¡Al ladrón! (III): Criminología biosocial

09/11/2018

Mathew MacQuarrie @deskfire

 

Siguiendo la serie de introducción a la criminología en esta entrada vamos a centrarnos en los estudios y teorías realizados bajo la perspectiva de la Criminología biosocial.

 

A principio del siglo XX la perspectiva biológica tomó un papel importante en cuanto a la explicación de la conducta delictiva. Fue pionero en esta corriente (el anteriormente mencionado) Cesare Lombroso (1835- 1909) quien realizó estudios sobre la biología de los individuos y su relación con la delincuencia. No obstante, y como veremos, el estudio de la criminología biosocial incluye un conjunto de investigaciones muy amplias: análisis de los rasgos físicos de los delincuentes, estudio de las familias (gemelos, hijos adoptivos…),  estudio de la influencia de la alimentación en la conducta delictiva y otros más. Sin embargo, hacia finales del siglo XX surgieron muchísimas posturas críticas con este determinismo que colocaba como única explicación simplista al fenómeno delictivo la biología de los individuos. En efecto, si los factores etiológicos de la delincuencia fueran únicamente de carácter genético o innato, entonces solo sería posible modificar estas predisposiciones mediante procedimientos farmacológicos o quirúrgicos. 

 

Dicho esto, es importante aclarar que negar el papel de la biología en Criminología es inaceptable. Y es que si bien el comportamiento no se halla únicamente sujeto a los factores biológicos de los individuos no podemos rechazar su importante papel. Así, y a modo de ejemplo, es del todo acertado el distinguir entre varios tipos de agresiones: unas de corte más impulsivo (una respuesta inmediata a un estímulo del ambiente, como podría ser pegar a una persona que te enfada), y otra de tipo más planificada (tiempo y organización para cometer esa agresión), algo que en parte dependerá del perfil psicológico y psiquiátrico del agresor. Pasamos a continuación a explicar con más detalles esta relación.

 

Según Fishbein (1936 – 2009), para explicar adecuadamente el comportamiento delictivo es imprescindible tener en cuenta tres elementos interrelacionados entre sí:

 

-Los sistemas neurológicos, que son responsables de la inhibición de conductas y emociones externas.

 

-Los mecanismos necesarios para aprender, ya sea a partir de la imitación de otros seres humanos o de la propia experiencia.

 

-Los factores sociales, que se concretan en la estructura familiar de los individuos y en los recursos comunitarios o mecanismos de ayuda social.

 

Estos elementos (dos biológicos y uno social o contextual) interaccionaran entre sí. Dentro de esta interacción podrán darse cuatro circunstancias diferentes como resultado:

 

-Que individuos sin ningún tipo de dificultad en su aprendizaje a nivel biológico posea un ambiente sociocultural adecuado en el que desarrollarse. Este sería el supuesto ideal en el que existiría menor probabilidad de delinquir.

 

-Que los mecanismos biológicos sean apropiados pero que los sociales sean inestables o inadecuados. Es decir, que el sujeto desarrolle su personalidad en ambientes desestructurados. En este supuesto, la inteligencia y las buenas capacidades biológicas de inhibición ayudarían a minimizar el influjo del ambiente problemático en el que el sujeto se está criando.

 

-Que exista algún tipo de dificultad biológica pero posea un ambiente de crianza y social muy bueno y estable. De esta forma, las capacidades biológicas podrían ser compensadas.

 

-Por último, que ninguno de los dos sistemas funcione. Aquí, la probabilidad de conducta antisocial es mucho más alta.

 

Vamos a continuación, a centrarnos en diferentes aspectos a tratar en los estudios en relación a la perspectiva biosocial.

 

Rasgos físicos y delincuencia: las biotipologías

 

Desde siempre han existido estereotipos sociales en relación a la apariencia de las personas y su inclinación al crimen. De allí que a lo largo de la historia  se hayan realizado estudios destinado a identificar “los rasgos físicos del delincuente”.

 

Una biotipología refiere a la correlación que se efectúa entre rasgos morfológicos (estructura del organismo), fisiológicos y psicológicos de un individuo. Una de las biotipologías más conocidas fue desarrollada en el año 1921 por Ernst Kretschmer. Analizó 4000 sujetos y los clasificó en: 

 

-leptosomáticos: delgadez y poca musculatura, propensos a la introversión

 

-atléticos:  gran desarrollo esquelético y muscular)

 

-pícnicos: tendente a la obesidad y proclive a la sociabilidad

 

Según Kretschmer existiría una preponderancia a los delitos violentos y a la reincidencia en los sujetos atléticos, a los delitos de hurto y estafa entre los leptosomáticos y a los fraudes en los pícnicos.

 

Por su parte el psicólogo estadounidense William Sheldon (1898-1977) estableció otra clasificación en el año 1949. Esta dividía los cuerpos en:

 

-ectomorfo: delgadez y fragilidad, característica psicológica de cerebrotonia, que le daría una tendencia al retraimiento y a la inhibición

 

-mesomorfo: individuo atlético, somatotonia en forma de fuerza y expresividad muscular

 

-endomorfo: caracterizado por el predominio de cierta redondez corporal y por la cualidad psicológica de la viscerotonia, que le confiere un carácter más relajado y sociable

 

 

 

 

Estudios posteriores realizados por el matrimonio Sheldon (1896-1980) y Eleonor Glueck (1898- 1972) y por Juan B. Cortés con diversas poblaciones en colegios, reformatorios y cárceles, concluyeron que existía una preponderancia de los mesomorfos entre las poblaciones de delincuentes jóvenes o adultos. Sin embargo, este estudio no resulta concluyente, en primer lugar, por el tamaño de la muestra, que simplemente se limita a escoger a un número de personas de una población concreta, y en segundo lugar porque no contempla si las tipologías se repiten en individuos como policías, políticos o deportistas (es decir, individuos con características concretas de forma corporal que podrían coincidir con los delincuentes y, sin embargo, dedican su vida a profesiones que no son delito). La conclusión general que puede extraerse es que los rasgos corporales correlacionan con ciertas características de personalidad; puede que los individuos con tendencias más intelectuales sean los ectomorfos, y aquellos en los que predomina la benevolencia (los endomorfos) no se sientan atraídos por actividades impulsivas y violentas como al contrario puede pasarle a una persona más extrovertida y violenta como los mesomorfos. Además cabe añadir que estos estudios, además de no ser muy significativos por la escasa muestra que emplean y la generalización que realizan sin tener en cuenta factores individuales, están realizados básicamente con población masculina y, por lo tanto, se deja fuera a la mujer en sus investigaciones, ya que son estudios antiguos de cuando se consideraba que la conducta delictiva en la mujer era impropia e inusual [i].

 

Herencia Biológica

 

El estudio de las influencias genéticas en el comportamiento se conoce como “genética de la conducta”. La investigación actual se encuentra inclinada a buscar “huellas” o composiciones particulares de grupos de genes que pudieran actuar como facilitadores muy poderosos del comportamiento violento reincidente.

 

1.- Estudios de familias de delincuentes:

 

El presupuesto principal de los estudios realizados con familias de delincuentes se basa en que los familiares de primer grado comparten mucha dotación genética. (Padres, hijos, abuelos…) Para llevarlos a cabo, se analizaron muestras de delincuentes por un lado y no delincuentes por otro lado así como la relación que respectivamente tenían con sus familiares. Partían de la idea de que igual que hay familias con ciertas habilidades artísticas como los músicos etc… podría suceder también que haya familias con inclinaciones criminales. El primer estudio conocido en este sentido fue realizado en el año 1877 por Robert Dugdale (1841- 1883) sobre la familia Jukes caracterizado por una numerosa historia de conducta delictiva entre sus miembros.

 

Más recientemente, en estudios realizados durante los años 60 destaca el de Samuel B. Guze (1923-2000) y Claude R. Cloninger (1944) que encontraron fuertes conexiones intergeneracionales entre el rasgo de la psicopatía y la actividad delictiva entre delincuentes (ahora sí tanto en mujeres como en hombres) y sus familiares. En general estos estudios han demostrado que existe una muy significativa proporción de delincuentes y personas con antecedentes penales en las familias. Sin embargo, no se puede concluir un predominio de factores genéticos sobre la delincuencia ya que, en estos estudios, no se toma en consideración la influencia del ambiente. Seguramente, la herencia y el ambiente se mezclaban realizando así la influencia en el individuo.

 

2.- Estudios de gemelos e hijos adoptados:

 

Los estudios de gemelos parten de un presupuesto doble: en primer lugar, del distinto grado de semejanza genética existente entre los gemelos (univitelinos o monozigóticos), y en segundo lugar la especial semejanza de su ambiente. Por otra parte, los estudios con niños adoptados parten del presupuesto siguiente: si el influjo de la herencia fuera más importante que el del ambiente, los niños adoptivos deberían parecerse más en cuando a su conducta delictiva se refiere, a sus padres biológicos. Si en cambio el ambiente fuera más influyente, deberían parecerse más a sus padres adoptivos.

 

El primer estudio criminológico de gemelos fue realizado durante los años veinte por Johannes Lange mientras que el más ambicioso fue desarrollado en Dinamarca por Karl O. Christiansen con una muestra de 3586 parejas de gemelos nacidos entre los años 1870 y 1920. Se efectuaron diversas críticas a los estudios con gemelos, pero la principal y la más actual es la siguiente: la influencia del ambiente en la personalidad opera, sobre todo, a través de las experiencias específicas que recibe cada individuo (ambiente específico e único de cada persona), y no a través de las experiencias familiares comunes (ambiente compartido, experiencias conjuntas), lo que descalifica la hipótesis de la socialización como causa de la mayor semejanza hallada en los gemelos monozigóticos.

 

Tras muchos estudios realizados  también con hijos adoptivos, el hallazgo más importante fue que la edad tenía un efecto moderador sustancial: la influencia genética y ambiental disminuía a medida que los niños se convertían en adultos. El ambiente específico pasaba a volverse más influyente (es decir, las experiencias propias).

 

Correlatos psicofisiológicos

 

A continuación pasamos a tratar  las variables psicofisiológicas que juegan un papel más importante en el estudio de la delincuencia. Estas variables son índices cuantificables del funcionamiento del sistema nervioso, e incluyen aspectos como la tasa cardíaca, la presión sanguínea, la conductancia de la piel a los estímulos eléctricos, las ondas cerebrales así como  los niveles de atención y activación del sistema nervioso. Estas medidas reflejan los estados emocionales directamente.

 

Una parte de estos estudios se ha centrado en los psicópatas (individuos con baja empatía, falta de remordimiento y culpa entre otras características). Ha sido demostrado que muestran pocos niveles de estrés y ansiedad al someterles. Al ocurrirles esto, es posible que ponderen el delito como más beneficioso que el castigo en sí, ya que no sienten ese “aviso” por parte del sistema nervioso que una persona sana sentiría en el momento de cometer un acto delictivo.

 

En este sentido cabe destacar la investigación realizada por Adrian Raine mediante técnicas de neuroimagen (que permiten visualizar imágenes en vivo del cerebro y sistema nervioso sin realizar ninguna técnica invasiva ni ningún tipo de corte en tejidos u órganos). Del estudio se concluye que los agresores violentos y psicópatas muestran deficiencias funcionales y estructurales en los lóbulos frontales y temporales (baja actividad del lóbulo frontal es la responsable de esa anomalía). El lóbulo frontal es el encargado de ejecutar las acciones conductuales en nuestro cuerpo, es decir, nos permiten planificar y tomar decisiones voluntarias y conscientes. ¿Cuál es el nexo de todo esto con la delincuencia? La inteligencia guarda una relación estrecha con el funcionamiento de la corteza prefrontal, y normalmente, la impulsividad y la “incapacidad para razonar” pueden considerarse ejemplos de una mala inteligencia y por tanto, de una propensión a cometer delitos al no saber ponderar adecuadamente costes y beneficios o no controlar la impulsividad. En un análisis realizado por DeLisi en el año 2009 apareció una correlación inversa y negativa entre ocho de doce características de la psicopatía estudiadas y la inteligencia verbal. Los autores concluyeron que la imagen del psicópata como alguien brillante y culto, es decir, el icono de Hannibal Lecter, es un mito.

 

Conclusión

 

En conclusión, aunque históricamente se intentó demostrar que la conducta antisocial es algo que "se lleva en los genes" hoy en día se ha abandonado esta perspectiva y se ha demostrado que como seres sociales que somos, las conductas y el comportamiento vienen dadas por una notable influencia social y ambiental. Es cierto que características como la impulsividad, la inteligencia o el autocontrol difieren según el individuo y tienen un contenido biológico, sin embargo, estas características no son determinantes y no podemos predecir únicamente en base a esto el comportamiento delictivo de un individuo. Es muy importante utilizar ambos factores y perspectivas de estudio para lograr los mejores resultados posibles en las investigaciones. El hecho de que haya investigaciones donde se demuestran que la herencia juega también un papel importante en la conducta violenta, no debe hacer que nos centremos en esos individuos como delincuentes natos, sino en intentar que obtengan la mayor educación posible y buen ambiente para el desarrollo de su personalidad de una manera prosocial. Una buena prevención es siempre una mejora a nivel social sin necesidad de recurrir a ningún tipo de intervención médica como podía pensarse antaño.

 

En el siguiente capítulo abordaremos las teorías e investigaciones pertenecientes a los conceptos “Diferencias individuales y aprendizaje”.

 

 

[i] Antiguamente, a la mujer únicamente se le permitía desarrollarse como ama de casa y se entendía que su tiempo se invertía en cuidar los hijos y el hogar. Dentro de esta esfera, disminuyen las oportunidades de delito y todo acto delictivo que una mujer pudiera llevar a cabo era visto como impropio de su “papel natural”: ser madre y ama de casa. Es curioso destacar que antiguamente llegó incluso a relacionarse la menstruación con la delincuencia femenina, creyendo que el ciclo menstrual podía tener algo que ver en la conducta delictiva. Evidentemente, esta relación generalizada no se contempla en la actualidad.

 

Texto de referencia: Redondo, S. y Garrido, V., (2013) Principios de Criminología, Valencia, España: Editorial Tirant lo Blanch.  

 

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