Inmersión Lingüística: A favor de Babel (IV)

07/11/2018

En la respuesta a mi artículo en defensa de la inmersión lingüística, se resumen correctamente los que yo creo son los beneficios de que en una sociedad exista una pluralidad de lenguas y culturas. En cambio, pienso que se malinterpreta el mecanismo que une la inmersión lingüística con la preservación de una cultura. Este malentendido, dicho sea de paso, posiblemente sea por mi falta de explicación al respecto.

 

En el artículo anterior uso en todo momento los términos lengua y cultura yuxtapuestos, pero sin explicar por qué. Lo que es una cultura es difícilmente segmentable con un único criterio; podemos segmentarla geográficamente (la cultura local de Constanza, la de Baviera, la alemana, la germánica, la occidental), sociológicamente (o lo que podríamos denominar subculturas por clase social, oficio, tribu urbana…), e incluso por otros criterios e influencias (judeo-cristiana, greco-romana…).  La lengua es un elemento que sólo define parcialmente a algunas de estas clasificaciones, a pesar de interseccionarse con la mayoría. Sin embargo, la lengua es la manera como una cultura determinada (la segmentemos, expliquemos o definamos como queramos) se transmite, expresa y se transforma. O dicho de otra forma, puede existir una lengua sin una cultura asociada (el Esperanto, por ejemplo), pero si muere la lengua con la que una cultura se expresa, la cultura muere con ella.

 

Muchas palabras o usos lingüísticos van acompañados de una serie de connotaciones, matices y características estéticas que nacen y evolucionan con los hablantes. Pongamos un ejemplo trivial quizás, pero ilustrativo. Mi impresión es que la palabra “prou” en catalán, usada como “sí”, lleva aparejada un enjambre intangible del que carece la palabra “sí”. “Prou” significa sí, pero con la connotación de “bueno” (similar al verbo “provar”: “aquest vestit et prova”), con la connotación de “suficiente” (que es la otra acepción de prou, además de sí), con la connotación de “mucho” o “fuertemente” (“prou que ho sóc, del Barça”), así como una especie de muestra de mesura o modestia acerca del objeto de la afirmación (“sí” es muy taxativo, “prou” lo es menos, e indica cierta reflexión, lo que puede sugerir mayor certeza).

 

Toda esta riqueza se pierde si la cultura de los hablantes muere (es decir, si los hablantes usaran la lengua como alguien usa el Esperanto, es decir, como algo unidimensional, foráneo y oxidado; para entendernos, si los catalanoparlantes usaran “prou” exactamente como usan “si”). Y de forma inversa, los valores (respecto moral, virtud, estética) de la cultura que habla esa lengua se pierden cuando la lengua desaparece. Cuando ya no existe la conexión mental automática entre “sí como “sí” vs de “prou” como “sí, bueno, suficiente, fuertemente, con ponderación”, se pierde algo en el espectro que mencionaba en el otro artículo (hedonismo vs responsabilidad, orden vs libertad, etc.): la cultura ya no es algo orgánico, sino un libro de historia lleno de polvo.

 

Esto, evidentemente, no acaba de resolver cuál es la relación completa entre cultura y lengua. No obstante, sirve para ilustrar porqué yuxtapongo “lengua y cultura” cuando hablamos de la inmersión lingüística en Catalunya. (Naturalmente, podría ser objeto de mucha reflexión cuestionarnos el papel de las subculturas o de los agregados culturales “occidente” “mundo árabe”, etc. y el papel de las lenguas en su pervivencia.)

 

Sobre el segundo punto, el malentendido es el siguiente. El artículo que me responde entiende que digo que como en la lengua se codifican los rasgos de una cultura, entonces estoy afirmando que enseñando una lengua se adoctrina al alumno en la cultura que lleva aparejada una lengua para garantizar la pervivencia de esta última.

 

A pesar de que el objetivo es, efectivamente, la pervivencia de una lengua, el mecanismo descrito en el artículo no es el que yo proponía. El aprendizaje de una lengua no implica necesariamente la creación o modificación de los patrones de valores, cosmovisión, etc. propios de una cultura en un individuo. Yo sé inglés a un nivel muy elevado, pero disto de ser culturalmente anglosajón (por falta de socialización, por la mayor presencia de otra cultura en mi vida). De una forma similar un hablante de esperanto no es de cultura esperanto (porque ésta no existe). Consecuentemente, la inmersión lingüística no puede ni debe querer tener por objetivo la “catalanización de los alumnos”.

 

El mecanismo es otro, y mucho más complejo en lo social. Hablo en términos agregados. Dado que uno de los requisitos para que una cultura perviva es que un idioma siga vivo (y no sólo con hablantes competentes de esperanto), hay que crear las condiciones sociales y materiales para que el idioma siga vivo, y preferiblemente sin respiración asistida. Es decir: una lengua de 1000 hablantes está virtualmente muerta. Una lengua de 100.000 o 1.000.000 de habitantes puede sobrevivir, pero con fuerte protección o estímulo estatal. Ahora bien, una lengua de 10 o 20 millones de hablantes puede perfectamente tener un músculo artístico, editorial, periodístico, etc. propio, capaz de crear las condiciones para que los hablantes encuentren lo que les estimula, lo que necesitan y lo que demandan en dicha lengua.

 

Un ejemplo gráfico: si hay 10 millones de personas que entienden el catalán (sin ser necesariamente culturalmente catalanas), existe un mercado para que se escriban y editen libros en catalán, para que haya periódicos de calidad en catalán, para que la Wikipedia en catalán sea de las más leídas en el mundo, y en resumen, para que no haya que echar mano del castellano, el francés o el inglés a un ritmo que oxide la cultura catalana: para que ésta perdure.

 

En resumen, existe una conexión íntima entre cultura y lengua, una conexión que requiere de una lengua viva y vigorosa para sustentar la cultura subyacente (y viceversa). Eso no significa, sin embargo, que haya que adoctrinar a nadie para preservar determinada cultura. Pero sí hay que fomentar el conocimiento de la lengua, pues su pervivencia es, tal y como se argumentaba en el anterior artículo, valiosa.

 

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