Voces sobre la renta básica (II): ¿Está justificada?

28/02/2019

 

La idea de una renta básica universal despierta esperanzas y recelos. En este artículo, algunos de sus defensores nos explicarán cuál es, a su juicio, la mejor manera de justificarla. A todos ellos les agradecemos sus respuestas, que aparecen traducidas en este artículo. Sin embargo, para hacer la discusión más interesante, también les pedimos que respondieran a una de las objeciones más comunes a la propuesta: la objeción del aprovechamiento (free-riding). ¿En qué consiste esta objeción? Bien sencillo. A diferencia de otro tipo de ayudas económicas, la renta básica es incondicional, lo que implica que uno puede recibirla independientemente de su condición socio-económica. Y, más importante aún, independientemente del grado en que uno contribuya económicamente a la sociedad de la que recibe la ayuda.

 

Para algunos, esto es tremendamente injusto. Para que una renta básica sea viable, debe existir un número de individuos que contribuyan suficientemente a engrosar las arcas públicas. Pero, en la medida en que este esquema esté en marcha y funcione correctamente, si un individuo cualquiera decide no contribuir de ninguna forma, no hay nada que hacer: dado el carácter incondicional de la ayuda, este seguiría teniendo el mismo derecho que los demás a disfrutar de ella. Supongamos – y este es el ejemplo clásico – que decido dedicarme en cuerpo y alma a vivir la vida, surfeando en las playas de Malibú, tocando la guitarra a la luz de la luna, recorriendo autopistas infinitas al volante de una furgoneta. Suena genial, ¿no? Pues bien, desde el momento en que, para que yo pueda vivir esta vida tan placentera, otros van a tener que trabajar, esto podría suponer una injusticia, un caso claro de aprovechamiento. ¿Es realmente así?[i]

 

Antes de ver posibles respuestas, en esta sección veremos, en primer lugar, de qué manera podríamos justificar una renta básica universal.

 

Para Hillel Steiner[ii], “la mejor manera de defender el derecho a la renta básica universal implica una doble estrategia: en primer lugar, mostrar que el derecho se sigue de un principio más básico e incontrovertido, y en segundo lugar, mostrar que el derecho en cuestión es compatible con otros derechos que también gozan de una amplia aceptación”. Steiner, que es un libertario de izquierdas, considera que la Tierra es, originariamente, propiedad de todos. Si alguien quiere adueñarse de una parte, deberá pagar una compensación al resto de propietarios[iii]. De lo contrario, se estaría adueñando ilegítimamente de algo que no le corresponde. O lo que viene a ser lo mismo, estaría cometiendo un robo. Este énfasis de Steiner en los recursos naturales condiciona tanto el modelo de renta básica como la justificación que ofrece de la misma:

 

"Bajo mi punto de vista, el derecho a la renta básica universal debería financiarse mediante un impuesto del 100% sobre la propiedad de los recursos naturales, lo que usualmente se conoce como “Impuesto sobre Bienes Inmuebles” o, tal vez más acertadamente, “Impuesto sobre el Valor de los Terrenos”. Un impuesto de este tipo se impondría sobre el valor de los terrenos, y no sobre el valor de cualquiera mejora fruto del trabajo humano. Un derecho a la renta básica universal sufragado de este modo cumpliría la primera de las condiciones anteriormente mencionadas, puesto que estos recursos naturales/terrenos, al no ser fruto del trabajo de nadie, estarían en principio disponibles para cualquiera que quisiera usarlos. En consecuencia, si alguien quisiera privatizar una parte de estos terrenos, el único modo en que esto podría hacerse de manera justa es mediante una compensación a aquellos que quedaran excluidos. La renta básica universal, tal y como yo la entiendo, es simplemente esa compensación."

 

Esta es una forma bastante común de defender el derecho a la renta básica, empleada también por Guy Standing[iv], autor de La renta básica: un derecho para todos y para siempre[v]. De acuerdo con Standing “[e]l derecho a la renta básica se puede justificar en base a tres consideraciones éticas. En primer lugar, hay una cuestión relativa a aquello a lo que tenemos derecho colectivamente. La tierra, el aire, el agua, o incluso las ideas que heredamos de nuestros ancestros son todos parte de un bien comunal que nos pertenece en igual medida. Pero las élites y los ricos han obtenido, heredado o utilizado estos bienes para su propio beneficio. Por lo tanto, deberían compensar a todos aquellos que han perdido parte de lo que legítimamente les pertenece, y la manera más justa de hacer esto es ofrecer a todos un pago común, un “dividendo común” sobre nuestra riqueza colectiva”.

 

De nuevo, la renta básica es presentada como una forma de compensar al resto de la humanidad por habérsele privado de lo que es, en esencia, un bien público. Sin embargo, como hemos visto, Standing cree que existen razones adicionales a favor de un derecho a la renta básica. “[U]na segunda razón”, defiende, es que “incrementaría la libertad de los individuos, así como la de la sociedad en general. En particular, se fortalecería su libertad en sentido republicano – esto es, la libertad entendida como dominación ejercida por individuos en posiciones de poder a los que, sin embargo, no podemos exigir cuentas. Tanto si somos de izquierdas como de derechas, todos (o al menos la mayoría de nosotros) afirmamos creer en la libertad. Pero tú no puedes ser realmente libre si careces de la libertad para decir “no” a quienes pueden oprimirte o explotarte. Si no tienes una seguridad económica básica, no posees dicha capacidad”.

 

Este argumento es ligeramente diferente al anterior. De nuevo, el derecho a la renta básica se apoya en la existencia de una injusticia. Pero, en este caso, la injusticia no involucra la apropiación ilegítima de una propiedad común, sino una estructura de dominación bajo la cual los individuos no pueden considerarse plenamente autónomos (o, como mínimo, suficientemente independientes como para que podamos decir que son realmente libres). De acuerdo con este argumento, la justicia exige que nadie tenga que verse sometido a la voluntad arbitraria de otro, y esto sólo se lograría mediante un derecho a la renta básica[vi].

 

El filósofo político Karl Widerquist[vii], autor de varios libros y artículos sobre la renta básica[viii], ha defendido una postura parecida. A su juicio, es importante tener en cuenta que

 

“[N]adie puede interponerse entre otra persona y los recursos que ésta necesita para sobrevivir. Nadie puede establecer condiciones para que otros puedan acceder a los recursos que necesitan para sobrevivir. No ignoremos este hecho: la pobreza consiste en la falta de acceso a los recursos necesarios para disfrutar de una vida decente.  Una persona sana con las habilidades adecuadas y acceso a un entorno sano puede hacer muchas cosas que serían imposibles para una persona pobre en la sociedad actual. Puede construir su propia casa; pescar, cultivar o cazar su propia comida; puede trabajar con quien le apetezca. No necesitan un trabajo ni tienen jamás la necesidad de seguir órdenes.

 

Nuestras sociedades generan pobreza cuando interfieren con quienes querrían hacer uso de los recursos de la Tierra. Lo hacemos porque los que se encuentran en una situación privilegiada quieren controlar todos los recursos del planeta. Al permitir que un pequeño grupo controle dichos recursos sin compensar a quienes dejan sin propiedad, colocamos a la mayoría de gente en una situación en la que “trabajar” se convierte en sinónimo de “tener un trabajo”. Ganarse la vida implica recibir órdenes. Esto no es un hecho natural sino el producto de una serie de reglas sociales. Deberíamos cambiar esas reglas.

 

La renta básica universal rectifica este problema. Lo que viene a decir es que si vas a tener más recursos que otros, entonces vas a tener que pagarles algún tipo de compensación para que nadie tenga que verse forzado de nuevo a vivir en condiciones de pobreza ni se encuentre en una posición en la que sea necesario obedecer órdenes si lo que se quiere es sobrevivir.

 

La renta básica universal no implica acabar con el mercado ni tampoco con el trabajo remunerado, sino simplemente garantizar un mercado en el que los ingresos no empiezan de cero, y en el que los trabajadores reducen su vulnerabilidad frente a la amenaza de una vida en la miseria. A través de una renta básica universal, los trabajadores pueden acceder al mercado de trabajo como individuos libres. Los empleados se ven obligados a pagarles suficiente como para que estos consideren que la oferta vale la pena. Una renta básica universal garantizaría, en definitiva, una economía con salarios altos a nuestro servicio".

 

En esta línea se ha pronunciado también la filósofa Elizabeth Anderson[ix], quien, no obstante, considera que la renta básica podría no ser la mejor opción. Ahora bien, asumiendo que así si lo fuera, el mejor argumento a su favor sería el siguiente:

 

"La automatización, así como diversos cambios en la naturaleza del empleo, están llevando a la desaparición de los trabajos estables y al surgimiento de una clase precarizada, cuyos miembros son incapaces de ganarse la vida por sí mismos a través de un empleo fijo. La renta básica universal es un requisito para garantizar la seguridad y las bases para una vida decente de un número cada vez mayor de personas en el mundo. La renta básica debería ser universal para así poder asegurar su estabilidad política y evitar los costes que comportaría, por un lado, tener que evaluar individualmente si alguien dispone de los medios económicos suficientes. También se reduciría, por otra parte, la necesidad de indagar de forma intrusiva en la vida de la gente."

 

Entre otras cosas, Anderson es conocida por su defensa del llamado “igualitarismo relacional”[x], una postura según la cual los teóricos de la justicia deberían fijarse algo menos en cómo se distribuyen los recursos y más en cómo son las relaciones entre los diferentes miembros de un sociedad (lo que, por supuesto, tiene implicaciones sobre lo anterior). Es decir, que lo importante no es tanto quién recibe qué recursos, sino cómo nos tratamos los unos a los otros – para los igualitaristas relaciones la respuesta es obvia: como iguales; esto es, sin distinciones de estatus social ni asimetrías de poder.

 

Antes de finalizar este artículo, veamos una posible justificación adicional de la renta básica. Hasta ahora, los argumentos se han basado (i) en la compensación por una apropiación ilegítima de un bien común, y (ii) en la necesidad de garantizar que los individuos gocen de un independencia mínima, en el sentido de que no se vean obligados a aceptar opciones que consideran terribles simplemente porque la alternativa sea morirse de hambre. Un tercer argumento enfatizaría (iii) las consecuencias positivas de implementar una ayuda de este calibre. Esta es, de hecho, el tercer argumento de Guy Standing:

 

"La tercera razón ética para querer una renta básica es que esta tendería a garantizar una seguridad básica, lo que en principio diríamos que constituye un bien público. Todos queremos una cierta seguridad mínima en nuestras vidas, y esta es un bien público superior en tanto en cuanto, si todos los miembros de nuestra comunidad la tienen, esto hace aumentar su valor para todo el mundo. Se ha demostrado que la seguridad básica incrementa la tolerancia, la resiliencia, el altruismo, la saludad mental y el coeficiente intelectual."

 

En este caso, el argumento es de tipo instrumentalista: una razón para implementar una renta básica es que generaría beneficios diversos – por ejemplo, una mayor seguridad.

 

Hasta aquí van algunas posibles justificaciones de un derecho a la renta básica. Pero, ¿y qué pasa con los surfistas de Malibú? ¿No es injusto que ellos puedan vivir una vida tranquila y placentera mientras yo tengo que partirme el espinazo en mi lugar de trabajo?

 

Para Steiner, la respuesta es no, dado “que  todo el mundo – sea perezoso o laborioso – tiene derecho a dicha compensación”. Recordemos que, según dicho autor, la renta básica no es un subsidio ordinario, sino la compensación que tendrían que pagar aquellos que se apropian de algo que legítimamente nos pertenece a todos por igual - seamos surfistas o no -: esto es, la totalidad de la Tierra.

 

Widerquist, en su respuesta, nos invita a cuestionarnos los juicios de valor y las asunciones que la objeción presupone:

 

"Lo que hace que un mayor número de gente vea la renta básica con cierta reticencia es la creencia en que es la gente exitosa tiene el deber y la responsabilidad de decirle a la menos afortunada lo que debe hacer. Nosotros, los ricos, queremos creer que somos mejores que ellos. Queremos creer que es nuestra virtud - en lugar de un sistema lejos de la perfección - lo que explica por qué hay otros que están por debajo de nosotros. Nos gusta pensar que sabemos lo que los menos afortunados deben hacer para dejar de serlo - pese a que la mayoría de nosotros no tiene ni la más remota idea de lo que significa crecer en la pobreza ni lo diferentes que pueden ser las circunstancias de cada uno.

 

Estas creencias no sólo carecen de justificación, sino que además no benefician a las clases medias. En la medida en que queramos poner a los muy pobres en una posición en que tienen que hacer lo que los más adinerados desean, colocamos a la mayoría de la población bajo la obligación de hacer aquello que los más afortunados - una minoría - quieren. Probablemente más del 90% de los habitantes de cualquier país no tienen otra elección que buscarse un trabajo para poder ganarse la vida. La mayoría de nosotros - y esto incluye a algunos relativamente ricos - carecemos de la libertad de trabajar para nosotros mismos. Por lo tanto, necesitamos encontrar a alguien que nos contrate - muchos de ellos representantes de corporaciones muy poderosas -, buscar un trabajo, y recibir órdenes todo el día. Esto no parece un ejemplo ni de libertad ni de equidad.

 

La renta básica universal incrementaría notablemente el poder de negociación de las clases medias. En la mayoría de países, los miembros de estas clases no han experimentado una mejora significativa en sus vidas durante los últimos 40 años. Casi la totalidad de los beneficios de los últimos 40 años de crecimiento económico han ido a parar al 1% más rico. Una renta básica universal permitiría al 99% restante reclamar las mejoras salariales y las reducciones en el horario de trabajo que se ha ganado."

 

Otra posible manera de contestar a la objeción del aprovechamiento supone poner en duda su relevancia. ¿Por qué deberíamos preocuparnos tanto por algo cuya probabilidad es bastante remota? Una respuesta de este tipo es la que da Guy Standing:

 

"La condición humana normal implica querer trabajar, mejorarnos a nosotros mismos, nuestras condiciones de vida, las condiciones de vida de nuestros hijos, etcétera. Yo sentiría pena por alguien que no quisiera trabajar simplemente porque disfruta de una modesta renta básica. Pero, por supuesto, esto no es lo que ocurre, o lo que es previsible que ocurra con la mayoría de la gente. Nuestros experimentos pilotos [xi] nos han mostrado que los beneficiaros de una renta básica trabajan más y son más productivos, y no al contrario."

 

Sin embargo, para Standing la cosa no acaba aquí. Incluso si el problema fuese tan acuciante como la objeción supone, las consecuencias positivas que la renta básica tendría para todos nosotros serían lo suficientemente elevadas como para contrarrestar sus potenciales defectos o injusticias. A su juicio, una renta básica “nos incentivaría a muchos de nosotros a pasar más tiempo trabajando más allá de nuestros empleos, ya sea cuidando a nuestros mayores enfermos, a niños, o ayudando a nuestra comunidad. ¡Muchos de nosotros envejeceremos deseando que hubiéramos podido hacer un mayor trabajo de este tipo, en comparación con el que nos hemos visto obligados a realizar”.

 

Finalmente, uno podría aceptar el núcleo de la objeción - a saber, que la justicia exige un cierto grado de reciprocidad - y al mismo tiempo cuestionar que las contribuciones deban medirse exclusivamente en función de su valor económico. En palabras de Elizabeth Anderson, “[t]odo el mundo debería contribuir a la sociedad. Pero no todas las contribuciones positivas tienen por qué provenir de los salarios pagados en el mercado. Una parte importante del trabajo de las mujeres que cuidan a niños o a mayores dependientes no está remunerado, pese a ser un trabajo socialmente necesario. Del mismo modo, las actividades sin ánimo de lucro suponen, en muchos casos, una diferencia para quienes se benefician, pero no están pagadas. La mayoría de la gente quiere contribuir positivamente y lo hará de un modo u otro. La sociedad debería incrementar las oportunidades de que disponemos para hacer dichas contribuciones, sin suponer que estas sólo son válidas si de algún modo han sido refrendadas por el mercado”.

 

Es decir, que el surfista californiano no tiene por qué estar necesariamente aprovechándose de nosotros. Pese a que sus contribuciones económicas bordean lo inexistente, esto no implica que no puedan contribuir de ninguna otra manera o que sean incapaces de aportarnos cosas valiosas. Supongamos que descubrimos que ningún miembro de los Rolling Stones ha pagado un dólar en impuestos desde que la banda saltó a la fama. ¿Significaría esto que no han contribuido a la sociedad tanto como tal vez deberían? Posiblemente. ¿Implicaría también que no han contribuido absolutamente nada? Esto parecería más difícil de sostener. Para muchos, haber disfrutado de sus canciones, de sus conciertos, de haber aprendido a tocar la guitarra imitando a Keith Richards o a Ron Wood, constituyen experiencias valiosas que difícilmente se desvanecerían sin más.

 

¿Son estos argumentos convincentes? ¿Responden adecuadamente a la objeción del aprovechamiento? ¿Logran justificar realmente la renta básica? Eso tendrá que decidirlo usted.

[i] En un célebre artículo de 1988, el filósofo político John Rawls afirmaba que “aquellos que se pasan el día surfeando en Malibú deberán encontrar una manera de sufragar sus gustos, y no tendrían derecho a recibir dinero público” (en “The Priority of Right and Ideas of the Good” (1988), publicado en Philosophy & Public Affairs  17(4): 257, n. 7. Esta afirmación obtuvo una no menos célebre respuesta de Philippe van Parijs (“Why Surfers Should be Fed: The Liberal Case for an Unconditional Basic Income” (1991) , en Philosophy & Public Affairs 20(2): 101-131.Vol. 20, No. 2 (Spring, 1991), pp. 101-131 (31 pages

[ii] https://www.manchester.ac.uk/research/hillel.steiner/.

[iii] Véase, por ejemplo, su artículo “Left Libertarianism and the Ownership of Natural Resources” (2009), Public Reason 1(1): 1-8.

[iv] https://www.guystanding.com/.

[v] https://www.marcialpons.es/libros/la-renta-basica/9788494769474/.

[vi] Recordemos que un argumento parecido había sido defendido por el filósofo Matt Zwolinski en el artículo anterior a este: https://www.revistalibertalia.com/single-post/2019/02/09/Voces-sobre-la-renta-basica-I-La-renta-basica-y-el-libertarismo.

[vii] https://www.qatar.georgetown.edu/profile/karl-widerquist.

[viii]https://www.amazon.com/Independence-Propertylessness-Basic-Income-Exploring/dp/1137274727.

[ix] http://www-personal.umich.edu/~eandersn/.

[x] Su artículo más célebre sobre el tema es, sin duda, “What is the Point of Equality?” (1999), Ethics  109(2): 287-337.

[xi] Véase el capítulo 8 del libro aneriormente citado (n. v)

  

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