Los derechos (I): El análisis hohfeldiano

26/09/2018

 

Lo oímos constantemente, y en todo tipo de discusiones: tenemos derecho a una pensión digna, al agua, a la vida, a decidir, a un medioambiente limpio, a una vivienda, a recibir educación en nuestra lengua materna, o, incluso, como decía la canción de los Beastie Boys, a irnos de fiesta. Tener un derecho. Sin duda, la idea señala que aquello de lo que estamos hablando goza de una cierta prioridad normativa: a diferencia de otras cosas, los derechos no pueden ignorarse sin más. Ahora bien, este prestigio es también un arma de doble filo, pues genera incentivos para adoptar la terminología de los derechos para cualquier demanda que alguien quiera realizar, sin importar su naturaleza o el peso de las razones que lleve aparejadas. Se corre así el riesgo de hacer verdadera la ácida definición del filósofo D. G. Ritchie: un derecho, decía, es "un recurso retórico para anotarse un tanto sin tomarse la molestia de tener que demostrarlo".

 

Por supuesto, nada de esto implica que no tenga sentido hablar de derechos. Sólo que, si tenemos una noción que dota a todo aquello que toca de una fuerte prioridad normativa, deberíamos emplearla con responsabilidad. Al menos si no queremos que acabe visiblemente devaluada.

 

Este artículo, y los que vendrán después, tratarán cuestiones más fundamentales y abstractas del debate sobre los derechos: ¿Qué quiere decir tener un derecho? ¿Juegan estos una función distintiva, o varias? ¿Tiene sentido hablar de un derecho a violar nuestras obligaciones? Las respuestas a estas preguntas nos pueden ayudar a entender lo que está en juego cuando discutimos sobre cuestiones menos generales; es decir, cuando nos preguntamos quién tiene derecho a qué.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando hablamos de derechos es que hay varios tipos de derechos: podemos hablar de derechos morales o de derechos legales [i], y es posible que cada clase tenga particularidades que la hagan merecedoras de una discusión pormenorizada. No todo lo que sea válido al respecto de los derechos morales tiene que valer para los derechos legales, y viceversa. No obstante, ¿puede hablarse de algún elemento en común? Muchos filósofos creen que sí: los derechos, apuntan, comparten una estructura distintiva. ¿Y en qué consiste esta estructura? Aunque los detalles puedan ser controvertidos, la mayoría de ellos acepta que la estructura de los derechos se corresponde, con mayor o menor fidelidad, al esquema formal propuesto por el jurista Wesley Newcomb Hohfeld (1879-1918) [ii]. De acuerdo con Hohfeld, los derechos poseen una estructura interna bastante compleja, pues resultan de la interacción de diversos elementos básicos, que reciben el nombre de "incidentes hohfeldianos".

 

Los incidentes hohfeldianos

 

La idea central de Hohfeld es que cuando hablamos de derechos podemos estar hablando al menos de cuatro cosas, o de combinaciones de las mismas. El primer incidente es lo que comúnmente se denomina "privilegio" o "libertad", y consiste en lo siguiente:

 

A tiene una libertad/privilegio para hacer X si y sólo si A no tiene el deber de no hacer X

 

En este sentido, tener un derecho supone únicamente que la acción en cuestión queda fuera de la categoría de lo normativamente impermisible. Supongamos que entro al vagón del metro al mismo tiempo que otro hombre, y sólo queda un asiento. Si asumimos que mi competidor no es un niño, o un anciano, o alguien que padezca una discapacidad física, parecería que no tengo ninguna obligación de cederle el asiento. Si llego antes, es mío. Pero al mismo tiempo que yo no tengo ningún deber de no ocupar el asiento, tampoco lo tiene él de cedérmelo a mí. Es decir, las libertades no implican deberes correlativos.

 

Sin embargo, no ocurre lo mismo con el siguiente de los incidentes hohfeldianos: el claim-right (que, por comodidad, y por la dificultad de encontrar una traducción adecuada, traduciremos simplemente como "derecho"). En este caso,

 

A tiene un derecho a que B haga - o se abstenga de hacer - X si y sólo si B tiene el deber de hacer - o abstenerse de hacer - X

 

Los derechos constituyen probablemente el incidente con el que más familiarizados estamos. La mayoría de los ejemplos citados al principio de este artículo pertenecen a esta categoría, pues, tal y como se proponen habitualmente, estos hipotéticos derechos sí implicarían un deber correlativo. Por ejemplo, el derecho a una pensión digna implicaría que existen ciudadanos que tienen el deber de contribuir a su financiación. Por su parte, el derecho al agua supondría la existencia de al menos dos deberes: un deber de abstenerse de contaminarla y un deber de contribuir a las tareas de limpieza (cuando el derecho se infringe porque el agua está ya contaminada) o de distribución (cuando el derecho se infringe porque hay quienes no pueden acceder al recurso en cuestión). En todo caso, la idea está clara: cuando uno tiene un derecho en este sentido, otros tienen obligaciones al respecto [iii]. Otros ejemplos relativamente menos controvertidos son el derecho a la propiedad o el derecho a la integridad corporal.

 

Antes de pasar al siguiente incidente, puede ser útil incidir en un punto que no siempre se tiene presente en las discusiones sobre qué derechos tenemos: los derechos, pese a su prioridad normativa, no tienen por qué ser absolutos. Empleando la terminología habitual, diríamos que tanto los derechos como las obligaciones correlativas nos dan únicamente razones pro tanto para hacer – o dejar de hacer – X. Es decir, proporcionan consideraciones que son tales "hasta cierto punto". Así, el derecho a la integridad corporal es un derecho pro tanto porque, en condiciones normales, sí lleva aparejado ciertos deberes de no interferencia. Pero no es un derecho absoluto porque, en determinadas circunstancias (por ejemplo, si el titular del derecho infringe los derechos de otros o, para algunos autores, si sólo interfiriendo podrían evitarse daños mucho mayores sobre individuos inocentes), las razones pro tanto en que se apoya podrían verse superadas por otras razones de mayor envergadura.

 

Sigamos con la exposición. Tanto los privilegios/libertades como los derechos tienen algo en común: ambos se refieren a acciones concretas. Uno tiene un derecho a que otros se abstengan de realizar X o una libertad para hacer Y. O lo que es lo mismo, ambos son incidentes de primer orden. Lo distintivo de los dos incidentes restantes es que no giran alrededor de acciones, sino de otros incidentes hohfeldianos. Son, por lo tanto, incidentes de segundo orden, dado que determinan la estructura y las características de los incidentes de primer orden [iv].

 

En primer lugar, tenemos los poderes, que podrían definirse del siguiente modo:

 

A tiene un poder si y sólo si A tiene la capacidad de modificar ciertos incidentes hohfeldianos, propios o ajenos

 

Un caso claro son los derechos de propiedad. Estos derechos, como ya hemos visto, contienen derechos en el sentido más estrecho anteriormente discutido (implican deberes), y poderes. Normalmente, cuando uno es el propietario de X, esto no sólo significa que puede utilizar X como le plazca sin que otros puedan interferir (por supuesto, dentro de unos límites); también implica que uno puede, por ejemplo, transferir la titularidad del derecho, de manera que una tercera persona adquiera derechos sobre X. Otros ejemplos podemos encontrarlos en los sistemas democráticos, donde los ciudadanos gozan de poderes para alterar la estructura y el contenido de los derechos legales de sus conciudadanos (y también de los propios).

 

Ahora bien, incluso en los sistemas democráticos, los poderes tienen límites. Por ejemplo, en los países donde existen, las constituciones establecen límites legales a los poderes que los ciudadanos, a través de los gobiernos y otros representantes políticos, pueden ejercer. Esta posibilidad queda capturada en el último incidente hohfeldiano: las inmunidades.

 

B posee una inmunidad si y sólo si A carece de la capacidad de modificar los incidentes hohfeldianos de B

 

Hasta aquí la lista de incidentes. Antes de acabar esta exposición, no obstante, puede ser interesante destacar dos puntos:

 

En primer lugar, para Hohfeld, cada incidente tiene su opuesto y su correlativo. Puesto que los términos empleados por su autor parecen tener el objetivo de provocar las pesadillas más terribles a los traductores de textos (y no digamos ya a los no traductores, como el que escribe estas líneas), no puedo sino recomendar al lector que, si le interesa, consulte la sección “Opposites and Correlatives” del excelente artículo sobre los derechos de la Stanford Encyclopedia of Philosophy [v]. En segundo lugar, y a modo de conclusión: si algo puede desprenderse del análisis de Hohfeld es que la mayoría de derechos que aceptamos o reclamamos pueden entenderse en realidad como una combinación de varios elementos básicos, cuyo análisis detallado podría iluminar discusiones más generales sobre tal o cuál derecho. Frente a la retórica de los derechos como una simple maniobra para anotarse tantos para los que uno no ha aportado argumentos suficientes, deberíamos ser muy claros respecto a qué incidentes querríamos que un determinado derecho incorporara, y qué razones existen para que así sea.

 

[i] Algunos autores hablan incluso de derechos epistémicos, que serían aquello de lo que hablamos cuándo nos preguntamos cosas como ¿Estoy legitimado en creer algunas proposiciones pese a no disponer de suficiente evidencia? Para una discusión al respecto, véase Dretske, Fred. 2000. “Entitlement: Epistemic Rights Without Epistemic Duties?”, Philosophy and Phenomenological Research 60(3): 591-606, y Wenar, Leif. 2003. “Legal Rights and Epistemic Rights”, Analysis 63: 142-146.

[ii] Hohfeld, W. N. 1919. Fundamental Legal Conceptions as Applied in Legal Reasoning. New Haven: Yale University Press. 

[iii] De acuerdo con algunas teorías, hay ciertos derechos (como el de no ser expuestos a determinados riesgos) que los individuos nos debemos a nosotros mismos, así que, en sentido estricto, lo que habría que decir es que cuando uno tiene un derecho en este sentido, esto implica una serie de deberes, punto.

[iv] Estrictamente hablando, el objeto de estos incidentes no son solo los incidentes de primer orden sino todos aquellos que son de orden inferior. Como ha señalado Leif Wenar, “Un almirante, por ejemplo, tiene el poder para retirar a un capitán su poder para comandar un barco” (2015), véase la siguiente nota.

[v] Wenar, Leif. 2015. “Rights”, en The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Otoño 2015), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/fall2015/entries/rights/>.

 

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