¡Al ladrón! (IV): Diferencias Individuales y Aprendizaje

06/01/2019

 Roman Mager @roman_lazygeek

 

Siguiendo con nuestra serie de Introducción a la Criminología en esta nueva entrada trataremos aquellas teorías que se engloban dentro de las Diferencias individuales y su relación con el aprendizaje.

 

 

La crianza familiar

 

Dentro de este bloque debemos destacar dos cuestiones: a) El ambiente familiar en el que uno se cría es muy influyente en la conducta de una persona. b) En particular, y a nivel criminal, son muy influyentes las estrategias de crianza que se adoptaron dentro del ámbito familiar.

 

Henggeler (1950) esquematizó las posibles interrelaciones entre el afecto familiar y las estrategias de control paterno. La situación ideal para el desarrollo infantil se produciría en la combinación de un alto nivel de demandas y control paterno junto a un buen nivel de relación afectiva. Es decir, si un niño suspende muchas asignaturas, la forma ideal en la que los padres deberían reaccionar sería animándole a continuar estudiando, apoyándole y averiguando la causa que lleva a su hijo a suspender así como establecer algún tipo de consecuencia/castigo para que la próxima vez se esfuerce en aprobar.  Por contra, la peor situación se daría al encontrar unos padres con bajos niveles de implicación en la educación de sus hijos e indiferencia afectiva. Es decir, siguiendo el ejemplo anterior, si el niño suspende muchas asignaturas, una mala actuación de los padres sería no hacer absolutamente nada ni mostrar ningún tipo de apoyo hacia su hijo. Esta situación podría ocasionar en el niño déficit en sus interacciones con las personas y en su desarrollo cognitivo y social, lo que según varias investigaciones se relaciona con la delincuencia.

 

 

El factor sexo/género

 

¿Las mujeres delinquen menos? Según estadísticas mundiales, la diferencia más destacada entre las personas que delinquen y las que no lo hacen, es el sexo al que pertenecen. En todos los países del mundo, en todas las épocas históricas y con independencia del método utilizado para evaluar la delincuencia -datos oficiales, encuestas de victimización...- los hombres delinquen y reinciden más que las mujeres, sobretodo si se trata de delitos violentos.

 

Alrededor de esta cuestión existen muchos mitos y teorías explicativas, de entre todas ellas la más destacable sería la “teoría de los caballeros” según la cual, existe un posible sesgo en la obtención de información. Según esta teoría, la propia policía y jueces, detienen o condenan a más hombres que mujeres ya que la sociedad consideraría la delincuencia femenina menos grave que la masculina.

 

Llegados a este punto, una pregunta fundamental a hacerse es en qué medida las carreras delictivas de mujeres y hombres se asocian a factores semejantes o distintos y, si las necesidades y problemas que llevan al delito son iguales en ambos sexos. Algunos estudios han obtenido que muchos de los factores de riesgo habituales en los hombres (tensión familiar, conductas y actitudes violentas en la familia, amigos di-sociales…) también son relevantes para las mujeres. Es decir, las causas podrían ser las mismas.

 

Se ha observado también, que los conflictos familiares influyen más negativamente sobre las mujeres y que normalmente, las mujeres que delinquen suelen proceder en mayor grado que los hombres de familias más conflictivas y con historias relacionadas con el abuso sexual y con parejas antisociales.

 

Es importante preguntarse en qué medida las diferencias encontradas en la actividad delictiva de ambos sexos se puede ver reflejada en el efecto que los roles sociales asociados al género ejercen sobre hombres y mujeres. La mujer, históricamente ha estado relacionada con el papel del cuidado en la familia, del apoyo y el diálogo. Estos aspectos juegan un papel más importante en la prevención de la delincuencia. Otro factor a considerar son las distintas oportunidades para delinquir que puede tener un hombre o una mujer. En nuestra sociedad, la mujer no siempre ha podido trabajar. Su papel se relacionaba con los cuidados del hogar y los niños y por lo tanto, quedaban menos expuestas a oportunidades para delinquir. No obstante, la distancia que sigue separando a hombres y mujeres en la participación delictiva no se ha visto reducida masivamente en proporción a la mayor implicación laboral y social femenina que se ha ido produciendo poco a poco en el tiempo. La participación de las mujeres en la delincuencia es básicamente en delitos económicos y relacionados con el tráfico de drogas y la de los hombres en delitos violentos. 

 

Entraremos en mayor detalle sobre esta cuestión y las posibles explicaciones que se han elaborado en un artículo dedicado a ello especialmente.

 

 

Inteligencia y delincuencia

 

La inteligencia es un factor tradicional en el análisis criminológico, piudiéndose comprobar en la actualidad la sospecha histórica, a saber: la baja inteligencia se relaciona con la criminalidad. A destacar que cuando aquí hablamos de “inteligencia” la estamos tomando en su concepción clásica, esto es, dividida en: inteligencia verbal (que tiene que ver con las habilidades relacionadas con el lenguaje y el pensamiento) e inteligencia manipulativa (que refiere una inteligencia más mecánica). Pues bien, por regla general los delincuentes presentan carencias importantes en el eje verbal.

 

La criminología buscó analizar la delincuencia teniendo en cuenta el coeficiente intelectual. No obstante esta concepción reduccionista de la inteligencia fue puesta en duda por varios investigadore. Así el psicólogo y pedagogo Edward Thorndike (1874-1949) hablaba del concepto inteligencia social entendida como aquella habilidad que tienen las personas para entender a otras y actuar diestramente en cuanto a relaciones humanas se refiere. (Por ejemplo, comprender sin que te lo pidan que alguien quiere estar solo debido a un acontecimiento triste que le ha ocurrido.) Más adelante, y en una línea similar, el psicólogo e investigador Howard Gardner (1943) proponía en su libro Frames of mind la idea según la cual el éxito de una persona dependería, no de los 2 ejes anteriores, sino de siete capacidades intelectuales distintas (o “inteligencias múltiples”): inteligencia verbal, inteligencia lógico-matemática, inteligencia espacial (comprender relaciones de espacio), la inteligencia cinestésica (nuestras habilidades para percibir el movimiento o el estado de nuestros músculos y cuerpo en general), la inteligencia musical y dos inteligencias de tipo personal que son las que nos interesan a nivel criminológico: la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal.

 

La inteligencia interpersonal es definida por Gardner como aquella capacidad para comprender a otras personas, reconociendo y respondiendo apropiadamente a su conducta pero también a sus estados de ánimo. Por otro lado, la inteligencia intrapersonal haría referencia a la comprensión “vuelta hacia dentro” (introspección), que nos permite hacernos una idea más o menos precisa y realista de nosotros mismos y aprovechar ese conocimiento. Por ejemplo, una persona que sabe que al enfadarse actúa impulsivamente diciendo cosas que pueden herir, procurará quedarse solo hasta que se le pase el enfado y evitar una situación peor. Alguien podría comprender con facilidad conceptos matemáticos abstractos y complejos, pero a la vez tener dificultades para interpretar y resolver correctamente sus problemas de relaciones personales. La empatía, el autocontrol, el pensamiento crítico, el razonamiento abstracto, el razonamiento moral, las habilidades sociales o de negociación y la solución cognitiva de problemas son destrezas relacionadas con estas dos inteligencias y  con las personas que no delinquen. La constatación criminológica evidencia que las personas con estas cualidades bajas están más expuestas a adquirir conductas delictivas.

 

 

La Teoría de la Personalidad delictiva de Eysenck

 

La Teoría del psicólogo inglés Hans Eysenck (1916-1997) es la primera teoría de la personalidad criminal basada en un programa sistemático de contrastación empírica. En su libro Crime and personality desarrolló la propuesta. Los principales elementos explicativos serían los dos siguientes:

 

a) El proceso de adquisición de la conciencia moral en los niños mediante condicionamiento de evitación. Eysenck explica cómo aprenden los individuos a inhibir conductas de transgresión de las normas a través de la combinación del condicionamiento clásico aversivo (1) y el reforzamiento (2) . La conciencia moral de los niños se adquiere, en primer lugar, mediante un condicionamiento clásico de tal manera que las conductas antisociales tempranas -i.e desobedecer a los padres- se asocian con estímulos aversivos (es decir, algún tipo de castigo). De esta forma, el niño asociará las conductas antisociales a momentos que le producen miedo o dolor. Lo que al principio sentirá como doloroso aprenderá a experimentarlo como una recompensa al no realizar la conducta antisocial (reforzamiento negativo). 

 

(1) Condicionamiento clásico aversivo: Procedimiento del condicionamiento operante que utiliza el castigo para reducir la frecuencia de una respuesta a una conducta desadaptada socialmente. El condicionamiento operante es un método desarrollado por el psicólogo americano Skinner (1904-1990), donde la frecuencia de una conducta es modificada a partir de reforzadores positivos o negativos hacia ella.

 

(2) Reforzamiento: Procedimiento mediante el cual la aplicación de un estímulo aumenta la probabilidad de que una conducta se repita en el futuro.

 

b) Eysenck fundamenta su investigación en el hecho de que las personas tienen diferentes capacidades de condicionabilidad, unas aprenden más rápidamente que otras. Aquellos que aprenden con más lentitud, tardan más en inhibir su comportamiento antisocial y tienen más posibilidades de convertirse en delincuentes.

 

Así las cosas, Eysenck hablaba de diferentes dimensiones psicológicas que estarían relacionadas con diferentes tipos de delincuentes:

 

1) La extraversión. Los individuos extravertidos son impulsivos, amantes de los riesgos y activos. Se relaciona especialmente con los delincuentes jóvenes.

 

2) El neuroticismo. Son individuos con una gran inquietud y desajuste emocional. Reaccionan con facilidad frente a los estímulos ambientales.

 

3) El psicoticismo, la cual se corresponde con la psicopatía. Sus características son la búsqueda de sensaciones, la insensibilidad social, la falta de emociones y las acciones crueles.

 

Según Eysenck, el rasgo de personalidad más asociado con la delincuencia es la búsqueda de sensaciones (estímulos que provoquen emociones fuertes, por ejemplo). Estudios recientes también destacan la impulsividad y, aunque la teoría de Eysenck es ya antigua, estas dos características permanecen constantes en las investigaciones criminológicas y psicológicas.

 

 

Las variables temperamentales de la personalidad

 

Por “variables temperamentales de la personalidad” se entiende aquellas que tienen una fundamentación biológica y aparecen en las etapas tempranas del desarrollo del individuo, logrando un importante grado de estabilidad a lo largo de la vida.

 

a) La impulsividad: Son muchos los autores que han citado la falta de autocontrol como una de las causas fundamentales del comportamiento antisocial. Como hemos visto, la teoría de la personalidad delictiva de Eynseck incluye la impulsividad en su espectro de personalidad psicopático No obstante, no fue hasta 1975 que J.A. Gray, en el año 1975 identificó la existencia en el cerebro de lo que denominó “sistema de inhibición conductual”, el cual se activa mediante impulsos relacionados con el miedo a situaciones de frustración por no recibir una recompensa esperada. Al activarse este sistema, se produce una situación de ansiedad. Digamos que, el sistema de inhibición conductual es el encargado de la evitación pasiva, que tiene como misión en el proceso de aprendizaje producir la inhibición de conductas que han sido castigadas previamente. Cuando un sujeto dispone de este sistema de forma débil, muestra dificultades para comprender y aprender que determinadas conductas no deben realizarse ya que, recibe menos ansiedad como respuesta a esas situaciones. Es decir, el delincuente deseará con gran energía obtener beneficio ilícito de su delito y experimentará poca ansiedad ante la expectativa del castigo que esta conducta puede acarrear.

 

b) La búsqueda de sensaciones: Como hemos visto anteriormente, la necesidad de buscar sensaciones fuertes e intensas responde a un estilo de vida impulsivo y forma parte de un espectro psicológico de un individuo que “actúa sin pensar” o “responde de inmediato sin prever las consecuencias”  Los individuos “buscadores de sensaciones” presentan respuestas ante conductas que indican gran atención e interés hacia los estímulos novedosos y una alta capacidad para responder a estimulaciones intensas. Estas características pueden relacionarse con la conducta antisocial por el nivel de impulsividad que presentan.

 

 

En conclusión, queda constatado que existen diferencias individuales más relacionadas con la delincuencia que otras (la impulsividad, la falta de autocontrol, la búsqueda de sensaciones…) y estas, juegan un papel importante durante el aprendizaje de conductas del sujeto.  En cuanto a la variable sexo/género y su relación con la delincuencia, hemos visto que a día de hoy todavía existen muchas explicaciones a las cifras de delitos que separan hombres y mujeres así como la diferencia de tipologías delictivas. Matizar, no obstante, que ninguna de las características que pueda tener un individuo u otro determina completamente su comportamiento, pero sí que aumenta o disminuye la probabilidad de unos comportamientos u otros. 

Texto de referencia: Redondo, S. y Garrido, V., (2013) Principios de Criminología, Valencia, España: Editorial Tirant lo Blanch. 

 

 

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