Diagnóstico del conflicto catalán: faltan dioptrías.

25/10/2018

Quedan pocas semanas para que se cumpla un año de la fallida proclamación de independencia del Parlamento de Cataluña y el conflicto político en que esa proclamación se enmarca sigue distando mucho de haber amainado. Probablemente todavía pasará mucho tiempo antes que eso ocurra. Hay varias razones para que sea así, pero en este artículo nos gustaría centrarnos en un aspecto que, a nuestro juicio, ha propiciado el enquistamiento del conflicto catalán: las malas lecturas de la realidad que han cometido los actores de esta contienda desde su inicio.

 

A menudo es difícil hacer una buena lectura de lo que está ocurriendo, de las causas que explican algunos fenómenos, de las motivaciones e intenciones de los demás, etc. Esto suele suceder por distintas razones: pensamiento de grupo, sesgos cognitivos, información insuficiente o sesgada, intereses espurios, o a veces sencillamente que quién hace el análisis no tiene la capacidad para dar en el clavo. A continuación expondremos las que a nuestro entender son algunas de lecturas erróneas de la realidad que han realizado los principales actores partidarios y contrarios de la independencia de Cataluña, llevando a graves consecuencias para ellos mismos y la situación política catalana y española.

 

El suflé y Mourinho

 

El punto de inicio del procés (concepto usado para referirse al camino emprendido por la mayoría parlamentaria catalana para alcanzar la independencia, aunque el término tiene otras connotaciones) lo podríamos fijar en septiembre de 2012. El entonces presidente catalán Artur Mas vuelve con las manos vacías de la reunión con el entonces presidente español Mariano Rajoy en que pretendía negociar un pacto fiscal. Mas, jaleado por su entorno más soberanista, decide convocar elecciones para formar un nuevo Parlament que convoque una consulta sobre la autodeterminación.

 

El Gobierno Español, el Estado (en su sentido más amplio) y los grandes medios de comunicación españoles no lo tomaron en serio. El análisis habitual hablaba de un farol del presidente nacionalista para tapar su mala gestión en época de severa crisis económica, recortes y casos de corrupción que cercaban su partido. Se trataba pues de un suflé, una inflamación temporal que remitiría en cuestión de tiempo. Hay que ser algo ingenuo para pensar que los factores mencionados no tenían relevancia en el giro soberanista de Mas y su partido, pero este análisis ignoraba elementos clave

 

En primer lugar, la reivindicación de autogobierno/autodeterminación catalana no surge de un día para otro, pues tiene un recorrido muy largo. Para no irnos demasiado lejos, en los años previos a 2012 el movimiento independentista cobró especial vigor, sobretodo a través de las consultas informales sobre la independencia celebradas en gran parte de Cataluña. En segundo lugar, existía un importante malestar en amplias capas de la sociedad catalana desde la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía en 2010. Algunos analistas han tendido a menospreciar la importancia de esa sentencia, remarcando que los artículos tumbados no eran tantos y que el Estatut que llegó al Congreso era un delirio nacionalista. Obvian que más allá del contenido material de la sentencia, ésta suponía un cierre centralista del desarrollo autonómico iniciado en 1978, por no hablar de cómo se presentó el recurso, con el Partido Popular recogiendo firmas a lo largo y ancho de España "contra los catalanes". En tercer lugar, el Gobierno de España en el poder, encabezado por Mariano Rajoy y con mayoría absoluta, era tremendamente impopular en Cataluña, igual que lo había sido el anterior gobierno popular 10 años atrás.

 

Sirva como ejemplo de esta miopía las declaraciones del que fue jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, en el recién estrenado documental de Netflix "Dos Cataluñas". Moragas contextualiza el auge soberanista con la rivalidad futbolística entre el FC Barcelona y el Real Madrid, en concreto en la tensión entre el antiguo entrenador merengue José Mourinho y su contraparte culé, Pep Guardiola. A día de hoy quien escribe estas líneas aún está dando vueltas sobre si lo que entendió de las declaraciones de Moragas es lo que éste realmente quería decir: que Mourinho es uno de los responsables del crecimiento independentisa en Cataluña.

 

Spain is different?

 

En 2012 la situación económica y financiera de España era grave. El impacto de la crisis sobre las finanzas del Estado había sido dramático, la prima de riesgo estaba por las nubes y la posibilidad de un rescate europeo similar al de Grecia o Italia no era descabellado.

 

No es de extrañar que muchos independentistas interpretaran esa debilidad como una oportunidad histórica para largarse de España. Sin embargo, creemos que este análisis era erróneo: menospreciaba la importancia de España en el contexto internacional y sobreestimaba sobremanera la simpatía que una Cataluña independiente podía tener en el mismo. A pesar de todo, España seguía siendo una de las principales economías de la zona euro. Se trata de un estado fuerte y consolidado. En el plano político hablamos de un miembro de la UE y de la OTAN, con buenas relaciones con las principales potencias mundiales. No se trataba pues de largarse de un estado fallido o en descomposición como la URSS. No había intereses geoestratégicos claros de potenciales aliados fuertes en el nacimiento de un nuevo estado catalán. Mucho menos de facilitar la separación del territorio de un estado miembro de la UE, que pudiera dar alas a otros movimientos independentistas en la vieja Europa. Sirva de ejemplo este artículo que compartieron con infundado optimismo muchos independentistas antes de la proclamación de independencia del 27 de octubre. Como es sabido, ninguno de estos países manifestó apoyo a la proclamación de independencia.

 

¿De quién son los votos?

 

Otro de los aspectos que creemos se han leído de forma equivocada tiene que ver con el comportamiento electoral de la sociedad catalana. Si echamos un rápido vistazo a la evolución de la política catalana desde 1980, veremos que el sistema de partidos ha sufrido grandes cambios. Sin embargo, el análisis por bloques ante el eje nacional, no. En las elecciones al Parlamento de Cataluña, los partidos nacionalistas catalanes siempre se han situado entorno al 50% de los votos, casi nunca alcanzándolo del todo. El resto del pastel se ha repartido entre los otros partidos, dónde ha habido una variedad de posicionamientos importante ante la cuestión nacional. En este bloque encontramos partidarios de un reconocimiento nacional y un mayor autogobierno para Cataluña, así como partidos que defienden sin tapujos la españolidad de la misma.

 

En el inicio del proceso independentista, los partidarios de la secesión esperaban que el apoyo a la misma fuera creciendo gradualmente. La previsible negativa del Estado a celebrar una consulta y el cerrazón total del Gobierno Español a cualquier tipo de concesión harían caer la mayoría social como fruta madura. Solo se trataba de visualizar la postura autoritaria y antidemocrática del Estado y los partidarios del federalismo o soluciones similares (lo que se ha llamado la tercera vía) se subirían al carro independentista al oír la buena nueva. Esta hipótesis era defendida incluso académicamente. La verdad es que la actitud del Estado sirvió para galvanizar y consolidar el apoyo alcanzado en 2012-2014, pero desde entonces éste no ha presentado cambios significativos. Después de todo, el porcentaje de voto independentista se asimila de una forma casi exacta con el histórico porcentaje de voto a los partidos nacionalistas.

 

Por su lado, los partidarios de la unidad de España abonaban una tesis que venía de lejos. La participación en las elecciones catalanas era históricamente baja. Muchos estudios científicos lo achacaban a la abstención de electores castellanoparlantes, nacidos o con padres nacidos en otras comunidades de España y de clase trabajadora. La hipótesis rezaba que cuando estos electores acudieran a votar en masa ante la amenaza de la secesión, los nacionalistas perderían la mayoría parlamentaria. Es lo que muchos denominaban "la Cataluña silenciosa" o incluso "la Cataluña real". Pues bien, eso no ocurrió. Los resultados de las elecciones de 2012, 2015 y 2017 marcaron récords sucesivos de participación, pero al abrir las urnas el mapa político resultante ha sido esencialmente el mismo de siempre. Los independentistas nunca han superado el 50% de votos, pero conservan la mayoría parlamentaria. En definitiva, a falta de soluciones intermedias, el partido continua con el empate electoral con el que empezó. 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter