Contra la prostitución: Charla con Anna Prats sobre el modelo abolicionista

Jonathan Brinkhorst @jbrinkhorst


Hoy charlamos con Anna Prats, periodista especializada en prostitución y una de las voces jóvenes más destacadas dentro del movimiento abolicionista en España.

 

 

-¿Qué es el abolicionismo?

 

El abolicionismo es el modelo regulador que el feminismo radical adopta ante la prostitución. Se opone tanto al modelo prohibicionista –que persigue y castiga a la prostituta y al “cliente”-; y al regulacionismo – que acepta la prostitución como un trabajo más y al proxeneta como a un empresario regular. 

 

Desde la perspectiva abolicionista, la prostituta no es vista como una trabajadora más ni tampoco como la culpable de nada inmoral. Al contrario, el abolicionismo concibe a la prostituta como una víctima a la que hay que ayudar a salir de su precaria situación (con cursos de formación, rentas de inserción laboral etc). Para ello, y para acabar con el sistema prostituyente, propone educar en el feminismo y perseguir y castigar a quien crea la demanda, es decir al “cliente”. Así pues, se lucha contra la prostitución atacando solo la demanda, sin perjudicar a la víctima.

 

 

-¿Cuándo surge?

 

El abolicionismo surge en Suecia a finales de los 90 –de allí que también se le denomine 'modelo nórdico'- a raíz del trabajo de un grupo de trabajadores sociales que convivieron con mujeres prostituidas y conocieron su realidad. La idea de fondo que inspira el abolicionismo es que ni las mujeres ni los niños pueden ser mercantilizados.

 

Añadir además que como el objetivo final es la abolición de la prostitución, el abolicionismo acompaña las medidas anteriores con las campañas educativas necesarias, ya que es una perspectiva que pretende acabar la prostitución, pero a la vez que la descriminaliza. Dicho de otro modo, consiste en cambiar el foco del enfoque prohibicionista - que está en la prostituta, por considerarla culpable de la situación y la persigue y multa - y situarlo en el “cliente”.

 

 

-El feminismo está muy divido en esta cuestión. Para un sector intentar abolir la prostitución es una vuelta o concesión al patriarcado. Para otros permitirla sería su mayor victoria. ¿Cuál es tu posición?

 

La demanda de prostitución es consecuencia tanto del capitalismo como del patriarcado. No es casualidad que no haya (prácticamente) hombres ejerciendo la prostitución, que (prácticamente) toda la demanda sea masculina o que (prácticamente) todas las mujeres prostituidas estén en situación de vulnerabilidad, ya sea por su pobreza, por estar racializadas o por su extranjería.

 

La prostitución es el símbolo perfecto del patriarcado. La idea según la cual los hombres tienen derecho a acceder y comprar el cuerpo y el consentimiento femenino. La idea de que la mujer está para satisfacer al hombre, ya sea dentro o fuera de casa. En contra de lo que sostiene el feminismo liberal,  la prostitución no supone ninguna emancipación o empoderamiento, sino un refuerzo de las ideas más retrógradas.

 

Es lo mismo que sucede con otras prácticas extendidas como subir fotos desnudas a las redes sociales. Este no es un acto feminista, sino uno por el que se le da al sistema lo que quiere. El error consiste en pensar que la liberación puede ser individual, cuando la liberación solo puede ser colectiva.

 

 

-¿Si la prostitución realizada por hombres y consumida por mujeres estuviera más extendida tu percepción de esta realidad cambiaría? ¿Estarías más dispuesta a legalizarla como un trabajo más?

 

Es impensable que bajo un sistema patriarcal y capitalista exista una prostitución masculina porque sencillamente no existe una “demanda” y las razones por las que los hombres acaban en la prostitución son radicalmente distintas que las de las mujeres. Soy abolicionista de toda la prostitución y me parece inaceptable que en las sociedades modernas se esté llevando el capitalismo hasta sus últimas consecuencias. Me posiciono partiendo de la base del modelo nórdico que considera que el cuerpo de una persona no es mercantilizable.

 

 

-¿Qué opinas de aquellos que consideran al abolicionismo una forma de "neopuritanismo"?

 

Se trata de una crítica totalmente infundada. El feminismo radical no tiene ningún problema con la libertad sexual. Que cada cual tenga el sexo que desee y con quien desee. La perspectiva abolicionista solo se opone a la violación que supone la prostitución.

 

 

-¿Violación? ¿Por qué? ¿Acaso no es sexo consentido?

 

No, en absoluto. El consentimiento en la prostitución está totalmente viciado por la situación de necesidad y vulnerabilidad en que se encuentran las prostitutas.

 

 

-Entonces entendemos que, por ejemplo, en una sociedad en que existiera una renta básica que asegurarse a todo el mundo unos ingresos suficientes para cubrir sus necesidades, ¿la prostitución sí sería aceptable?

 

En la medida en que la prostitución es el resultado de la pobreza y la precariedad en una sociedad con renta básica la prostitución sería algo totalmente residual.

 

 

-¿Pero debería regularse o también debería intentarse eliminar esa prostitución genuinamente voluntaria (en la medida en que no existiría necesidad de acudir a ella para vivir dignamente)?

 

Si realmente existiera la prostitución voluntaria, que tengo mis dudas, sería un fenómeno muy anecdótico y puntual que acabaría desapareciendo al implantar las medidas abolicionistas (educación feminista, campañas de concienciación, etc.).

 

 

-Sobre el consentimiento sostienes que para que se considerase no-viciado debe ir acompañado de deseo. Ahora bien, si fuera así entonces casi cualquier actividad asalariada sería “no-consentida”. Por ejemplo, el taxista tampoco conduce por gusto o deseo pero no consideremos que su voluntad esté viciada. 

 

El sexo no deseado no es verdadero sexo, más bien es anti-sexo. El “sexo” de la prostitución es otra cosa, es el alquiler de los orificios de la mujer, la cosificación de una persona. No puede compararse con conducir un taxi ni con cualquier otro trabajo, porque realmente no es un trabajo.

 

 

-¿Por qué no?

 

Porque en un trabajo uno vende, no su cuerpo, sino su fuerza de trabajo. Por ejemplo, el panadero no vende sus manos, sino que las usa para crear algo. En cambio la prostituta no usa su cuerpo para crear nada, sino que el propio cuerpo es el objeto de consumo.

 

 

-Hay muchos trabajos que no consisten en crear nada: los servicios. ¿Acaso no alquila el futbolista su cuerpo para el disfrute de los demás?

 

No puede compararse una cosa con la otra. El futbolista no tiene que enfrentarse a jornadas interminables, palizas, enfermedades de todo tipo, no solo físicas sino también psíquicas.

 

 

-Entonces, ¿aquello que separa la prostitución de otras actividades y por lo que no puede ser un trabajo es por el riesgo que acarrea? Porque de ser así tampoco deberíamos aceptar tantísimos otros trabajos muy peligrosos.

 

Insisto, no es solo una cuestión de riesgo, sino de violencia sexual. Pagar por el consentimiento de una mujer equivale a violarla. El sexo pagado no es sexo, ese consentimiento está viciado.

 

 

-De acuerdo, no le llamemos sexo; la pregunta, no obstante, se mantiene. ¿Por qué no se debería poder comerciar con sexo o “anti-sexo”?

 

Esa es la postura del feminismo liberal, el “todo vale” y todo puede comprarse. El feminismo radical sostiene que la mujer, su cuerpo o su consentimiento no puede verse reducido a un objeto de compra.No puede compararse el trabajo asalariado que puede realizar cualquier persona que vende su fuerza de trabajo, con la prostitución donde se compra al cuerpo de la persona.

 

 

-Volvemos entonces al punto anterior: ¿no vendemos todos nuestro cuerpo? Un ejemplo muy ilustrativo es el del masajista. ¿Por qué el masaje en unas partes del cuerpo es aceptable y en otras no?

 

Esta tampoco es una comparación válida. Que después de haber obtenido una formación un fisioterapeuta realice un servicio médico -cubriendo una necesidad- no tiene nada que ver con lo que hace la prostituta, que ni cubra una necesidad ni realiza un servicio médico.

 

 

-No pensemos en el fisioterapeuta, pensemos en un masaje relajante o por placer. La pregunta es: ¿cómo es que masajear unas partes es aceptable y otras no?

 

Comercializar el sexo conlleva comercializar a la persona. El sexo debe ser una actividad placentera, de lo contrario se convierte en violencia.

 

 

-Considera lo siguiente: aceptemos que el sexo debe ser por placer. Ahora bien, porque ese placer debe ser inmediato. Si es válido tener sexo para obtener placer ahora –como resultado inmediato del sexo- también debería ser aceptable tener sexo para obtener placer después –como resultado mediato del sexo gracias al dinero que este te haya proporcionado. ¿Qué opinas?

 

Aceptar que esté legalizado ese intercambio de “sexo” por dinero significaría aceptar que puedan existir consentimientos viciados, significa convertir los orificios del cuerpo en algo mercantilizable y significa aceptar el mandato patriarcal de que el sexo es la eyaculación masculina (porque el sexo terminaría cuando el que paga, el hombre, acaba). Si el objetivo del sexo no es el placer mutuo sino el obtener una gratificación por un dinero que vas a obtener después, estaríamos normalizando un abuso sexual o una violación consentida viciadamente a cambio de dinero.

 

 

-Es habitual entre las filas abolicionistas decir que la prostitución es indesligable del sexo forzado y de la trata de personas. ¿Qué entiendes exactamente por 'trata'?

 

Por ‘trata’ se acostumbra a entender solo el caso del rapto de una mujer y el traslado de la misma a otro. Mi concepto de trata es mucho más amplio. Por 'trata' entiendo  cualquier tipo de engaño o incitación a la prostitución.  El engaño de aquel que le promete a una mujer que realizará un trabajo para después acabar prostituida o el engaño consistente en presentar el mundo de la prostitución como positivo cuando es todo lo contrario.

 

En un sentido similar también soy muy crítica con todos aquellos que realizan proselitismo de las otras formas del (mal llamado) “trabajo sexual”. Por ejemplo, creo que Amarna Miller no actúa correctamente cuando usa su popularidad y espacio en los medios  para proclamar lo fantástico y maravilloso que es el porno (que no deja de ser prostitución grabada) cuando lo cierto es que el porno es todo lo contrario.

 

 

-¿Por qué en tu opinión no sería posible una regulación muy garantista que evitara esos abusos pero permitiera y protegiera a las prostitutas voluntarias (o en general a cualquier otra “trabajadora sexual”)?

 

Considero que no es posible una legalización de la prostitución que evite la trata y la prostitución forzosa porque la prostitución se nutre principalmente de la trata, no se puede separar, y así lo confirman incluso los explotadores de mujeres, como el del documental El Proxeneta de Mabel Lozano. La trata es lo que hace que el sistema prostituyente funcione, además de que la prostitución voluntaria es un fenómeno que, si existe, es anecdótico y no puede extrapolarse y universalizarse como baza para legalizar la prostitución.

 

De hecho, cuando Suecia reguló para abolir la prostitución se comprobó que la trata de personas se trasladaba a los países, como Alemania, donde supuestamente existían mecanismos para proteger a estas mujeres porque está legalizada.

 

 

-A tu juicio, ¿cuál es el mejor argumento de aquellos que quieren regular la prostitución (aun cuando, en último término, no te convenza)?

 

El argumento más habitual consiste en sostener que la prostitución es un mal inevitable por lo que debe optarse por reducir todo lo que se pueda sus efectos negativos mediante la regulación. No obstante, algo así es falso. Sí es posible ir acabando paulatinamente con la prostitución. La reducción de la misma en los países en los que se ha implantado el modelo nórdico da buena cuenta de ella. Incluso existen modelos matemáticos (Persson y Lee, 2018) que explican a nivel teórico este hecho comprobado de que la criminalización del “cliente” - y no de la prostituta - funciona.

 

 

-¿Cómo te explicas la existencia de sindicatos de prostitutas? Es decir, que la gente que en principio mejor conoce la situación aspire a su regulación

 

Entiendo su postura, pero creo que es una visión cortoplacista. Realmente, una regulación contribuirá a un aumento de la prostitución y la trata. Por tanto, una legalización o regulación que supuestamente se haga para ayudar a la prostituta, al final acaba siendo la puerta de entrada para un mercado de prostitución y trata cada vez más grande. La regulación solo contribuye a enquistar el problema, si acaso a normalizarlo, pero no a erradicarlo. Es decir, la solución a los abusos e inseguridades en el campo de la prostitución no es convertirla en un trabajo, sino abolirla.

 

De hecho, en el fondo de estos sindicatos no hay una demanda obrera real, sino el interés del lobby proxeneta que pretende hacer más fácil su medio de vida explotador, y eso puede verse en los múltiples ejemplos de países donde se ha legalizado la prostitución, donde antes de que se legalizara existían supuestos sindicatos controlados por el proxenetismo que funcionaban como lobby para legalizarla.


 

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