Sueldo mínimo sin peligros: una propuesta

 



Recientemente los periódicos abrían con el acuerdo entre PSOE y Podemos siendo la medida estrella la subida del sueldo mínimo interprofesional (SMI) de los 736€ hasta ahora vigente, hasta los 900€ (cien menos de los que en un inicio proponía la formación de Iglesias, cincuenta más de los que parecía que iba a aprobar el PP).

 

Con independencia del color político de cada uno a nadie escapa que el aumento de los sueldos, y en especial de los más bajos, es siempre un fin deseable. (En especial, cuando el sueldo mínimo establecido es tan sumamente bajo, y cuando 900€ puede seguir considerándose un “sueldo de miseria”). No obstante, y como tantas veces ha sido destacado, conseguir esa subida desde los parlamentos no siempre es posible o incluso contraproducente.

 

En contra del aumento del SMI se aduce que puede conllevar la destrucción de empleo y dificultar su creación en la medida en que encarecer un elemento productivo tiende a disminuir su compra, (tanto si ese elemento es una materia prima, como si es el trabajo humano.) El razonamiento detrás de ello es bien sencillo: Imaginemos -simplificando- que la riqueza que crea diariamente un trabajador es de 10€. ¿Hasta qué punto puede subirse el salario mínimo diario para que siga siendo rentable para la empresa el tener a ese trabajador contratado? Apurando mucho podríamos decir que hasta 9,99 €. Como el coste de ese trabajador para la empresa suba más, ese trabajador acabará despedido porque tenerlo contratado sería perjudicial. Luego, parece sensato afirmar que, al menos por regla general, como más se suban los sueldos más difícil será que se contrate, en especial en los trabajos menos productivos y en las empresas con menos márgenes. O dicho de otro modo: si por ley se suben los sueldos mínimos, las personas cuyo trabajo tenga un valor de mercado inferior al SMI, dejarán de ser empleables.

 

Pero lo cierto es que no hace falta que el salario mínimo se acerque tanto a la productividad económica del trabajador para tener efectos nocivos sobre el mismo. Y es que como más baja sea la rentabilidad de contratar a un nuevo trabajador menos probable es que un empresario se arriesgue a contratarlo por miedo al coste que la posible indemnización de despido pudiera tener. Es más, aun cuando el despido fuera totalmente libre y sin cargas, como contratar a una nueva persona acostumbra a tener un coste en formación aún habría motivos para pensar que contratar a alguien es una inversión a ponderar.

 

En definitiva, incluso para un profano en la materia se hace evidente que encarecer un producto -el trabajo- hace que el mismo tiende a comprarse menos (ceteris paribus). Juan Ramón Rallo lo ejemplificaba muy bien en un provocador tuit: “Empresa de diez trabajadores cobrando el SMI. La subida es de 192,5 euros mensuales (prorrateada en 12 pagas). Contando Seguridad Social, 250 euros al mes: 3.000 euros anuales. Con diez trabajadores, 30.000 euros de sobrecostes. ¿Entendemos ya qué le pasará a esta micropyme?

 

Entiéndase bien: todo lo dicho no implica que, necesariamente, la subida de SMI vaya acompañada de un aumento del paro y una disminución de la contratación. El empleo es un fenómeno claramente multicausal que no solo dependen del precio del trabajo. De hecho no cabe descartar que el aumento de los salarios podría contribuir a aumentar el consumo y -all things considered- compensar el encarecimiento del trabajo. Es más, mientras el poder negociador del trabajador sea -por regla general- muy inferior al del empleador no proteger al trabajador puede hacernos volver -y permítaseme la exageración-  a los tiempos de Dickens. Luego que haya algunos límites a la hora de contratar no es en absoluto descabellado.

 

No obstante, lo que se pretende destacar aquí es que si bien es incontestable que sueldos de 736€  (o incluso de 900€) son un fracaso social contra el que pelear con empeño, es importante hacerlo de forma sosegada, atendiendo a las dificultades que medidas bienintencionadas e inocentes podrían conllevar. Es decir, que la indignación que la extendida precariedad laboral existente merece no puede llevarnos a imponer políticas que desconozcan las leyes básicas de la economía.

 

Dicho esto, y reconocidos los importantes peligros del aumento del sueldo mínimo aplicado “a rodillo”, un aumento del salario mínimo aplicado “quirúrgicamente” no tendría porque tener ninguno de estos peligros. En mi opinión encarecer el trabajo solo en determinados sectores económicos puede ser viable. Pensemos en un trabajador que crea diariamente una riqueza, no de 10€, sino de 100€. Si en la empresa de ese trabajador el sueldo mínimo se subiera de 6€/dia a 12€/dia a ese empresario le seguiría saliendo muy a cuenta tenerlo contratado. Ahora se lucraría ligeramente menos, pero ni se le ocurriría despedirlo. Luego, como mayor sea la riqueza que crean los trabajadores de una empresa, más puede subirse el SMI en la empresa sin que ello repercuta negativamente en la cantidad de trabajo que la misma compra.

 

¿Qué importancia tiene esto? Esta observación sirve para permitir que en aquellas empresas en que el lucro sea mayor sí se pueda subir el SMI sin demasiado riesgo, lo que de hecho entronca a la perfección con la injusticia que el SMI debería intentar combatir. Y es que no siempre que hay un sueldo bajo hay una injusticia o un abuso: por ejemplo, si un trabajador genera muy poca riqueza al día, que le paguen muy poco es triste, pero aceptable. Es decir, si por vicisitudes del mercado un trabajador solo genera 6€ de beneficios por hora (p.ej. porque entran muy pocos clientes al bar en que hace de camarero), que su jefe le pague 4€ la hora es comprensible. Ahora bien, si un trabajador genera 12€ la hora, si su jefe le paga 4€, podría tratarse de un abuso toda vez que ese bajo sueldo no estaría justificado por los bajos márgenes de la empresa. No obstante, como ya veíamos, si para luchar contra esta injusticia subiéramos el SMI de 5 a 8, de forma que el trabajador que genera 12 se lleve 8, entonces mandaremos a la calle al que, también trabajando esforzadamente, genera solo 6. ¿Qué hacer? Como digo creo que cabría subir el SMI solo allí donde se pueda, es decir, solo allí donde haya personas pagando sueldos de miseria cuando la situación económica de la empresa permitiría un sueldo más digno[1].

 

Qué se considera un sueldo digno y qué un sueldo de miseria es claramente discutible y diferente para cada tipo de trabajo. No obstante, creo que todos podríamos convenir que hay bastantes trabajos -dependientes en tiendas de ropa, mozos de almacén, repartidores/”riders”…- en que el sueldo recibido es muy bajo y que esa bajeza no se debe a que su producción diaria sea también muy baja, o que la empresa no tenga suficiente margen. O dicho de otro modo: si bien es cierto que el valor de mercado de esos trabajos no es muy alto, el sueldo que reciben es aún más bajo.  

 

Con todo se podría mantener que encarecer el trabajo, aun cuando no motivaría despidos en la empresa en cuestión, sí dificultaría nueva contratación u otros objetivos necesarios par el funcionamiento de una empresa como la inversión en nueva maquinaria, la creación de una “hucha” de reserva etc.. No hay ningún problema con ello. Mientras los bajos sueldos estén realmente justificados para la continuidad de la empresa pueden ser admisibles[2]. Ahora bien, si los sueldos bajos son evitables y solo responden a que se saque un margen aún mayor, entonces no debe permitirse. Entiéndase bien: no hay nada recriminable en enriquecerse ni en enriquecerse muchísimo. En absoluto. Sin embargo, lo que no es aceptable es que esa riqueza  sea a costa de sueldos ridículos. Para que sea legítimo sacar grandes provechos antes es necesario que todos los sueldos sean adecuados. Los márgenes solo deben aumentar cuando todo ello sea compatible con una remuneración justa. ¿Qué significa esto en términos monetarios? Difícil precisarlo, pero creo que no sería alocado decir que –en términos aproximados- el empresario no debe pretender aumentar su beneficio antes de que –digamos- todos sus trabajadores a jornada completa obtengan alrededor de 1200€ netos. En caso contrario empezamos a acercamos peligrosamente al terreno de la explotación y al enriquecimiento inmerecido.

 

En definitiva, a mi parecer es posible un uso del SMI para lo que de verdad debería servir: para que los mozos de almacén de Amazon, o las dependientas de Zara no cobren una miseria a fin de que los socios y directivos de esas compañías aún sean más ricos sin por ello hundir a una humilde PYME cuyos bajos sueldos responden a los bajos márgenes de la misma. Sin duda el aplicar medidas de forma “selectiva” es algo legalmente poco habitual y de muy difícil aplicación. No obstante, considero que la lógica que habría detrás no debería conllevar mayores problemas: tratar diferente lo que es diferente, y mejorar la situación allí donde buenamente se pueda.

 

 

 

 

[1] Se dirá que aquellas empresas donde los trabajadores crean más riqueza –más valor añadido- y donde en teoría cabría aumentar el SMI de forma segura, son precisamente aquellas empresas donde mejor se cobra dado que esos trabajos acostumbran a ser los de alta o media cualificación. Algo así sería cierto, pero solo a medias. Y es que si bien es cierto que los trabajadores que más valor crean acostumbran a estar bien remunerados, eso no excluye que existan muchos trabajos en los que existan sueldos de miseria sin que los mismos respondan a la baja productividad del trabajador.

 

[2] No obstante, añadir que para que realmente fuera aceptable que una empresa pagara sueldos muy bajos por causas de necesidad económica debería entonces empezarse a crearse una deuda de la empresa ante el trabajador según la cual esta tuviera que reembolsarle al mismo el día en que la situación económica lo permitirá toda aquella parte del sueldo que en su día no se pudiera haber ingresado. La idea sería que si el trabajador acepta sueldos muy bajos a fin de que la empresa siga adelante, la empresa debe compensárselo en el momento en que esté en disposición de hacerlo. 

 

 

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