Formas de Gobierno (III): Semipresidencialismo

16/09/2018

En este tercer y último artículo de la serie sobre formas de gobierno abordaremos el modelo menos común en política comparada: los sistemas semipresidencialistas. El ejemplo más paradigmático es el de Francia, pues de hecho el término “semipresidencialista” se acuñó para definir el modelo institucional de la V República Francesa. También encontramos sistemas de esta índole en lugares como Rusia, Perú, Polonia o Portugal, varios estados africanos, asiáticos y de Europa del este.

 

Como ocurría con los sistemas electorales mixtos, este sistema de gobierno recoge elementos de los sistemas “puros” (en este caso parlamentarismo y presidencialismo) de forma que se debe conceptualizar en una categoría aparte. Si buscamos los antecedentes más remotos, podemos encontrar cierta esencia de este modelo en la República Romana, donde existían dos cónsules. Ambos compartían el poder y podían ejercer un veto sobre las decisiones del otro. Existía pues una lógica de jerarquía y liderazgo en el ejercicio del poder, pero rehusando que esta se concentrara en un solo individuo, como sí ocurría en la monarquía romana. Es esta idea de rechazar un liderazgo unipersonal la que nos permite trazar cierta continuidad entre el antecedente romano y los modelos actuales.  

 

Principales características[i]

 

En primer lugar, cabe destacar que en los sistemas semipresidencialistas existen dos figuras separadas para la presidencia del estado y la jefatura de gobierno, que por tanto deben ser ostentadas por individuos diferentes. Además, el Jefe de Gobierno y el Gobierno en su conjunto están sujetos a la confianza del Parlamento. Es decir, existen mecanismos para que el Parlamento pueda propiciar la caída del Gobierno y el Premier vía moción de censura. Estos elementos son propios de los sistemas parlamentarios.

 

En segundo lugar, el Presidente es elegido directamente por la ciudadanía en una elección distinta a la que elige los representantes en el parlamento. A pesar de la existencia de la figura del Jefe de Gobierno, el Presidente ejerce facultades importantes que le son propias por mandato constitucional, como la de nombrar a los miembros del gobierno o dirigir la política exterior y de defensa. Todo ello se asimila a lo que ocurre en los sistemas presidencialistas, ya que además, el Presidente no puede ser depuesto por el Parlamento.

 

Así pues, el elemento fundamental del modelo semipresidencialista es la división de poder dentro del ejecutivo y la forma en que el Gobierno y el Jefe de Gobierno se relacionan con el Presidente y el Parlamento. En este sentido, hay dos variaciones del modelo semipresidencialista. En la primera, denominada sistema premier-presidencial,  caracterizado por el hecho de que dentro de las facultades del Presidente no se encuentra la de deponer al Gobierno. No obstante, en algunos países como Francia existe una vía indirecta para hacerlo. Dado que el Presidente sí puede disolver el Parlamento, esta medida obliga al gobierno a dimitir.

 

La segunda variación se denomina presidente-parlamentario. En este caso el Jefe de Gobierno y el Gobierno responden a la vez ante el Parlamento y el Presidente. De este modo, el Presidente nombra los miembros del gabinete que deben contar con el apoyo de la mayoría parlamentaria, pero a su vez, tanto jefe de gobierno como gobierno pueden ser depuestos de su cargo por el Presidente. Esta variación otorga a éste último un poder mayor que el caso anterior. Un ejemplo de este modelo es Rusia.

 

La discusión recurrente

 

Tal y como ocurre en los modelos presidencialistas, la celebración de elecciones distintas para elegir al Presidente y al Parlamento dota de legitimidad propia y distinta a ambas instituciones. Sin embargo, la situación del Gobierno es muy particular, pues éste emana de una decisión del Presidente (nombrar a sus miembros) para posteriormente ser controlado por el Parlamento. Y como ya hemos señalado, el gobierno no dispone de todo el poder ejecutivo, ya que una parte de él reside en el Presidente.

 

A pesar de que el control del gobierno sea tarea del Parlamento, es una realidad que muy a menudo los Presidentes de estos modelos nombran a Primeros Ministros y miembros del Gobierno muy cercanos a ellos. Normalmente no existe una restricción a que los diputados en el Parlamento puedan ser nombrados ministros. De esta forma, el Presidente puede acabar ejerciendo un poder político de facto sobre el Gobierno que en teoría no debería ser tal, al menos sobre el papel, ya que precisamente estos sistemas lo que pretenden es fraccionar el poder dentro del ejecutivo. Sirva como ejemplo más conocido el caso del presidente ruso Vladimir Putin y su primer ministro Dimitri Medvédev, siendo este último caricaturizado como un mero títere de Putin.

 

En algunos países esta controversia ha suscitado cambios constitucionales con el fin de no socavar la separación de poderes. Así pues, se han impuesto medidas como la reforma francesa de 2008 en que los diputados que son nombrados ministros deben renunciar temporalmente a su escaño, pudiéndolo recuperar si abandonan su posición en el gabinete dentro de la misma legislatura.

 

Sin embargo, esta relación demasiado próxima entre presidente y gobierno no tiene porqué ser siempre así. De hecho, en teoría puede ser justo la contraria. Si en el Parlamento existe una mayoría de un color político distinto al del Presidente, éste se puede ver obligado a nombrar un gobierno no afín a él, pues de lo contrario ya sabemos que el parlamento puede forzar la caída del gobierno. Esta situación ha ocurrido varias veces en Francia, siendo la más reciente la de un Presidente de la República de derechas (Jacques Chirac) y un Jefe de Gobierno socialista (Lionel Jospin). Cuando Presidente y Gobierno son de signo político distinto, se usa el término cohabitación para referirse a esta situación.

 

Posibles ventajas y desventajas

 

El semipresidencialismo puede blindar al Presidente de cierto criticismo, encauzando el malestar ciudadano hacia las decisiones del Gobierno y el Jefe de Gobierno. De este modo, el Presidente puede erigirse como una figura por encima de la gestión política del día a día, arbitrando y marcando las líneas políticas del país de una forma más general y a plazos más largos. Además, la posibilidad de hacer caer un Primer Ministro impopular sin alterar el mandato del presidente permite conjugar estabilidad con la renovación que la ciudadanía puede reclamar. Por último, este sistema añade algunos “pesos y contrapesos” que no existen en el parlamentarismo, dada la división de poder dentro del mismo ejecutivo.

 

Sin embargo, el semipresidencialismo presenta una posible desventaja ya señalada en el caso del presidencialismo: la dificultad para asignar responsabilidades, o dicho de otra forma, rendir cuentas. El hecho de tener tres instituciones con poder (Presidente, Gobierno y Parlamento) puede hacer que sea difícil para la ciudadanía determinar quién es el responsable de ciertas decisiones y políticas.

 

Por otro lado, el gobierno se encuentra en una posición de cierta debilidad, pues puede ser depuesto bien por el Parlamento o bien por éste y el Presidente, tal y como hemos visto más arriba. A diferencia de los sistemas parlamentarios, en muchos países semipresidencialistas la moción de censura no requiere ser constructiva, de modo que se puede deponer un Jefe de Gobierno sin proponer a otro. Como ya sabemos, esto es tarea del Presidente. Así, se da incentivos al Parlamento para deponer gobiernos sin tener que proponer una alternativa o el riesgo que se disuelva la cámara necesariamente. De hecho, un ejemplo temprano donde estas situaciones ocurrían fue la República de Weimar, con el final trágico por todos conocido. Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania Occidental adoptó un sistema parlamentarista dónde se requería presentar un candidato alternativo en las mociones de censura, precisamente para evitar el abuso de esta moción por parte de la oposición y garantizar una mayor estabilidad. Este mismo mecanismo fue adoptado en España con la Constitución de 1978, aplicándose por primera vez con éxito en la moción que aupó a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno y que sirvió para iniciar esta serie de artículos.

 

[i] Existen algunas características de países determinados que no citaremos aquí al no tratarse de elementos generales de este modelo sino particularidades de casos concretos.

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