La imparable sensibilización animalista

09/10/2018

El animalismo carece de una definición canónica. Para muchos es el reconocimiento de cierta valía de los animales no humanos y por tanto el entender que son merecedores de una consideración moral mayor a la actual. A partir de aquí las gradaciones son casi infinitas, empezando por el “mascostismo” y culminando en el "antiespecismo" más consecuente, tal y como a continuación expondremos.

 

El animalismo no cuenta con banderas, símbolos ni líderes poderosos. Sin embargo es un movimiento cada vez más fuerte. La transformación se está produciendo en todo el mundo. El futuro tiende hacia el animalismo y este movimiento se refuerza a diario con nuevos datos científicos que confirman que los animales también sienten. Esta certeza nos está haciendo plantear nuestro modelo actual de consumo (ya sea de ocio o alimentario) ya que conlleva demasiado sufrimiento[1]. Es más, incluso las empresas también sospechan que cada vez hay más gente concienciada y muchos de los anuncios publicitarios ya enfatizan que el origen de determinados productos es 100% vegetal, hasta el punto que ya se está empezando a normalizar el concepto veganismo. 

 

Por otro lado la industria basada en la explotación animal está invirtiendo mucho dinero para ligar sus productos al bienestar animal. Un caso paradigmático son las distintas marcas de productos lácteos. En las estanterías de los supermercados hay cada día más variedades de leche que ya no tienen origen animal sino vegetal. Las motivaciones, a nuestro entender, son una nueva manera de comprender la relación que establecemos con los animales. Sólo así se comprende que por ejemplo en España el grupo político no parlamentario con más votos se llame PACMA (el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal).

 

El aumento de esta sensibilidad también ha venido acompañado por la ensayística que denuncia la crueldad de nuestro trato para con los otros animales ­-no olvidar que taxonómicamente compartimos categoría- y que propone cambios más o menos radicales al respecto. El australiano Peter Singer publicó Liberación Animal en 1975 (y como nos recuerda Jorge Riechman[2] se tardó más de dos décadas en tener accesible una traducción en castellano). Afortunadamente ahora en no pocas  librerías empieza a florecer un ramillete de textos que presentan la causa animalista con cierta profundidad.

 

A pesar de que el animalismo jamás había gozado de tan buena salud como en la actualidad, hay precedentes que han sido fundamentales para sentar las bases. El Tratado de Lisboa en 2007 ya desarrolló un artículo, el trece, en el que obligaba a los países miembros a reconocer en su cuerpo jurídico que los animales son seres sintientes –no confundir con sensibles[3]-. Aunque los intereses comerciales y estratégicos impusieron  excepciones por tradición, cultura o religión, el texto es claro: “La Unión y los Estados miembros tendrán plenamente en cuenta las exigencias en materia de bienestar de los animales”[4].

 

El reconocimiento legal y científico de la capacidad de sufrir de los animales, su “desobjetualización” es clave, ya que promueve la empatía haciendo de este modo mucho más difícil emocional y filosóficamente las actuaciones dañinas para con los demás animales. Y es que ya en el siglo XVIII Jeremy Bentham señaló que lo que nos debía preocupar en nuestra relación con otros seres no era su capacidad racional si no su capacidad de sufrir dolor: “The question is not, Can they reason?, nor Can they talk? but, Can they suffer? Why should the law refuse its protection to any sensitive being?”.

 

 

Los distintos animalistas

 

El uso común de la expresión “es que yo soy muy animalista” no impide  a muchos el consumo de carnes, lácteos, huevos, pieles y otros productos de origen animal. Es el caso de los “mascotistas”: personas muy centradas en sus propios sentimientos hacia aquellos otros animales con los que comparten su vida diarias y representan el primer nivel en la escala animalista. A partir de allí es posible que personas que aman profundamente a su perro o a su gato amplíen su compromiso hacia otros individuos menos afortunados de la misma especie a través de multitud de actos contribuyendo material o inmaterialmente con entidades protectoras, hasta la participación directa en perreras, refugios etc. No obstante, el compromiso de los animalistas de primer grado es parcial pues no se ahonda en el conocimiento, conciencia y modificación  de los procesos de consumo en los que se inflinge maltrato a los animales.

 

El salto cualitativo más importante que realiza un amante de los animales domésticos en la ruta animalista es la toma de conciencia del sufrimiento animal implicado en la producción de todo tipo de productos que se consumen diariamente. Si los ‘mascotistas’ representan el primer peldaño del animalismo, los veganos se sitúan en el más alto. El veganismo puro implica la renuncia al consumo de productos cuya elaboración impliquen sufrimiento animal. Esta decisión no solo afecta a la alimentación. El vegano va mucho más allá. Por ejemplo, podemos estar leyendo este artículo en un comedor y contar con un sofá de cuero, como pueden serlo nuestros zapatos, la correa de nuestro reloj o la cubierta de un libro. Incluso podremos descubrir objetos de fieltro o de lana, una vela de cera de abeja o un cuadro pintado con pinceles de pelo de marta. Estos productos son resultado de explotación de animales (al menos en la inmensa mayoría de los casos). La industria peletera ha sido denostada por muchos por la evidencia del origen de sus materias primas pero la cría, explotación, muerte y lucro de animales no es patrimonio exclusivo de estas empresas. Por ejemplo, la industria cosmética o farmacéutica también destaca por el maltrato de animales como parte de su proceso de producción.  

 

Así pues, los animalistas se esfuerzan por conocer los mecanismos de producción de bienes o servicios y descartan aquellos que perjudican a los animales. Sus principios también afectan al ocio. Es común pensar que un buen plan para compartir con niños es pasar el día en el Zoo, o acudir al Circo. En los escenarios circenses es cada vez es más difícil ver animales condicionados a realizar ejercicios inverosímiles, de hecho, España es el único país donde los delfinarios no van en retroceso si no que hay este tipo de instalaciones en proceso de construcción. Mucha gente no se cuestiona que los delfines no son felices en piscinas artificiales por que identifican su morfología bucal con una sonrisa.[5] Tampoco son muchos los que cuestionan los coches de caballos para pasear por determinadas ciudades y mucho menos en periodos festivos paganos o religiosos. Las calesas con caballos son un reclamo en algunas bodas y no falta quien lo justifica por el amor que los novios sienten por los animales. Lo mismo puede decirse de actividades turísticas en las que elefantes, camellos, burros e incluso avestruces son cabalgados en busca de la anécdota o de una fotografía divertida. Cuando una personalidad pública una foto con un animal exótico amansado saltan todas las alarmas por lo que tiene de impulso del tráfico y maltrato ya sea monos, serpientes o aves de todo tipo.

 

 

Los animalistas también lograron recoger más de un millón de firmas para presentar ante los órganos comunitarios una Iniciativa Ciudadana Europea en 2015 para pedir un mayor control de los experimentos científicos con animales. Según entidades antiviviseción, cada tres segundos muere un animal por investigaciones científicas[6]. A pesar de las firmas, la propuesta se desestimó. Actualmente, los animalistas centran sus esfuerzos en conseguir la prohibición de la experimentación con animales de productos de limpieza. Otras batallas candentes del animalismo son las matanzas de delfines en Taiji (Japón) o el Festival Chino de la Carne de Perro Yulin.

 

A lo largo de este tiempo, las presiones de los animalistas han dado lugar a decisiones políticas bienestaristas como comprobamos en la referencia al Tratado de Lisboa y en las críticas a la firma de los Tratados de Libre Comercio con EEUU y Canadá[7] donde las normativas son más laxas. El benestarismo es una línea de pensamiento a medio camino entre el mascotismo y el veganismo que promueve la mejora de las condiciones de vida de los animales en lugar de renunciar a su consumo. Las medidas de esta naturaleza adoptadas por algunos gobiernos resultan bisoñas desde el punto de vista animalista pero sirven para acallar consciencias:se han ampliado mínimamente las jaulas de las gallinas, de los gorrinos y de algunas vacas, así como modificado o limitado algunos métodos de matanza.

 

Los Animalistas Abolicionistas son los más críticos con las concesiones de bajo calado. Estos exigen el fin de la explotación animal ya que consideran que está demostrado que el ser humano no necesita para sobrevivir ni de la carne, ni de la leche de otras especies, ni de la fuerza animal ni de otros productos de los que se aprovecha[8].

 

En otro orden de cosas debe destacarse que si bien es inapropiado plantear el veganismo como la panacea contra el calentamiento global la lógica lleva a pensar que si un gramo de proteína puede producirse con un impacto menor sobre la naturaleza debe ser la proteína eco la de primera elección. La propia Organización Mundial de la Salud y la Fao[9] han alertado que 15 de los 24 grandes ecosistemas reconocidos están amenazados por el modo en que se satisface el caprichoso consumo cárnico. El planeta está sufriendo por falta de agua dulce y está demostrado que la explotación ganadera intensiva es una gran consumidora[10]. También es la mayor emisora de gases con efecto invernadero, incluso por delante de los medios de transporte[11]. Desde el protocolo de Kyoto se habla de la necesidad de cambios en la industria ganadera. Así nos lo recuerda un texto publicado en la web del Ministerio de Medio Ambiente español[12].

 

Además de los intereses de las empresas que se lucran con el sufrimiento animal, uno de los grandes enemigos del animalismo es la tradición o, mejor dicho, el uso de la tradición como argumento. Como en las luchas contra la discriminación por género, raza y religión, la lucha contra la discriminación en virtud de la especie –el antiespecismo que es la forma plena del animalismo- se topa con un status quo que se niega a renunciar a sus privilegios viendo en el cambio una extraña amenaza. El ejemplo local más claro de la identificación de cultura con muerte y maltrato es la tauromaquia. Entender como imprescindible un espectáculo consistente en la tortura prolongada de un animal de 600 kilogramos por parte de un humano es algo racionalmente inconsistente para un animalista. También lo son las prácticas halal y kosher que exigen el desangrado de los animales como parte del proceso al que son sometidos para su consumo.

 

El animalismo busca fórmulas para superar estas reticencias y, poco a poco, lo va consiguiendo. La presión animalista consigue cada año nuevas victorias, algunas de gran calado como hemos visto, pero sobretodo, está consiguiendo aumentar la sensibilización y, con ello, nuevos militantes. 

 

 

Emma Infante es colaboradora de Animalados

 

[1] https://www.ciwf.org.uk/media/3816923/stop-look-listen.pdf

[2] https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible_pdf.php?art=1447&t=articulos

[3] Las piedras son sensibles a los cambios de temperatura, pero hasta donde nosotros sabemos no sienten. La sintiencia está ligada a un sistema nervioso suficientemente complejo, la sensibilidad no.

[4] https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=OJ:C:2008:115:TOC

[5] https://dolphinproject.com/product/behind-the-dolphin-smile/

[6] https://lushprize.org/many-animals-used-experiments-around-world/

http://www.drze.de/in-focus/animal-experiments-in-research/the-importance-of-animal-experiments-for-research

[7] http://revistatreball.cat/uns-tractats-lliure-comerc-desprecien-la-vida-dels-animals-no-humans/

[8] Health effects of vegan diets Winston J Craig The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 89, Issue 5, 1 May 2009, Pages 1627S–1633S, https://doi.org/10.3945/ajcn.2009.26736N https://www.livestrong.com/article/401472-what-ethnic-or-racial-groups-tend-to-have-more-incidence-of-lactose-intolerance/

[9] http://www.fao.org/newsroom/es/news/2006/1000448/index.html

[10] http://waterfootprint.org/en/water-footprint/product-water-footprint/water-footprint-crop-and-animal-products/

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2367646/

[11] https://news.un.org/en/story/2006/11/201222-rearing-cattle-produces-more-greenhouse-gases-driving-cars-un-report-warns

[12]https://www.mapa.gob.es/es/ganaderia/temas/requisitos-y-condicionantes-de-la-produccion-ganadera/ganaderia-y-medio-ambiente/

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