Dos argumentos en contra de la gestación subrogada

Claudio Schwarz | @purzlbaum@purzlbaum


Son muchas las problemáticas morales que han nacido al calor de los avances tecnológicos del pasado siglo[1]. No obstante, no creo que haya ninguna tan compleja ni rica como es la de la gestación subrogada que nos obliga a interrogarnos sobre multitud de asuntos: los límites de la autonomía personal y la posibilidad de comerciar con el propio cuerpo, el funcionamiento y la naturaleza de las relaciones de filiación, la libertad real implicada en estos tipos de pactos, la misma naturaleza del acto –¿se intercambia un servicio? ¿se vende una persona? ¿se vende a un niño?- y muchos más. Es por ello que en lo que sigue querré centrarme de forma muy sintética en solo uno de los muchos aspectos que rodean la moralidad de la gestación subrogada.

 

Incluso entre quienes albergan posturas claramente liberales hay quienes argumentan que la gestación subrogada es claramente inmoral porque, al contrario de lo que podría parecer, afecta y daña, no solo a la propia gestante, sino también a terceros inocentes. Luego, incluso asumiendo que el contrato de gestación –altruista o remunerado- fuera absolutamente libre y carente de cualquier coacción (física, psicológica, económica, cultural…) se dice que, en aplicación del principio milliano del daño –según el cual el único límite legítimo a la libertad individual es el daño a terceros- la gestación subrogada debe ser considerada ilícita. Dos son los caminos habituales por los que se canaliza esta idea: el argumento del daño y (una de las muchas versiones) del argumento expresivo.

 

Argumento del daño

 

Aunque hoy en día ya no sea una posición tan habitual como antaño no son pocos los autores que reivindican el daño que para el bebé puede suponer verse implicado en esta clase de procesos (por el que la persona que realiza la crianza se distingue de la persona que realiza la gestación). Se alega que la rotura del vínculo gestante-hijo que se forma en el útero durante el embarazo puede tener efectos perjudiciales para la criatura en sus etapas post-parto más iniciales[2], así como efectos psicológicos a largo plazo como podría ser el impacto emocional que conlleva para uno el descubrir “que su madre no es su madre”[3].

 

No obstante, lo cierto es que la realidad de estos daños no es una cuestión pacífica. Diversos autores apuntan que el bienestar de los niños que fueron gestados de forma subrogada no es diferente del de niños que no lo fueron[4].  Es más, hay quien apunta que las parejas que recurren a técnicas de reproducción artificial son parejas más estables que la pareja media y que por tanto ofrecen un entorno más deseable para la crianza[5]. De allí que la popularidad académica de este argumento haya decaído en los últimos años. Sin embargo, también hay quien de forma razonada pone en duda la calidad de esos estudios –que recordemos tampoco son muchos-, por lo que, si somos serios, no podemos descartar del todo que ese mal antes mencionado exista[6]. Así pues, en la medida en que la existencia de ese mal es aun controvertida no puede abordarse el argumento del daño de forma conclusiva (quedando abierta, eso sí, la posibilidad de esgrimir un nada desdeñable argumento de la prudencia.)

 

Dicho esto, mi objetivo de fondo en relación al argumento del daño es hacer la siguiente observación. Para que esa maniobra funcionase realmente no bastaría con que se mostrase que la gestación subrogada causa algún daño al hijo, como parece que pretenden mostrar sus críticos. En absoluto; para que la existencia de un daño para el gestado invalidara la gestación subrogada sería necesario que se mostrase que con la misma se causa un daño mayor del aceptable pues lo cierto es que a día de hoy ya aceptamos sin ambages la legitimidad moral de muchas prácticas por parte de los padres respecto a sus hijos que sin duda tienen un claro impacto negativo sobre los mismos. Piénsese por ejemplo en los cambios de ciudad por trabajo de los padres que obligan al niño a dejar atrás su antiguo colegio y amigos, o en contratar una niñera en vez de ocuparse uno mismo de toda la crianza[7]. Piénsese también en los divorcios: incluso los más pacíficos y civilizados pueden causar un mal significativo al menor, sin que por ello saltemos a la conclusión de que un matrimonio con hijos cometa una inmoralidad inaceptable al separarse[8]. Luego si debemos condenar determinada práctica como la gestación subrogada es necesario no solo mostrar que conlleva un mal para el hijo, sino que tal mal es mayor de lo aceptable. Es decir, debe demostrarse que se trata de un daño más próximo al que causa fumar durante el embarazo –que consideramos inaceptable- del que causa un divorcio (amistoso) –que consideramos aceptable.

 

Dicho resumidamente: de todas las acciones que realizan los padres de una criatura algunas son perjudiciales para la misma. Sin embargo, no consideramos que todas ellas sean inmorales. Luego para demostrar que una acción dañina para un hijo es inmoral no basta con mostrar que la misma es dañina. 

 

Argumento expresivo

 

El segundo argumento que incluso un planteamiento miliano podría usar en contra de la gestación subrogada (cuando la misma fuera realizada en circunstancias de absoluta libertad) es el que denomino argumento expresivo.  Bajo esta etiqueta recojo el conjunto de razonamientos por los que se critica la gestación subrogada en base al supuesto mensaje misógino y sexista que transmite y que, por lo tanto, ocasiona un daño social muy importante al favorecer comportamientos de esa tipo. En especial, también es muy habitual oír esta clase razones por parte del pujante feminismo radical, (tal y como también se exponía en otro de los artículos ya publicados sobre la materia.) Por ejemplo, en relación a la prostitución –que para el caso creo que nos sirve- Ana de Miguel escribía en su popular Neoliberalismo sexual, lo siguiente:

 

La prostitución [para el caso la gestación subrogada] afecta al imaginario de lo que es una mujer y lo que se puede esperar de ella, también a lo que se puede hacer de ella. Refuerza la concepción de las mujeres como cuerpos y trozos de cuerpos de los que es normal disponer y que ni siquiera suscita el interés de preguntarse cómo ni por qué están ahí” (de Miguel, 2015).

 

Son dos los motivos conexos que me llevan a descartar esta clase de razonamientos tan habituales hoy en día, comunes por igual en la derecha y en la izquierda. En primer lugar comparto las dudas que expresaba Pablo en su artículo: es muy dudoso que la gestación subrogada exprese, en sí misma, algún mensaje. Y es que habrá quien en una práctica así verá la zarpa del patriarcado  sometiendo una vez más a la mujer. Pero habrá también quien vea en ello una reivindicación profundamente feminista que subvierte la imagen de la mujer como aquel ser cuya vida solo tiene sentido en la maternidad y la familia. Como con la prostitución habrá quien interpretará la gestación subrogada como la instrumentalización y degradación del cuerpo femenino, pero habrá quien vea en ella la afirmación de la soberanía femenina y la exaltación de su consentimiento como enteramente soberano y digno del más absoluto respeto por parte de terceros. Así, por ejemplo, Arneson (1992, p.162): “legal toleration of surrogacy presupposes that the woman’s body is hers and hers alone unless she consents to some particular use of it.”

 

Como es evidente  este “toma y daca” hermenéutico podría seguirse indefinidamente. Y no porque descubrir el significado de la gestación subrogada sea especialmente difícil, sino porque tal significado no existe. La gestación subrogada –como la prostitución, el divorcio, la eutanasia…- no expresan nada, por mucho que a unos les sugiera unas cosas y a otros otras. ¿Qué expresa, en sí mismo, el segundo vals de Shostakovich? Nada, por mucho que yo unos días lo encuentre muy triste y otros muy alegres. Su significado me lo invento yo cada vez que lo escucho. Así pues, si la gestación subrogada –como tantas otras prácticas- no tiene un significado intrínseco -y solo el que cada uno le quiere dar- su moralidad o inmoralidad no puede depender del mismo.

 

En segundo lugar los argumentos expresivos deben descartarse porque incurren en una falacia evidente: y es que del hecho de que determinada práctica pueda contribuir a extender ideas nocivas –por ejemplo, ideas sexistas- no se sigue que la realización de la práctica en cuestión sea inmoral. Es decir, que incluso asumiendo que la práctica de la gestación subrogada contribuyera a extender ideas sexistas y misóginas ello no implicaría que la misma fuera inmoral. Darse cuenta de ello –en apariencia muy sorprendente, quizás incluso indignante- es bien sencillo: hoy en día el que una mujer tenga relaciones sexuales con muchos hombres distintos podría contribuir a que se perpetuase el estigma de que “todas la mujeres son unas frescas indignas de confianza que solo van a lo que van”. Esto es, podría extender el mito de “la mujer como perdición del hombre”. Igualmente que una mujer decidiese centrar su vida en casarse, tener hijos y dedicarse a jornada completa a su cuidado podría alimentar el tópico antes descrito de “la mujer como madre y cuidadora cuyo lugar adecuado es el hogar”. Del mismo modo, que una mujer prestase mucha atención a su apariencia física podría contribuir a extender la idea de “la mujer como ser superficial sin calado intelectual”. Ahora bien, que esos actos enteramente legítimos –¿o acaso no lo son?- pudieran tener tan estúpida lectura no es motivo alguno para criticarlos. En efecto, como no hay nada de inmoral o vicioso en que las personas tengan muchas relaciones sexuales, en que se centren en la familia y el hogar, o en que tengan especial cuidado de su apariencia no debe importarnos el mensaje que tales conductas pudiera transmitir. Igual sucede con la gestación subrogada: si la misma no es una práctica inmoral o viciosa, no debe importarnos el mensaje que su difusión pudiera transmitir. O dicho de otro modo, la moralidad de una conducta no depende del mensaje que con su proliferación se transmitiría. Luego si la gestación subrogada es ilegítima no lo será en base al mensaje que –para algunos- transmita.

 

La conclusión de todo ello no es pues que la gestación subrogada sea moralmente aceptable. En absoluto. Como decía esta es una cuestión compleja como pocas. Eso sí, para que las críticas que se le hagan sean realmente eficaces deben procurar no caer en los errores aquí expuestos.

 

[1] Aunque, no obstante, muchos de los problemas bioéticos tópicos –aborto, eugenesia, eutanasia…- son, en rigor, tan viejos como el hombre. Es más, ya en el antiguo testamento encontramos 2 casos muy claros de gestación subrogada, los de Abraham y Sarai, y Jacobo y Raquel, cuyas mujeres respectivas (Saria y Raquel) eran incapaces de concebir así que decidieron que los maridos concibieran con otra mujer y adoptasen luego a los hijos. No obstante, lo que es evidente es que los avances tecnológicos han dado a estos dilemas morales tan antiguos de una nueva dimensión e intensidad antes desconocida.

[2] Johansson (2014)

[3] Hay quien incluso habla del “Síndrome del niño adoptado”, Kirschner (1990)

[4] Véase Edelmann (2004) y Golombok et al., (2011) citado en  Johansson (2014). Véase también Söderström et al. (2016)

[5] Véase Andrews (1995) citado en  Johansson (2014).

[6] Véase también Söderström et al. (2016)

[7] Entiéndase bien: es evidente que si unos padres delegan toda la crianza en una niñera le estarán haciendo un daño inaceptable al menor. Sin embargo, encontramos aceptable que los padres que acaban de tener hijos, en vez de sacrificar por completo su carrera profesional y dejarla en pro del cuidado del menor,  la sacrifiquen menos y contraten a una persona para que les ayude en la crianza. Y lo aceptamos por mucho que lo óptimo para el niño fuera que los padres estuvieran implicados a tiempo completo.

[8] Nótese el matiz “divorcios pacíficos y civilizados”, pues es evidente que las parejas que se divorcian de según qué formas sí que causan un perjuicio a sus hijos perfectamente inaceptable.
 

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter