Inmersión lingüística: En contra de Babel (V)

21/11/2018

Seguimos el debate en torno a la inmersión lingüística en Cataluña (cuyas partes anteriores podemos encontrar aquí). En su último artículo mi compañero sostenía lo siguiente:

 

1) Es positivo para los miembros de una sociedad que la misma sea culturalmente plural. (En el presente caso es positivo que en la sociedad catalana coexistan la cultura catalana y castellana).

 

2) Para que la cultura catalana se mantenga en Cataluña y no se difumine o sea engullida por la cultura castellana –y con ella el pluralismo antes mencionado- es necesario que exista un gran número de personas que hablen y entiendan correctamente el catalán.

 

3) Para que exista un gran número de personas que hablen y entiendan correctamente el catalán es necesaria la inmersión lingüística

 

Conclusión: la inmersión lingüística queda justificada a fin de que la sociedad catalana sea, no una sociedad “puramente catalana”, sino una sociedad culturalmente plural.

 

Son dos los errores principales que encuentro en el razonamiento anterior. En primer lugar considero que la conclusión no se sigue realmente de las premisas. Y es que uno podría aceptar que la inmersión es la única forma para preservar la cultura catalana (y por ende el pluralismo cultural en Cataluña), pero considerar que ese objetivo positivo no justifica algo negativo como es el imponer un modelo lingüístico que no da margen de acción a las familias y alumnos. Esto es, cabría entender que preservar libertad de elección de los padres y los hijos en este campo es un fin superior al que se recoge en la premisa 1, de forma que la inmersión no estaría realmente justificada. Esa es mi posición, en especial porque considero que el principal valor del pluralismo -aquello por lo que con más fuerza deberíamos buscarlo- es lo que nos dice sobre una sociedad y no tanto aquello que le aporta. El pluralismo cultural es deseable –principalmente- porque es un síntoma de libertad y tolerancia: un síntoma de que la sociedad en cuestión no pone trabas al libre desarrollo de cada individuo. Socavar esa libertad de base a fin de obtener esos otros efectos positivos sería un gran contrasentido.

 

Incentivar, promocionar, facilitar… son los verbos que deberían usarse cuando se hablase de conseguir una sociedad más plural. Obligar o imponer no deben tener cabida. También es positivo el pluralismo religioso y no por ello obligaríamos a nadie a educarse en alguna religión que no fuera la suya. Bombardear por la paz es un error.

 

Añadir además que si el fin que debiera justificar algún tipo de inmersión o medida educativa con un fin extra-pedagógico como la que aquí se aduce –i.e conseguir una sociedad más plural- entonces lo más acertado sería el incentivo de lenguas y tradiciones realmente distintas a las ya existentes en el territorio. Al fin y al cabo, si lo que se pretende con el pluralismo buscado es poner en contacto a la sociedad con diversos pensamientos y estilos de vida para así incentivar su espíritu crítico –entre los demás beneficios mencionados por mi compañero [1]- entonces deberían promocionarse culturas realmente diferentes y no tanto la catalana con la que tanto comparte la castellana (o viceversa). 

 

Ahora bien, incluso si la conclusión se siguiera de las premisas –incluso si el pluralismo justificara la imposición- el razonamiento estaría viciado por la falsedad o extrema “dudosidad” de la premisa tercera. Sin duda la inmersión lingüística es un medio eficaz para conseguir una sociedad con personas que se desempeñan bien en catalán y que por tanto se consuma “cultura” (cine, teatro, periódicos…) en catalán, aquello necesario según mi compañero para que la cultura catalana perviva:

 

Un ejemplo gráfico: si hay 10 millones de personas que entienden el catalán (sin ser necesariamente culturalmente catalanas), existe un mercado para que se escriban y editen libros en catalán, para que haya periódicos de calidad en catalán, para que la Wikipedia en catalán sea de las más leídas en el mundo, y en resumen, para que no haya que echar mano del castellano, el francés o el inglés a un ritmo que oxide la cultura catalana: para que ésta perdure.

 

No obstante, que sea un medio eficaz no significa que sea también un medio eficiente y por ende proporcionado. En concreto, lo que mi compañero debería probar a fin de que su razonamiento pudiera ser exitoso –obviando el problema antes mencionado- es que la única manera de que –por regla general- los jóvenes abandonaran la escuela con un buen nivel de ambas lenguas –y que por tanto exista ese “mercado cultural en catalán”- sea mediante la inmersión. ¿Es que acaso no puede conseguirse que los escolares abandonen la escuela con un adecuado nivel de ambas lenguas de otras formas que no sea la inmersión lingüística? ¿No puede conseguirse ese objetivo –positivo sin duda- de formas más sensibles a la libertad de los padres y los hijos?

 

Dicho esto, si fuera cierto que la inmersión es el único medio eficaz para tal fin entonces bendeciría totalmente la medida. ¿No contradice esto lo dicho al principio? En absoluto. De hecho, mi postura original en relación a la cuestión de la inmersión se reducía prácticamente a esto: a afirmar que si la inmersión fuera estrictamente necesaria para que los escolares obtuvieran un buen nivel en ambas lenguas, entonces que se implantase. ¡Cómo no! Pero que en caso contrario, en caso de que un modelo que diera más libertad de elección también asegurase el plurilingüismo de los estudiantes, entonces que se adoptara ese modelo y que las familias y a los estudiantes pudieran tener un mayo margen de elección.

 

Ahora bien, si la inmersión fuera el único medio para que los estudiantes conocieran adecuadamente ambas lenguas la inmersión debería implantarse, simple y llanamente, -y es por esto por lo que no hay contradicción- porque en una sociedad plurilingüe (como la catalana) los estudiantes deben acabar su educación conociendo ambas lenguas. ¿Y por qué? ¿Por qué no debe aquí prevalecer la libertad de las familias? Pues porque un sistema educativo que no cumpliera ese fin sería claramente deficiente y lesivo para los estudiantes. En una sociedad lingüísticamente plural no asegurar a los jóvenes un nivel adecuado de ambas lenguas es como no enseñarles matemáticas o historia, un perjuicio significativo al que las familias no tienen derecho a condenar a sus hijos, obviamente.

 

Así las cosas, la conclusión a la que llego después de este largo debate no es otra de la que partía: la inmersión estará justificada cuando fuera estrictamente necesaria para que los estudiantes abandonaran la escuela con un buen nivel de catalán y castellano. En caso contrario no estará justificada y deberá darse libertad a los padres y estudiantes para que escojan qué proporción de catalán/castellano a seguir (dentro de los márgenes que aseguren el conocimiento de ambas lenguas y dentro de los márgenes que los recursos humanos y materiales de los diversos centros educativos impongan).

 

[1] Fragmento del artículo en que mi compañero defiende estos beneficios: "Volvamos al tema de las culturas: ¿por qué es valioso que haya varias y no una sola, y por qué es mejor que haya muchas que pocas? Dado, como he explicado, que es posible (y hasta probable) que nos equivoquemos respecto del bien y del mal, y dado que nuestra moral está fuertemente condicionada por nuestra cultura, es preferible que nos equivoquemos de formas distintas -que exista pluralismo moral- pues eso nos obliga a comparar constantemente sistemas morales, examinando críticamente nuestras propias convicciones. No digo con eso que sea imposible examinar nuestras convicciones sin compararlas con las del vecino. Tampoco digo que todo el mundo, ni tampoco que una mayoría de gente examine críticamente sus convicciones incluso sabiendo que existen convicciones distintas. Es evidente que un puñado de sabios de la filosofía moral siempre estarán intentando refutarse entre sí, incluso si solo hay una cultura y un idioma en la tierra. También es evidente que en caso de desaparecer todas las culturas y lenguas del mundo excepto una, podríamos consultar la moral de las culturas muertas en los libros de historia. Sin embargo, mi impresión es que la moral imperante en una sociedad determinada, pese a no ser impermeable a las cavilaciones de los sabios de la filosofía moral, está más determinada por otros factores, como por ejemplo las migraciones, los mestizajes, el comercio y la guerra entre pueblos, el sincretismo religioso, etc. Es decir: a efectos de determinar cuánto mal y cuánto bien se produce en el mundo es más importante ver qué tanto mal y bien hacen las personas reales que ver si los sabios antes mencionados han llegado a La Verdad Moral correcta.Y lo mismo que aplica a la moral a plicala virtud personal y política. ¿A qué me refiero con eso? Pues que en la cultura y la lengua existe una especie de codificación de preferencias y valores respecto lo que funciona y lo que no, lo que es responsable y diligente y lo que no. Es decir, las culturas y lenguajes contienen determinadas preferencias sobre cuestiones prácticas: ser prudente vs arriesgar, hedonismo vs moderación, propensión al sacrificio, tipo de relación del individuo con la comunidad; y ya a nivel político, preferencia por el orden respecto a la libertad, preferencia por el bienestar respecto a la libertad, idealismo vs pragmatismo, observancia germánica de la ley vs picaresca mediterránea…"

 

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