Inmersión lingüística: A favor de Babel (II)

15/10/2018

Hace algunos días se publicó en esta revista una reflexión acerca de la inmersión lingüística en Catalunya, y éste es un artículo de respuesta al mismo.  En el artículo precedente se desarrolla una teoría muy razonable sobre los factores que deberían ser relevantes a la hora de decidir qué porcentaje de asignaturas no-de lengua deberían darse en una lengua u otra y porqué.

 

Es una de sus premisas, resumida en el siguiente fragmento de la introducción, con la que tengo problemas: “considero que el plurilinguismo es un lastre para la humanidad. Así, no creo que una mayor riqueza lingüística conlleve alguna ganancia cultural o intelectual. No creo que el mundo mejore o empeore cuando una lengua nace o muere. Las lenguas son simples herramientas y tener más de una no es muy práctico; al contrario, es un castigo divino”. Yo considero que sí hay un valor en tener más lenguas que menos (y las culturas que suelen llevar aparejadas -o viceversa-, con matices).

 

Empecemos por el principio. La primera idea fundamental es que puede establecerse una distinción entre finalidades políticas y finalidades pedagógico-laborales de la educación. No tengo un problema con eso.  Pero además se dice que puede hacerse una educación basada únicamente en el segundo grupo de finalidades, léase, en intentar “[dar] al alumno lo que más necesite tanto a nivel intelectual como a nivel práctico”.

 

Evidentemente, sería por mi parte injusto interpretar que el autor afirma que es posible, o deseable, extirpar quirúrgicamente cualquier atisbo de política de la educación. No es posible por motivos obvios, y de hecho el artículo admitiría una educación para ciudadanía, pero con la menor cantidad de política indispensable, favoreciendo siempre lo pedagógico-laboral. Pero la cuestión que se examina en el artículo no es la del contenido de las asignaturas sino la de la lengua vehicular con la que se enseñan, y esa elección es inevitablemente política, es decir, no pueden obviarse las consecuencias políticas y sociales (el artículo las llama culturales) de escoger una lengua vehicular u otra para la educación obligatoria. Es más: no es justo pretender que es una elección puramente técnica. Visto desde otro punto de vista: el artículo original dice que “debería descartarse cualquier instrumentalización de la educación para fines globales de tipo cultural”. Visto así parece hasta razonable, pues quiere prohibir algo así como “usar a nuestros hijos para finalidades ajenas a ellos”. Lo que no se dice a continuación es que hay una diferencia importante entre querer usar la educación para conseguir un objetivo cultural (o político/social, en el fondo) y simplemente no ignorar los efectos culturales (políticos/sociales) de una determinada decisión respecto la lengua vehicular. Es decir: tan malo sería, en mi opinión, querer que el catalán sea la lengua vehicular en Catalunya exclusivamente para conseguir la “catalanización de los alumnos catalanes” como ignorar deliberadamente que se produce la “descatalanización de los niños catalanes” al retirar la inmersión lingüística.

 

La otra opción, claro, es que no se ignore este efecto, sino que simplemente nos dé igual. Es decir: contemplo que eliminando la inmersión lingüística se hiere de muerte a una lengua entera, pero es que considero que la pervivencia de una lengua no tiene ningún valor (o, alternativamente, que quizás tiene algún valor pero que siempre debe ceder ante las finalidades pedagógico-laborales). Es, efectivamente, una postura defendible, pero lo que no puede hacerse es intentar despolitizarla. Hay una preferencia clara por “lo justo para el alumno” vs “lo positivo para la sociedad”, cosa que en mi opinión no es enteramente disociable, y aunque lo fuera, sería una decisión claramente política.

 

Para entender de lo que hablo conviene separar dos niveles de análisis distintos: el moral y el social/político. Evidentemente es una clasificación criticable porque en cierta medida lo que es justo a nivel moral/individual debería ser bueno a nivel social/político, pero hagan el esfuerzo conmigo de separar lo que querrían ustedes para sus hijos/as, individualmente considerados de lo que considerarían ustedes justo que el Estado implementase para todos los niños/as. Es verdad que un kantiano de bien nunca separaría estas dos cosas, pero aquí solo quiero resaltar que son de distinta naturaleza los efectos que un modelo educativo puede tener para una persona respecto los efectos que puede tener para la sociedad, aunque uno pueda considerar que las dos coinciden. Para que nos entendamos: una formación que prepare bien al alumno para el mundo laboral está bien moralmente porque garantizar la igualdad de oportunidades es lo justo, pero también está bien por otro tipo distinto de motivos, léase, que es positivo socialmente porque una mano de obra más cualificada es uno de los elementos que contribuyen al crecimiento económico, al bienestar, etc. Hecha esta distinción, es importante destacar que existen evidentes vasos comunicantes entre lo moral y lo político. Por ejemplo: una sociedad que fuese extremadamente pobre por ser extremadamente ineficiente podría ser moralmente virtuosa a priori, si (entre otras cosas) hubiese justicia distributiva y de oportunidades entre sus miembros, que, por ponerlo gráficamente, morirían de hambre libres e iguales. Pero si esa ineficiencia fuese evitable con una serie de recetas colectivas (políticas, económicas) determinadas, ¿verdad que sería inmoral no tomar esas recetas pudiendo hacerlo, condenando al hambre a los individuos de esa sociedad? Y es que este punto es central, pues el artículo original quiere trazar una frontera entre finalidades “pedagógico-laborales” y finalidades políticas o culturales, proponiendo que cada vez que deba elegirse cuáles priorizar, deben caer las segundas.

 

El artículo acertadamente apunta que siempre que el coste de oportunidad para el alumno (siempre en términos pedagógico-laborales) de poner una lengua determinada como lengua vehicular sea mayor que el beneficio conseguido, se está produciendo una ineficiencia (dado un numero limitado de horas al día disponibles para aprender) injustificable. Mi punto no es discutir esa afirmación, sino señalar que el artículo subestima ese “beneficio” potencial de tener una lengua determinada como vehicular, porque sólo lo consideraen términos pedagógico-laborales individuales y cortoplacistas.

 

¿Y cuáles son esos beneficios (políticos/culturales y pedagógico-laborales) de que una lengua y cultura perviva que, en mi opinión, el artículo infravalora? Para eso tengo que explicar cuál es el papel que creo que juega la existencia de culturas diversas en la formación de un sistema moral correcto y de un sistema político virtuoso. Pues bien, a no ser que se crea que existe una idea de bien y de mal a la que se pueda acceder sin filtros como la socialización o el lenguaje, se estará de acuerdo conmigo que la cultura de la que uno/a parta es muy relevante en términos morales, incluso sin dejar de ser objetivista moral. Evidentemente pueden hacerse muy loables esfuerzos para abstraerse o distanciarse de esos filtros, reduciendo considerablemente la dependencia de nuestra moral respecto nuestros condicionantes culturales, sin poder, a mi juicio, estar nunca seguro de haberlo conseguido, por falta de un punto de referencia universal, una especie de estrella polar moral visible “in-mediatamente”. Casi todos estamos convencidos de nuestras convicciones morales más potentes (por ejemplo: matar gente en general está mal, tener esclavos está mal), y sin embargo en otras épocas tales creencias eran extravagantes, y posiblemente en el futuro opiniones minoritarias (matar y comer animales está mal) devengan la moral imperante. Para despejar dudas: no vengo a predicar el relativismo moral, sino a subrayar que es concebible que nos equivoquemos respecto a lo que es el bien y el mal. (De hecho, una vez que admito que cabe el fallo moral solo hago que negar el relativismo, el "todo vale"). Dicho brevemente: estoy convencido de que la esclavitud en la antigua Roma estaba igual de mal que ahora y sin embargo admito la posibilidad teórica de error, porque tendría algo de arrogante no hacerlo.

 

Volvamos al tema de las culturas: ¿por qué es valioso que haya varias y no una sola, y por qué es mejor que haya muchas que pocas? Dado, como he explicado, que es posible (y hasta probable) que nos equivoquemos respecto del bien y del mal, y dado que nuestra moral está fuertemente condicionada por nuestra cultura, es preferible que nos equivoquemos de formas distintas -que exista pluralismo moral- pues eso nos obliga a comparar constantemente sistemas morales, examinando críticamente nuestras propias convicciones. No digo con eso que sea imposible examinar nuestras convicciones sin compararlas con las del vecino. Tampoco digo que todo el mundo, ni tampoco que una mayoría de gente examine críticamente sus convicciones incluso sabiendo que existen convicciones distintas. Es evidente que un puñado de sabios de la filosofía moral siempre estarán intentando refutarse entre sí, incluso si solo hay una cultura y un idioma en la tierra. También es evidente que en caso de desaparecer todas las culturas y lenguas del mundo excepto una, podríamos consultar la moral de las culturas muertas en los libros de historia. Sin embargo, mi impresión es que la moral imperante en una sociedad determinada, pese a no ser impermeable a las cavilaciones de los sabios de la filosofía moral, está más determinada por otros factores, como por ejemplo las migraciones, los mestizajes, el comercio y la guerra entre pueblos, el sincretismo religioso, etc. Es decir: a efectos de determinar cuánto mal y cuánto bien se produce en el mundo es más importante ver qué tanto mal y bien hacen las personas reales que ver si los sabios antes mencionados han llegado a La Verdad Moral correcta.Y lo mismo que aplica a la moral a plicala virtud personal y política. ¿A qué me refiero con eso? Pues que en la cultura y la lengua existe una especie de codificación de preferencias y valores respecto lo que funciona y lo que no, lo que es responsable y diligente y lo que no. Es decir, las culturas y lenguajes contienen determinadas preferencias sobre cuestiones prácticas: ser prudente vs arriesgar, hedonismo vs moderación, propensión al sacrificio, tipo de relación del individuo con la comunidad; y ya a nivel político, preferencia por el orden respecto a la libertad, preferencia por el bienestar respecto a la libertad, idealismo vs pragmatismo, observancia germánica de la ley vs picaresca mediterránea…

 

Pero no solamente es la pervivencia de varias culturas y lenguas valiosa por permitir en mayor medida el examen “descentralizado” de moral y virtud política, sino que además reduce los costes de transición de una convicción moral a otra, en términos sociales. Por poner un ejemplo muy gráfico: imaginemos que, en un plazo de 15 años, por lo que sea en occidente nos damos cuenta de que esclavizar y comer animales es inmoral, y un 80% de la población se vuelve vegana. Pues ¡gracias a los pueblos de Asia sabemos qué es y cómo cocinar el alga nori, el tempeh, el miso y el tofu!

 

De acuerdo, esto puede parecer más o menos trivial, porque en la actualidad parece que vamos muy sobrados de tecnología y de start-ups y de mentes creativas y nuestro "miniyo eurocéntrico "nos susurra que nos bastamos y nos sobramos sin el resto del mundo. Pero extrapolémoslo sino a los costes de transición respecto a la virtud política. Imaginemos que, en un período relativamente corto de tiempo, por lo que fuera, en occidente la mayoría de gente llega a la conclusión que esto de la libertad individual y los derechos civiles y políticos esta sobrevalorado, y merece más la pena un sistema institucional y político diseñado para conseguir exclusivamente orden, estabilidad y crecimiento. Pues ahí está el confucianismo, el Mandato del Cielo (no en sentido teológico sino político) y el Estado chino moderno. Insisto: no digo con esto que nos fuera imposible a los occidentales imaginar un sistema similar o mejor para conseguir orden, estabilidad y crecimiento, sino que el hecho de que esto ya esté probado durante miles de años con millones de personas reduce la incertidumbre sobre qué diseño adoptar para conseguir orden, estabilidad y crecimiento.

 

Cada cultura y lengua es, en resumen, una pequeña cosmovisión y sistema de preferencias que es valioso conservar por todo lo expuesto. Y aún más -y no sé suficiente de neurociencia para desarrollar esto-, pero no me parece descabellada la hipótesis de que diferentes lenguajes produzcan distintas formas de pensar el mundo, y que esto sea más eficiente a nivel del potencial creativo humano agregado, ya sea mediante la formación de equipos multilingües o ya sea mediante el fenómeno del bilingüismo. Por todo esto pienso que cuando el artículo al que respondo obvia el beneficio personal que para el individuo tiene criarse en un mundo heterogéneo y mestizo, beneficio que es a la vez político y pedagógico-laboral; creo además que peca de dar por sentado algo que por suerte nunca ha estado ausente en la historia de la humanidad.

 

 

 

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