Goya y la tauromaquia

29/09/2018

 

Aunque estemos en desacuerdo con el desarrollo de la tauromaquia, hay que aceptar que ha tenido un peso muy importante en la Historia de España, sobre todo en el mundo del arte, pues ha quedado plasmada en diversos lenguajes artísticos y muchos artistas se han sentido influenciados por ella; un ejemplo lo encontramos en Goya. 

 

Francisco de Goya (1746-1828) fue un pintor y grabador aragonés conocido sobre todo por sus obras de temática histórica donde por primera vez se describe de forma verídica los acontecimientos y los desastres de la guerra, tal y como podemos observar en su  pintura El 3 de mayo de 1808 y la serie de grabados llamados Los desastres de la guerra. Además, también ha pasado a la Historia por sus famosos retratos de la monarquía y sus archiconocidas “Majas”.

 

Sin embargo, pocos conocen su serie Tauromaquia donde graba y dibuja las primeras corridas de toros. Esta serie fue elaborada en un gran momento de crisis para el artista. Nos encontramos en 1815, Goya ha vivido y contemplado en primera línea la ocupación napoleónica de 1808 que, según Lafuente, constituye:

 

El hundimiento de su mundo, de su medio, de su labor habitual, de casi todo lo que constituía su vida normal. Interrogantes suspendidos sobre su existencia, sobre la de la Patria, y la del mundo europeo todo iluminado solo por las hogueras de la destrucción y los estallidos de las más bestiales pasiones “[1]

 

No obstante, la expulsión de las tropas francesas en 1814 y la vuelta de la monarquía española con Fernando VII que le permitan volver a su puesto de trabajo como pintor de corte no hacen que salga de sus crisis porque:

 

Las ingenuas ilusiones que el infortunio y la esperanza engendraron, la realidad no fue, en verdad, la que los españoles se merecían. La paz no quitó los espíritus, no pudo restituir las cosas al punto anterior, a la conmoción misma, ni aportó auroras anheladas de renovación purificadora. (Además) se aproxima Goya a los setenta; nada espera ya”[2].

 

Así que el grabador decide olvidarse de la realidad para fijar su mirada en los años anteriores al inicio de la guerra donde vivió una feliz juventud, y decide plasmar a través de sus recuerdos las corridas de toros que les fascinaron y las que escuchó por boca de otra gente. 

 

La tauromaquia que conocemos hoy en día, es una creación de finales del siglo XVIII, anteriormente el único festín taurino que había eran las “Fiestas populares de toros” que se celebraban en las calles y en las plazas mayores de los pueblos y consistían en que grandes grupos de personas que entraban en el terreno del toro y lo burlaban. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII ocurre un acontecimiento inhóspito: nos encontramos con una nobleza amante de las fiestas taurinas y del toro bravo, pero que no quiere juntarse con el pueblo llano, porque lo considera “miserable e incivil” (Romero, 1995)[3].  De esta manera, deciden crear ganaderías de reses bravas y mandan construir plazas de toros privadas para poder torear tranquilamente y ser ellos los protagonistas, Sin embargo, y poco a poco ,el pueblo va introduciéndose en las plazas de toros, porque los mismos nobles que habían querido marcar distancia, contratan a los hombres más célebres de las “Fiestas populares de toros” para que les enseñen como hacer frente a un toro bravo.

 

 

Francisco de Goya. Tauromaquia 32. Dos grupos de Picadores arrollados de seguida por un solo toro. 1814-1816

 

 

Goya logra plasmar de manera fidedigna las primeras corridas de toros, incluso nombra y describe algunos de los toreros más importantes de la época como Antonio Ebassun llamado “Martincho”. Además, en la obra del artista aragonés, a diferencia de otros testimonios, se plasmas las desgracias de los toreros, y diversas y extrañas maneras de torear y matar llamadas “suertes”. Pedro Romero describe algunas: “Quebrar con una capa de vestir, torear desde una mesa atados los pies con grilletes de hierro, derribar toros mar corneándolos, saltar las reses con una garrocha, matar al toro sentado en una silla citándolo con un sombrero, poner rejones a un toro a horcajadas de otro toro, echar perros a los bravos e, incluso, mojigatas taurinas en carroza”[4]

 

 

Francisco de Goya. Perros al toro. 1814-1815

 

Sin embargo, todos estos métodos experimentales se fueron olvidando debido a la publicación del libro de Pepe Yllo Arte de torear de 1796, donde se “codifican” todas las normas y técnicas de la tauromaquia que hasta hoy siguen en su mayoría vigentes.

 

 

[1] Lafuente, Enrique. Ilustración y elaboración en la “tauromaquia” de Goya. En: Archivo español de arte. España: 1946, núm. 19 (75), p. 179.

[2] Lafuente, Enrique, op.cit., p. 179-180

[3] Romero, Pedro. La “tauromaquia, de Goya y la invención de la corrida moderna. En: Revista de Estudios Taurinos. España: 1995, núm. 2, p. 154

[4] Romero, Pedro, op.cit., p. 162

 

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