Reflexiones sediciosas: Indepes sin causa

27/10/2018

 


El presente artículo es el primero de una serie sobre la situación actual del independentismo catalán. Surge de la necesidad que ve el autor –independentista convencido– de que haya un examen de lo que se ha hecho y dicho mal en el movimiento, desde el movimiento. Así pues, nada de lo que se diga debe interpretarse como una defensa del unionismo ni nada por el estilo. Igualmente conviene que nos curemos en salud sobre el tema presos. En mi opinión los políticos y activistas independentistas presos son presos políticos, encarcelados por delitos que no cometieron mediante procesos judiciales retorcidos, politizados e injustos, siendo su estancia en la cárcel algo injustificable. Digo esto porque la respuesta que sistemáticamente se da desde parte del independentismo oficial ante críticas respecto a sus propuestas o contra su falta de compromiso es sacar los presos a relucir. Que sí, que se trata de una injusticia monumental, pero que una organización o un movimiento tenga presos no descarta que sus líderes se puedan equivocar, puedan tener miedo o puedan haber renunciado al proyecto independentista. Y la crítica a estas organizaciones o incluso a los mismos presos no es incompatible con la denuncia de su presidio. Pretender ser impermeable a la crítica por tener presos es de lo más deshonesto que se ha visto durante el procés, ¡y eso es mucho decir!

 

Empecemos. Para hacer cualquier crítica al procés que se precie, hay que hablar de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) -o cualquiera que sea el nombre que reciba ese espacio: DiLL, PDECat, JxCat, Crida…- y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y de su competencia mutua. Esta competencia no es, en mi opinión, un hecho contemporáneo y disruptor del procés (como se suele entender en el independentismo) sino que ha sido precisamente el núcleo del procés, al menos en el plano institucional.

 

Por decirlo de otro modo, el factor más explicativo a la hora de entender porqué se tomaba un rumbo u otro en un momento determinado (9N, 27-S, 1-O, 27-O, 30 de enero…) es la competición electoral entre CDC y ERC. No quiere decir esto, por supuesto, que dicha competición explique el origen del auge indepe de 2010-2012, ni tampoco la magnitud de la movilización en la calle, etc. Tampoco quiere decir que otras formaciones como la CUP no pudieran tener también su rol en el asunto, evidentemente, pero desde luego éste ha sido mucho menor.

 

La conducta de CDC y ERC en el marco de su competencia mutua respecto al procés hasta la fecha puede ser descrita de la forma siguiente:

 

1.- Aversión absoluta a hacer (o no hacer) nada que indisponga al votante indepe para con la propia organización, o que haga sumar simpatías hacia la otra organización. (Piénsese, sino, en el “reparo” -por decirlo de algún modo- que tuvo ERC en reconocer que no tenían ninguna intención de restituir el gobierno pre-155) 

 

2.- Aprovechamiento de cualquier oportunidad (de forma más o menos abierta, dependiendo del momento) de responsabilizar a la otra organización de cualquier retroceso (real o percibido) o de un no-avance hacia la independencia. Un ejemplo fue la odisea de las urnas del 1-O.

 

3.- Aversión casi absoluta hacia actos de ruptura con el Estado español, excepto cuando sea imprescindible a la vista de los puntos 1 y 2. Son muchos los ejemplos; véase este, este, o este.

 

4.- Preferencia casi absoluta por substituir una demanda de ruptura real por una ruptura simbólica/retórica, excepto cuando no sea posible dados los puntos 1 y 2. Buen ejemplo de esto es el “Consell de la República” y la reciente reprobación del Rey en el Parlament.

 

5.-Existe una línea roja: realizar el acto final de ruptura, léase, la independencia unilateral (real, no como la del 27-O), o intentarla. Si esta línea roja la tienen por motivos ideológicos o prácticos es discutible. En todo caso, sin ella no se explica el mes de octubre de 2017. Esto pasa incluso por encima del punto 1. 

 

Esto podría ser resumido como un juego del gallina, donde los actores retrasan el hacer concesiones hasta que el fin del juego es inminente, la presión es inmensa y donde pierde el primero en ceder. Es decir, si ERC y CDC fueran los conductores en los coches en la famosa escena de Rebelde sin causa, frenar y perder el honor equivaldría a frenar y perder las elecciones, y caer por el barranco equivaldría a hacer (o intentar) una independencia efectiva.

 

El porqué de esta línea roja -el hacer la independencia unilateral de verdad en vez de fingirla como en 2017- es muy discutible. Los más bien pensados dirían que proviene de un convencimiento de su imposibilidad práctica. Los más malpensados afirmarán que no hay voluntad real de hacerla (a menos, claro, que el coste de la independencia fuera un simple chasquido de dedos). Este es un tema crucial para hablar del porqué de todo esto, pues sin él difícilmente se explica la psique del “estado mayor” del procés. El segundo elemento que hay que mencionar es el particular y potentísimo aparato de propaganda que ha desplegado el movimiento. Evidentemente, cualquier organización, movimiento o campaña política hace uso de la propaganda; eso no es particular del procés. Lo que sí lo es, sobre todo, es:

 

A.- La robustísima cadena de transmisión (quizás hasta seguidismo acrítico) entre la propaganda que distribuyen los partidos (en el marco de su competición) y los mensajes y estrategias del resto del movimiento (otros partidos, sociedad civil, medios afines). Un ejemplo de esto es la campaña electoral del 27 de septiembre de 2015, el “pressing CUP” de 2015 y 2016 y toda la literatura de las “jugadas maestras” (incluyendo las “estructuras de Estado”, el ficticio apoyo internacional y la retórica de “no hay suficientes prisiones para tanta dignidad” pre-27-O).

 

B.- La increíble disposición del votante indepe medio (como mínimo hasta ahora) para creerse las mentiras flagrantes que los partidos han fabricado para explicar su conducta[a], lo que a su turno provoca...

 

C.- La dificultad de los partidos para apartarse de su propia propaganda incluso cuando ésta se ha demostrado falsa, cosa que les empuja a...

 

D.- Emitir aún más y más inverosímil propaganda.

 

Un ejemplo de esto:

 

I) El 27-S se promete que si hay mayoría (“dadme 68 escaños y proclamo la independencia”), se haría una DUI (Declaración Unilateral de Independencia).

 

II) Se obtiene mayoría absoluta de escaños, pero no se hace una DUI.

 

III) Se promete un RUI (Referéndum Unilateral de Independencia) el 1-O, y se promete que si gana el sí (sin participación mínima), se hará la DUI.

 

IV) 1-O, hay un RUI con mayoría del sí, y se hace una DUI simbólica (es decir, no se hace ninguna DUI).

 

V) Se dice que Catalunya es independiente, pero que hace falta hacer la independencia efectiva, y que para hacerlo hay que ganar el 21-D y restituir el gobierno.


VI) Se gana el 21-D, no se restituye el gobierno, y se habla de “hacer república”.

 

Otra característica del procés ha sido la fagocitación de las organizaciones independentistas de la sociedad civil por los partidos políticos (sobre todo Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural), hasta el punto de que, durante la mayor parte del tiempo, éstas han sido una especie de agencia para organizar actos y manifestaciones, además de una herramienta para la antes explicada guerra electoral entre CDC y ERC.

 

Finalmente, todo esto es posible por un casi absoluto control de la prensa afín, de tal forma que en muchos casos los medios de comunicación se han convertido en agencias de comunicación política de los partidos independentistas (cada uno con el suyo), que cubren sus actos, critican al adversario (interno y externo), lanzan globos sonda, se hacen eco de los tuits de sus personalidades, vetan opiniones indeseables, etc.

 

Mención especial merece también la utilización de la administración pública como organismo de colocación del personal de los partidos y de distribución de subvenciones y contratos con criterios políticos. La manera como se premia la disciplina y se castigan las opiniones discordantes en el independentismo, además de con el megáfono de la prensa amiga, es con la recompensa de cargos (o simples trabajos teóricamente no de confianza) o la amenaza de dejar de recibir subvenciones, contratos de publicidad o contratos más mundanos.

 

Cabe decir, para terminar, que puede objetárseme que algunos de los fenómenos descritos se dan en otras comunidades autónomas, o a nivel nacional, o en otros países. No era mi intención describir un fenómeno único, sino solamente resaltar que, en los años de procés independentista en Cataluña, esto se ha dado muy intensamente, cosa que puede explicar en parte el cómo y el porqué del viaje recorrido desde 2012 hasta 2018, incluyendo la situación actual.

 

En resumen, la arquitectura y el rumbo del procés puede ser explicada en buena medida por los incentivos y la conducta de sus dos principales actores, que tienen en mente principalmente una lucha mutua por el votante indepe, quedando las demandas de independencia como algo a satisfacer sólo estéticamente. El control que estos partidos tienen sobre entidades, medios de comunicación y administración, así como su discurso dificultan enormemente que se vean forzados a cambiar de dinámica, y dificulta el surgimiento de una alternativa que los pueda reemplazar.

 


[a] De hecho, sólo recientemente comienza a aparecer una oposición al relato hegemónico respecto al gabinete Puigdemont.

 

 

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