Renta Básica: Una introducción

 

 

 

De acuerdo con la Basic Income Earth Network la Renta Básica (en adelante RB) se define como “a periodic cash payment unconditionally delivered to all on an individual basis, without means-test or work requirement” (admitiéndose generalmente variaciones en el significado de ‘todos’ –nacionales vs residentes- y en las cantidades en cuestión –que a su vez pueden ser distintas para mayores y menores de edad).

 

Los antecedentes históricos de la RB pueden retrotraerse al mundo clásico. No obstante, tiene a señalarse el pensamiento renacentista de T. Moro y de J.L Vives como embrión moderno de la RB, al proponer estos la instauración de ayudas monetarias públicas destinadas a combatir la pobreza y el crimen asociado a la mismas.

 

Con todo, la primera vez en que realmente se desarrolla con una mínima extensión la implantación de un subsidio monetario universal e incondicional debe situarse en el panfleto Justicia Agraria (1797) de T. Paine en el que se defendería la propiedad común de las tierras, y por ende, la necesidad de instaurar un impuesto sobre las mismas que sirviera a compensar a los no terratenientes. Es decir, la instauración de un “dividendo territorial” (Charlies, 1848).

 

A lo largo del s. XX el debate en torno a la RB gozó de una gran vitalidad. Sin embargo, con el advenimiento de las economías contemporáneas poco centradas en la agricultura la idea de un dividendo territorial fue dando paso a “dividendos sociales” (Cole, 1935) –que debían repartir parte de los beneficios que el esfuerzo conjunto que la sociedad creaba- o a “impuestos negativos” (Friedman, 1962) –a fin de garantizar un mínimo vital universal que, a la vez, sustituyese a los costosos e ineficientes estados del bienestar. 

 

Aun cuando la RB es una propuesta típicamente de izquierdas pueden encontrarse alegatos en su favor de muy diversa índole a lo largo de todo el espectro filosófico. Desde posturas libertarias que apuestan por las los dividendos territoriales ya expuestos (Steiner, 1994), hasta neo-marxistas como Van Parijs (1995) preocupados en maximizar la “libertad real” –la libertad para cumplir efectivamente nuestros planes y deseos. Similarmente, hay quienes, desde una sensibilidad republicana, apuestan por una RB como la mejor medida para romper con las situaciones de dominación que afectan a multitud de personas: desde el trabajador que no puede permitirse rechazar un contrato basura por miedo a quedarse sin nada, hasta la mujer maltratada que no abandona la vivienda conyugal porque depende económicamente del marido (Okin, 1989.) 

 

Asimismo, son muchos los que consideran que la instauración de una RB se hará necesaria tarde o temprano dado que –se afirma- el advenimiento de la robotización masiva destruirá progresivamente gran cantidad de lugares de trabajo (sin compensarlo suficientemente con la creación de otros tantos).

 

Para sus defensores una medida de estas características sería superior a subsidios de tipo condicionado en la medida en que estos tienden a ser muy costos administrativamente, estigmatizadores para aquellos que los reciben y promotores de las llamadas “trampas de la pobreza” (incentivos para no intentar salir de la situación de necesidad).  Es decir, que en contra de lo que podría suponerse, dar dinero a todo el mundo sin condiciones sería la forma más barata de acabar con la pobreza (y en especial, si se tuviera en cuenta la reducción en costes públicos que de manera indirecta genera la pobreza: crimen, problemas de salud etc.)

 

Se han llevado a cabo diversos estudios que sugerirían la viabilidad económica de la RB. En España destacarían los realizados por J. Arcarons, D. Raventós, y L. Torrens, según los cuales sería posible una reforma fiscal tal que, sin disminuir ninguna otra partida pública, pero sustituyendo a las demás transferencias monetarias inferiores o iguales a la RB, otorgara a toda la población mayor de edad una cantidad igual al umbral de la pobreza. 

 

Sin embargo, ¿cómo saber que una economía post RB sería suficientemente próspera como para poder soportar la carga fiscal que se supone necesaria? Para sus defensores los varios experimentos que se han realizado en partes muy dispares del mundo –entre otros Namibia, Holanda, India, Alaska- precisamente sugerirían que la implantación de una RB estimularía a trabajar remuneradamente. En particular, que incentivaría el espíritu emprendedor al otorgar a las personas una red de seguridad desde la que arriesgarse a crear proyectos, en los que, además, trabajarían con más pasión con la que normalmente se trabaja.

 

Dicho esto, son muchas las críticas que una propuesta de esta magnitud ha recibido. Por un lado se ha destacado que, precisamente, los casos piloto han demostrado que la RB desincentiva el trabajo. Por otro lado, hay quienes, aun interpretando los resultados en sentido contrario, destacan que dada la naturaleza de los experimentos realizados –grupos de personas muy limitados, tiempos muy cortos…- no cabe extraer conclusiones definitivas de los mismos para escenarios más complejos y realistas. Y que, por tanto, incluso en la interpretación más generosa, los miedos tradicionales sobre el asunto –la gente no trabajará (remuneradamente) y la economía se hundirá- no pueden disiparse.

 

Igualmente, pero en el plano moral, se destaca que la RB constituye una propuesta política injusta por inequitativa, una idea habitualmente expresada a través de lo que se conoce como “el surfista de Malibú”. Esto es, según los defensores de la RB todo el mundo tendría derecho a percibirla, lo que incluye también a aquel conjunto de personas que, aun y pudiendo trabajar y contribuir a la sociedad, no lo harían. Luego, para muchos de sus críticos, la RB debería decaer en pro de los clásicos subsidios condicionados –aun y cuando estos tuvieran que mejorarse mucho- porque de lo contrario se estaría subvencionando el parasitismo social. Free-riders que, sin necesidad, vivirían del esfuerzo ajeno, haciendo todo el día surf en Malibú, por ejemplo. Dicho de otro modo, que si el “robo” que el Estado produce mediante sus impuestos ha de estar justificado, los receptores de los mismos han de ser personas que realmente los necesiten pero no aquellos que podrían valerse por sí mismos.

 

Para varios defensores de la RB esta clase de objeciones no estarían entendiendo adecuadamente uno de sus objetivos fundamentales: el reforzar el poder de negociación de (principalmente) los trabajadores posibilitándoles el decir ‘no’ a determinados trabajos indignos y potencialmente explotadores (Piven y Cloward, 1993). Asimismo, y como ya decíamos, condicionar los subsidios al trabajo transformaría los mismos en la marca de la vergüenza y el fracaso, con lo que ello tendría de dañino para la autoestima y la salud mental de los ciudadanos.

 

Es más, podría sostenerse que así como no privamos de toda una serie de derechos socialmente costosos a personas voluntariamente desempleadas –p.ej. sanidad, justicia, seguridad- tampoco habría porqué privarlas del derecho quizás más fundamental: el llamado “derecho a la existencia”.

 

No obstante, lo cierto es que objeciones de esta naturaleza y diversas dudas económicas han impulsado propuestas en distintos sentidos. Simplificando podríamos dividirlas en dos grandes grupos. Por un lado la visión de corte más liberal se inclinaría por la estimulación del crecimiento económico a través de la desregulación del mercado con la que, se afirma, la demanda de trabajo aumentaría, complementado todo ello con la promoción de sociedades de ayuda muta con las que cada cual pudiera responsabilizarse de su propio bienestar presente y futuro. Por su parte, la izquierda sería más propensa a propuestas relacionadas con el trabajo garantizado –que, sin embargo, enfrenta importantes dificultades de viabilidad económica- o la redistribución de las horas existentes mediante la reducción de las jornada de trabajo: “trabajar menos para trabajar todos” rezaría el eslogan.

 

Sea como fuera, lo cierto es que la RB es una idea que merece toda nuestra atención y reflexión. Se hace necesario seguir profundizando en su estudio y, particularmente, en su vertiente material: ¿Cuál es el coste total de la pobreza en nuestras sociedades? ¿Acaso existen formas más eficientes de acabar con la misma? ¿Cómo sería una sociedad post RB? Progresivamente más y más personas de todos los ámbitos y sensibilidades se están acercando a la misma, y es que lo que no hace tantos años aparecía como algo descabellado, hoy se plantea como una alternativa razonable a los importantes retos socioeconómicos del s.XXI.

 

 

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