Cultura y racismo: charla con Moha Gerehou sobre la Apropiación Cultural

Allie Smith @creativegangsters


-¿Qué es para ti la Apropiación Cultural (en adelante AC)?

 

Cuando se hace uso de un poder colonial-racial a través de la cultura. Además añadiría el factor económico. Por ejemplo, los festivales de música: el 90% del cartel está formado por hombres pero no porque no existan mujeres que canten bien. Hay pues un lucro económico a través de la discriminación.

 

Salvando las distancias sucede algo similar con la cuestión racial. Hemos visto como ese poder colonial se aplica a la cultura, y haciendo uso de ese beneficio económico se acaban produciendo situaciones muy dispares: un elemento cultural como un baile o una forma de cantar se ve como algo extraño o exótico, pero cuando se da en una cultura dominante se ve como algo muy positivo de donde incluso se puede sacar un beneficio económico.

 

 

 

-¿Entonces para ti habrías formas de usar elementos de una cultura ajena a la propia que no podrían ser considerados como AC?

 

Yo no pondría tanto el foco en cómo se usan sino en qué ocurre cuando la gente de la población históricamente dominada hace uso de esa cultura. En España se ve muy claro con la cultura flamenca: cuando es realizada por personas del mundo gitano se tiende a ridiculizar o marginar. En cambio, de puertas para afuera la “Marca España” usa el flamenco para sacar un rédito económico. Creo que donde más atención deberíamos centrar sería en qué ocurre cuando la cultura de un grupo minoritario es usado por ese grupo, y qué ocurre cuando esa misma cultura es usada por el grupo dominante.

 

 

 

-Luego, en tu opinión, ¿el problema no residiría en que las personas usaran elementos de culturas distintas a la suya, sino la existencia de un doble rasero aplicado en detrimento de los grupos minoritarios?

 

 

Un doble rasero que tiene que ver con las relaciones de poder de orden racial y colonial

 

 

 

-Podrías desarrollar algo más la relación entre AC y racismo

 

La historia nos puede dar muchos ejemplos de la misma. Por ejemplo, en el Museo Británico existe un importante lucro económico gracias a la exposición de un patrimonio que se obtuvo de las invasiones coloniales. Egipto ha venido reclamando la recuperación de su patrimonio durante muchos años y siempre se le ha respondido con un portazo.

 

Y estas mismas relaciones de poder son las que entran en juego en multitud de otros aspectos como podría ser la criminalización de la población negra y migrante. Es decir, y volviendo a la idea inicial, la cuestión de la AC es solo una manifestación más de las mismas inercias discriminatorias que tienen lugar en tantos otros ámbitos.

 

Como decía en relación al machismo estructural: la diferencia de representación en los conciertos es solo una consecuencia más, pero no aquella en la que deberíamos poner el foco. El objetivo debería ser desactivar los mecanismos de fondo que provocan esa u otras situaciones similares.

 

 

 

-Pero cuando se habla de AC lo que acostumbra a sostener es algo distinto: que es inmoral que los miembros de un grupo dominante usen elementos de la cultura minoritaria o marginada. Por ejemplo, cuando hablábamos con Desirée Bela-Lobide sobre esta misma cuestión nos comentaba que, en su opinión, no sería deseable que una persona blanca llevara según qué peinados o ropajes.

 

 

No creo que sean cuestiones tan distintas. Simplemente hay que ir a un paso anterior. Si los dreadlocks tuvieran los mismos efectos sociales en función de la persona que los llevara no habría ningún problema con quien los llevara o dejara de llevar. El problema es que no tiene ese mismo efecto: para una mujer negra su pelo natural supone una penalización a la hora de buscar trabajo, tiene que alisárselo (como imagino que os lo habrá comentado Desirée). Entre la población blanca no sucede algo similar.

 

Para mí, objetivamente hablando, no creo que haya que poner límites a la gente en cuestión de peinados, por ejemplo. Pero sí que creo muy importante el cuestionar la estructura de fondo que genera esas desigualdades por razón de raza u origen, pues –insisto- la repercusión que tienen para las diversas personas unas u otras prácticas es muy distinta en función de factores como la raza o el origen.

 

Luego está la cuestión de cómo planteamos soluciones a este problema mayor: una de las soluciones podrá ser que si no perteneces a esa cultura históricamente dominada no puedas hacer uso de la misma. Otro solución puede ser ir directamente a la raíz de la cuestión, donde yo preferiría ir y atacar. Es cierto que lo otro puede ser una solución parcial e inmediata para evitar ese agravio comparativo. Pero el objetivo final debe ser acabar con esa dualidad o distinción en el impacto que tienen unos mismos símbolos que para unos suponen un perjuicio y para otros un privilegio.

 

Habrá casos particulares en los que yo podré pensar que es preferible no usar determinados elementos. Pero tampoco me considero un tribunal supremo de nada; creo que es muy difícil establecer “líneas rojas” de tipo cultural.

 

 

 

-Entonces, podríamos decir que en tu opinión la AC sería una manifestación más de la discriminación por razón de raza u origen, y que, por tanto, en una sociedad igualitaria, no cabría hablar de AC (en un sentido peyorativo).

 

De forma resumida sí. En la cultura, como en cualquier otro ámbito, debemos cuidarnos de que los protagonismos, las voces y los problemas que se escuchen sean diversos, y no solo los de determinados grupos. Un caso claro sería el de los premios Óscar donde desde un grupo dominante –hombres blancos heterosexuales- se dicta como se hace una película y qué es una buena película de manera que las personas que hacen cine desde otra posición o punto de partida tienen muchas menos posibilidades de salir galardonados o incluso mencionados. Debemos cuidarnos de que los valores y los estándares con los que se juzgue sean plurales, sensibles con las múltiples perspectivas. Tener, en definitiva, una cultural realmente amplia e igualitaria; lo que ahora tenemos es una cultura sesgada, contada siempre desde los mismos puntos de vista y que acaba por tener consecuencias negativas en las poblaciones históricamente dominadas.

 

 

 

-En tu artículo sobre AC en eldiario.es te referías de forma crítica al ‘Waka waka’ de Shakira (la canción estrella del mundial de fútbol de Sudáfrica), como una forma de AC. Podrías desarrollar más esta cuestión.

 

Creo que en este caso el problema es evidente. Sin entrar en cuestiones de copyright o derechos de autor, lo que sí es cierto es que hay poblaciones que directamente no entran en estos debates o mecanismos legales. En este caso nos encontramos con una antigua canción africana popularizada más tarde por un grupo autóctono que, sin embargo, popularizó con su versión Shakira. Y sin embargo, en ningún momento se planteó el tema de autoría o de citar a sus creadores. Por ejemplo, recientemente Rosalía usó en una de sus canciones un fragmento de un tema de Justin Timberlake. Pues bien, se ocuparon con detalle de citarlo y dejar claro su origen, respetando al autor. Cuando las influencias provienen de otros orígenes todas estas cuestiones parecen que se dejan de lado.

 

En mi opinión hubiera estado correcto que Shakira hubiese reconocido que el 'Waka waka' era una canción popular africana que ella versionaba (en vez de afirmar, como hizo, que se le ocurrió completamente un día cualquiera paseando). Con este simple gesto se hubiera solucionado todo y no hubiera habido ningún tipo de polémica. Es decir, no estoy hablando de demandas de plagio ni nada parecido, pero sí se respetuoso con todos los autores, sean de donde sean.

 

Un ejemplo similar sería cuando la gente viaja a África y le hace todo tipo de fotos a los niños, como si allí no aplicarán los derechos a la propia imagen o la protección de los menores. Aquí esto sería impensable, se iría con cuidado de pixelar la cara del menor etc. Allí en cambio hay “barra libre”.

 

 

 

-Una última cuestión. ¿Qué opinión te merece la polémica sobre los disfraces? ¿Es inadecuado disfrazarse de acuerdo con un estereotipo? (Por ejemplo, vestirse como un indio americano a la manera en que típicamente se reflejaban en los westerns clásicos).

 

Reparemos en lo siguiente. Si alguien dijera “hay que disfrazarse de indios americanos”, todos sabríamos qué hacer: las plumas, la cara pintada… Igualmente, si se dijera “hay que disfrazarse de negro” la gente se disfrazaría de jugador de baloncesto, de rapero… Ahora bien, ¿y si nos dijeran que debemos disfrazarnos “de blanco”? ¿De qué nos disfrazaríamos? No sabríamos, porque lo blanco es lo neutro, lo que aplica a todo, la norma en definitiva. En cambio, todo lo demás está asociado a algún estereotipo, es decir, a alguna simplificación reduccionista de la que, en cambio, no está achacada el que es blanco. Unos estereotipos que, además, sirven para apuntalar las inercias racistas o coloniales.

 

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