extirpan el clítoris, cuando heredan la mitad por ser mujeres etc.  Para responder diré que estoy totalmente a favor de una ley que mande este mensaje: “sabemos que pegar a la esposa ha sido una conducta tolerada, ahora no lo es más”.

 

Este principio creo que ya está universalizado en más casos, por ejemplo con los agravantes. Una persona reincidente es castigada con una pena mayor por el mismo delito que otra que no lo es. También hay la ley manda este mensaje “comprendemos que una vez te hayas equivocado, pero no vamos a ser tolerantes con una segunda vez”.

 

Lo que creo es que la sociedad tiene que garantizar a las mujeres una vida sin miedo, el camino para hacerlo lo decidimos entre todos. Pero para elegirlo hay que conocer lo mejor posible el por qué y cómo de esa violencia.

 

 

 

  • Concluyes el capítulo diciendo que, en contra de lo que podría parecer, la violencia de género no está más presente en España que en otros países. Solo que aquí “nos estamos tomando la violencia en serio”. (271) ¿En qué ha consistido exactamente ese “tomarse las cosas en serio”?

 

La prueba de que nos estamos tomando la violencia contra las mujeres en serio está en parte en esta misma entrevista. Ya no consideramos que sea un “problema de mujeres” sino de la comunidad humana, de toda la sociedad. Cada vez son más los hombres, los chicos jóvenes que quieren comprender las causas de esta violencia y acabar con ella. Es impactante ver tantos jóvenes en las manifestaciones del 25 N y en las de casos como el de la manada.

 

 

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