En contra de la renta básica: Charla con Juan Ramón Rallo

 

 

Hoy charlamos con Juan Ramón Rallo, una de las voces liberales más destacadas de España, y un conocido crítico de la Renta Básica.

 

  • En casi todas las sociedades existe un % no marginal de gente pobre. La RB se plantea como una solución a las necesidades de estas personas. ¿Por qué es una mala solución? ¿Podría existir una solución mejor?

 

No creo que la RB se plantee como una respuesta a este subconjunto de la población, ya que precisamente se plantea como algo universal e incondicional. Creo que efectivamente hace falta plantearse qué soluciones pueden darse a las personas en situación de exclusión social. Pero la RB es una propuesta filosófica, política y económica que va mucho más allá que atender esas necesidades.

 

 

  • Sí, es cierto que la RB también se plantea por razones que van más allá de la lucha contra la pobreza. No obstante, la defensa más habitual sí que acostumbra a plantearse en estos términos. Se destaca que con subsidios de tipo condicionado se generan grandes costes administrativos y trampas de pobreza.

 

El argumento de los costes administrativos no es demasiado válido. Al fin y al cabo la RB tiene un coste altísimo, de entorno al 18% del PIB. Luego decir que los costes administrativos de las ayudas condicionadas son de semejante magnitud no tiene demasiado sentido. Una renta mínima de inserción de cantidades similares o incluso superiores solo costaría entorno al 2% del PIB. Es absurdo pensar que los costes administrativos serían del 15% del PIB.

 

De hecho, ya tenemos costes administrativos en muchos otros ámbitos. ¿Acaso se paga el subsidio de desempleo a empleados y desempleados? No, porque, evidentemente, se pretende restringir a un colectivo determinado. Es decir, los costes administrativos son el precio que debes pagar para no disparar el gasto.

 

 

  • ¿Cuál es entonces la fórmula que como libertario plantearías para acabar con la pobreza de forma eficaz?

 

Distinguiría varios niveles. En primer lugar combatiría la pobreza a través del libre mercado: en el sistema actual en que se impide que mucha gente no encuentre trabajo –salarios mínimos, contratos indefinidos, derechos de propiedad intelectual, energía estatalmente encarecida etc.- es absurdo plantearse las ayudas públicas. En particular en España, con un mercado laboral tan disfuncional.

 

Hablaría también de un segundo nivel de “responsabilidad personal”: ahorro y seguros. Todas las personas a lo largo de nuestra vida podemos atravesar momentos difíciles, que nos quedemos sin ingresos o desempleados. Pero en la medida en que tengamos ahorros y seguros podremos capearlo de mejor manera. Igualmente, destacaría la eficaz “ayuda mutua comunitaria”, muy activa en el s. XIX y a principios del s. XX pero que ha sido desmantelada por el Estado del Bienestar. 

 

Y en tercer lugar, y si los niveles anteriores no funcionaran, sí que plantearía un sistema de rentas mínimas de inserción muy acotado a personas que no dispongan del ahorro o los seguros mencionados y que estén haciendo esfuerzos para reducir su dependencia de estas ayudas.

 

En definitiva, acabar con la pobreza políticamente inducida, fomentar el ahorro y los seguros privados, y finalmente, por si todo esto fallara, ayudas muy controladas.

 

 

  • ¿Qué respondes entonces a la objeción más habitual a los subsidios condicionados: las trampas de la pobreza?

 

Los subsidios condicionados generan trampas de la pobreza pero solo si no están adecuadamente diseñados y controlados. La gente no tiene por qué tener un incentivo de tratar de escapar de esa situación de dependencia, pero se trata precisamente de hacer un seguimiento adecuado de las personas que se encuentran en esa situación y verificar si no están trabajando porque realmente no tienen oportunidad o porque no quieren. Y en ese caso sujetar la ayuda a esa condición.

 

Es decir, siempre va haber problemas de este tipo, pero como en cualquier otro ámbito social en que el seguimiento no puede ser perfecto. No obstante, la solución no puede pasar por extenderlo de forma universal.

 

 

  • Serías favorable a una RB como sustitución del actual Estado del Bienestar (tal y como han propuesto algunos clásicos del libertarianismo)?

 

Si tuviéramos dos escenarios alternativos y se pudiera elegir entre ellos, uno en que el Estado no se encarga de proveer sanidad, educación, pensiones… y donde se realiza una transferencia a todos los individuos para que pueda gastárselo como deseen en un mercado libre, pues sería preferible a la situación actual.

 

Sin embargo, no acabo de ver muy clara la transición hacia ese escenario. Creo que si la sociedad española –o cualquier sociedad- termina aceptando la necesidad de privatizar todos esos servicios, entonces no sería a cambio de una RB. El “shock intelectual” que sería necesario a nivel social para apostar para un Estado más libre no sería uno que favoreciera entonces la implantación de una RB.

 

A todo esto, destacar que cuando se plantea privatizar la gran mayoría de los sectores que provee el Estado no se está sugiriendo que sea de la noche a la mañana. Evidentemente los pensionistas que ya han devengado un derecho a una pensión pública tienen derecho a cobrarla, por poner un ejemplo. (Sectores que se pudieran privatizar con relativa rapidez sería solo algunos, como la educación porque van pagándose “año a año” con cargo a los impuestos).

 

 

  • ¿Si tal y como a veces se sostiene la RB resultara ser, después de todo, más barata que los subsidios condicionados a la hora de paliar la pobreza y los costes indirectos que esta genera (crimen, problemas de salud…), sería preferible a ayudas condicionadas?

 

Desde una perspectiva consecuencialista en el enunciado de la pregunta ya habría la respuesta. Ahora, desde una perspectiva más deontológica o de principios la RB tiene problemas muy importantes para un liberal. Y es que no se trata solamente de ayudar a aquellos que quedan descolgados de la sociedad; la RB propone que los demás deben transferirme sus rentas por el mero hecho de existir. Con ello se genera una obligación positiva tremendamente problemática.

 

 

  • Te planteamos entonces la visión pro RB de dos destacados libertarios. Para H.Steiner una RB podría justificarse y financiarse a través de un impuesto del 100% sobre la propiedad de los recursos naturales en tanto que, al no ser fruto de ningún trabajo humano, no pueden ser propiedad de nadie. (Es decir, una formulación moderna del clásico dividendo territorial que ya podemos encontrar en T. Paine).

 

Distinguiría dos casos: creo que hay dividendos naturales plenamente justificables. Estoy pensando en el fondo de Alaska que se acostumbra a describir como una RB aun cuando yo no lo describiría de ese modo, sino como una renta patrimonial cuyos accionistas serían los ciudadanos de Alaksa. De hecho, es eso lo que muchos liberales defendemos: rentas patrimoniales con cargo al ahorro personal, ya sea individual o societario.

 

Ahora, el pensar que “la tierra es de todos” y que por tanto, quien la ocupa debe indemnizar a los demás, es algo con lo que no coincido. En primer lugar por cuestiones operativas: ¿cómo distinguimos los recursos naturales de aquellos que son fruto del trabajo o el descubrimiento de un tercero? ¿Cómo valoramos esos recursos naturales en abstracción al trabajo ejercido? En la economía los recursos no están dados, sino que son el fruto de la actividad humana. A efectos económicos quien descubre un pozo de petróleo es quien lo ha “creado”.

 

 

  • ¿Entonces sugieres que recursos naturales prácticamente no habría?

 

Propiamente creo que no hay ninguno. A ver, si la humanidad hubiera llegado a otro planeta a la vez y de forma conjunta podríamos plantearnos como distribuir los recursos del mismo. Pero esa no es la historia de la Tierra. La historia real es una historia de descubrimiento, apropiación y utilización de recursos. Sostener que un pedazo de tierra en china es de todos no es plausible. Ese trozo es del señor que lo ha descubierto y que lo ha puesto a producir mediante su trabajo.

 

Además, un sistema en que toda la propiedad de la tierra siguiera universalmente en manos comunales sería un marco institucional de una bajísima capacidad de generar riqueza: (exagerando podríamos decir que) seguiríamos en el neolítico. No obstante, matizar que no habría problema alguno en propiedades comunales restringidas a grupos de personas limitados; el problema reside en la universalización que produciría un problema gigantesco de “tragedia de los comunes” que haría inviable el desarrollo. 

 

El orden de mercado, que deriva de la privatización de los comunes –individual o grupal-, es lo que permite el avance económico. Luego podría decirse que la compensación que uno recibiría por haber renunciado –supuestamente- a esa parte de lo originariamente común sería las vastas posibilidades que ofrece el sistema de libre mercado. Gravar los recursos naturales sería una forma de doble impuesto: me lucro de esa privatización con la prosperidad que crea el capitalismo, pero además me tienes que pagar una compensación histórica.

 

 

  • Para libertarios como  Zwolinski la RB iría claramente en sintonía con la preocupación fundamental del liberalismo: proteger la libertad. Una libertad que, naturalmente, sería entendida principalmente en su sentido negativo -no injerencia de terceros- pero que, necesariamente, incluiría un mínimo elemento positivo. En una columna titulada “Why did Hayeck support basic income” [1] decía:

 

"If libertarians are concerned to protect the freedom of all, and not just the freedom of most, we will want some mechanism that catches those who fall through the cracks left by imperfect market competition. We will want, too, some mechanism for protecting individuals whose economic vulnerability renders them vulnerable to domination outside the marketplace – the woman, for example, who stays with her abusive husband because she lacks the financial resources to support herself without him.  [...] It enables them to say “no” to proposals that only extreme desperation would ever drive them to accept. It allows them to govern their lives according to their own plans, their own goals, and their own desires. It enables them to be free" .

 

 

Primero aclarar que Hayeck solo defendió rentas mínimas y en la medida en que las sociedades de ayudas mutuas que antes mencionaba habían ido desapareciendo en pro de una sociedad dependiente del Estado.

 

Dicho esto,  tratar de incluir en el concepto negativo de libertad un elemento positivo, el poder decir no a los demás, me parece una idea peligrosa: estamos mezclando conceptos distintos. Cualquier liberal valorará mucho que una persona se pueda auto realizar, seguir sus sueños y escapar situaciones humanamente indeseables. Ahora bien, que valoremos esto no puede llevarnos a desnaturalizar el concepto de libertad, que es el que es. Lo que coacciona u obliga conculca la libertad: si algo interfiera en la vida de terceros no podemos decir que es también libertad. Ese es un argumento tramposo a través del cual avanzamos rápidamente a posiciones republicanas de “libertad es no estar dominado”, “libertad es ser el dueño de mi destino” etc. algo imposible en una sociedad interdependiente.

 

 

  • Una última cuestión entonces. Si aceptas, ni que sea solo en última instancia, la legitimidad de ayudas públicas condicionadas, ¿no estas aceptando también la existencia de obligaciones positivas para con los demás (algo en principio incompatible con el libertarianismo)?

 

No necesariamente. Si bien es cierto que en este punto no existe consenso dentro del liberalismo yo esa “obligación positiva” la tiendo a vincular al proviso de Locke (según el cual siempre debemos dejar suficientes recursos y de suficiente calidad para los demás). Sucede sin embargo que hoy todos los recursos naturales están apropiados y la estructura jurídica actual de derechos de propiedad impide que determinadas personas puedan cooperar en la misma y por tanto mantenerse. Luego esa persona sí podría tener una cierta queja legítima contra la organización socio jurídica de esa comunidad en la que no puede sobrevivir. Allí habría un espacio dentro del liberalismo para justificar estas transferencias para los más necesitados. Es decir, un tipo de indemnización para personas que viven en sociedades que les son desfavorables para mantenerse.

 

 

 

 

[1] https://www.libertarianism.org/columns/why-did-hayek-support-basic-income

 

 

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