¡Al ladrón! (I): Introducción y orígenes de la criminología

19/08/2018

Maksym Ivashchenko @maksymiv

 


Introducción y definición

 

La Criminología es una ciencia muy reciente y bastante desconocida. Lo que primero viene a la cabeza cuando se habla de criminología suele ser un concepto mucho más cercano a la Criminalística y a lo que series como CSI o Mentes Criminales han plasmado en nuestras pantallas.

 

Pero, ¿qué es la Criminología? Se trata de una ciencia social multidisciplinar que estudia los comportamientos delictivos, sus causas, las formas de prevenirlos y las reacciones sociales frente a ellos, así como las causas de los crímenes.  Así, sus objetos de estudio son el autor/delincuente, el objeto/víctima, el control formal (aquel que ejercen las instituciones profesionales de seguridad y vigilancia) y el control informal (el realizado por cualquier organización o persona en contra de la delincuencia pero sin que se trate de una actividad profesional). Es importante remarcar que el concepto criminológico de comportamiento delictivo es diferente al jurídico (del que se encarga el Derecho Penal). La criminología no se limita a estudiar el código penal vigente; su idea de comportamiento delictivo es más amplia ya que busca relacionar muchos más factores y comportamientos del individuo anteriores al delito para poder explicar el acto delictivo. Es por ello que hablamos de una ciencia multidisciplinar, ya que para relacionar y explicar diversos factores debemos integrar conocimientos desde la Psicología, la Sociología, el Derecho y la Victimología, entre otras ciencias. 

 

En cambio la Criminalística, se encarga de estudiar científicamente los indicios y evidencias de un delito para poder utilizarlos como prueba en un procedimiento judicial y poder establecer una explicación de cómo ha ocurrido el proceso del delito concreto

 

El método de estudio que utiliza la Criminología se basa en estrategias de análisis empírico que tienen como pilar básico la observación de fenómenos y el establecimiento de hipótesis, explicaciones y predicciones. Se trata de una metodología conocida también como método hipotético-inductivo, (el método común de la ciencia). Esta inducción es la que nos permite realizar diferentes teorías explicativas sobre la criminalidad. Para hacernos una mejor idea, las fases principales del proceso de investigación en Criminología son las siguientes: Modelo conceptual de partida, hipótesis, modelo operativo, recogida de datos, análisis de los datos, revisión de la hipótesis y por último, revisión del modelo conceptual. Un ejemplo sería el siguiente: escogemos como modelo conceptual “la delincuencia juvenil” y tras informarnos sobre ello planteamos una hipótesis, “Los jóvenes con bajo rendimiento escolar son más propensos a delinquir”. Tras este planteamiento, procedemos a establecer el modelo operativo, es decir, cómo y dónde llevaremos a cabo la investigación. En este caso, en los institutos de la ciudad de Barcelona, a través de cuestionarios. También es aquí cuando debemos plantearnos qué otros problemas o permisos necesitamos para llevar a cabo la investigación. Se procede a realizar la recogida de datos a través de los cuestionarios. Muchas veces se puede realizar una pequeña prueba piloto donde los cuestionarios se reparten a una muestra más pequeña de población para comprobar si todo está correcto o se necesita cambiar algo. Una vez tengamos los datos, pasamos a analizarlos a través de los programas estadísticos correspondientes y a interpretarlos. En esta interpretación es cuando revisamos la hipótesis de partida para corroborarla o  desecharla y por último, la relacionamos  y ponemos en relación con el modelo conceptual de partida.  

 

La Escuela clásica

 

El origen de la Criminología y de la justicia penal moderna se encuentra a finales del siglo XVII. Fueron las ideas pertenecientes a la Ilustración las que contribuyeron a creer en un orden social y político diferente al existente y de esta forma, tratar al  delito y sus penas también de forma diferente. Ocurrió en la denominada Escuela clásica y su máximo exponente fue el italiano Cesare Beccaria (1738-1794) con su obra más conocida “De los delitos y de las penas”. Lo normal durante el Antiguo Régimen era castigar de manera abusiva y con tortura. En su obra Becaria asumía una posición contractualista y en base a ella proponía 12 puntos para la reforma de los sistemas penales y penitenciarios
 

1- “El contrato social y la necesidad del castigo”: Las leyes fueron la forma en que los hombres rechazaron parte de su libertad a favor de la seguridad en una sociedad común. Las penas son los motivos necesarios contra quienes incumplen estas leyes.

 

2-“La tendencia al placer como motivador del delito”. Los hombres siempre buscarán el placer y evitarán el dolor, por ello delinquiran cuando calculen que les será más beneficioso.  Como vemos en Beccaria se vislumbra una concepción hedonista y egoísta como explicación principal del delito.

 

3-“La gravedad del delito”. La naturaleza del delito reside en su nocividad social. Debe medirse la gravedad del hecho cometido según la manera en que ha perjudicado a la sociedad, algo que hoy parece evidente pero que entonces suponía un cambio radical a la hora de conceptualizar el delito. Hasta entonces lo relevante era la inmoralidad o pecaminosidad intrínseca de la acción, con independencia de sí ocasionaba algún mal a la sociedad.

 

4- “El estudio científico de los delitos”. La sociedad debe estudiar de forma científica las fuentes de los delitos antes de saber qué penas aplicar y así poder prevenirlos. De nuevo, a día de hoy es natural aplicar el método científico a cualquier disciplina, pero debemos pensar que en aquella época el estudio científico de la sociedad, como si de la naturaleza se tratara, era impensable. Solo un cuerpo regido por leyes deterministas -el mundo físico- podría ser estudiado científicamente. Un cuerpo regido por la libertad -el mundo humano- era inabordable.

 

5- “La libertad y la educación previenen la delincuencia”. La tendencia a delinquir es inversamente proporcional a la libertad y la educación de que disfrutan los hombres. Como decimos, ideas que hoy parecen tópicas fueron planteadas alguna vez como revolucionarias.

 

6- “El fin de las penas”. Las penas tienen como objetivo impedir que el reo ocasione nuevos males a los ciudadanos y retraer a los demás de cometer otros iguales. Esto significa, que las penas tienen una doble función: de resocialización y disuasoria. Vemos pues que Beccaria propone alejarse de las concepciones retribucionistas de la pena, que la conciben, principalmente, como un castigo o justo pago por lo cometido.

 

7- “Proporcionalidad entre delitos y penas”. La pena, para resultar más eficaz, debe ser superior al bien que nace del delito y coherente con la propia naturaleza de este. Es decir, a un delito de naturaleza económica debe seguirle una pena también económica.

 

8- “Prontitud y certeza de la pena”. Cuanto más segura, más pronta y más próxima al delito cometido sea la pena, tanto más justa y más útil será. Decía Beccaria que no es la severidad de la pena lo que mayor disuade, sino su certeza, es decir el saber que sucederá y que sucederá más pronto que tarde.

 

9-“Suavidad del sistema penal”. La suavidad del sistema penal deberá ser directamente proporcional al estado de desarrollo social que tiene determinada comunidad. Es decir, el medir el progreso de una sociedad por la severidad de sus penas, una idea revolucionaria incluso para nuestros tiempos.

 

10- “Rechazo de la pena de muerte”. La pena más eficaz no es la pena de muerte, que no deberá aplicarse, sino la pérdida de libertad (aquel ámbito que el ciudadano realmente ha cedido al Estado en su contrato fundacional).

 

11-“Prevenir el delito no penalizando lo innecesario”. Las buenas leyes solo deberán castigar los verdaderos delitos, es decir, aquellas acciones que de verdad perjudiquen a los demás (y que no caigan dentro del ámbito de la mera libertad individual). Ampliar la esfera de delitos equivale a aumentar las posibilidades de cometerlos, aquello innecesario no se debe penalizar.

 

12- “Prevenir el delito mediante recompensa de su contrario”. Los delitos deben también prevenirse mediante la recompensa de las buenas acciones de los hombres.

 

Asimismo, dentro de la Escuela clásica debe mencionarse  la “Introducción a los principios de la moral y la legislación” del ingles Jeremy Bentham (1748-1832) donde también se establecían una serie de principios sobre la conducta humana y el control penal. Estos, son los siguientes:
 

1- “El placer y el dolor”. Evitar el dolor y buscar el placer constituyen el fin principal del hombre y define la medida de lo correcto e incorrecto, de ahí puede derivar el comportamiento delictivo. De nuevo, igual que Beccaria, Bentham contemplaba una visión hedonista como explicación al comportamiento delictivo y en la que basaría también sus propuestas de prevención.

 

2-“Condiciones de las que dependen el placer y el dolor”. Los placeres y dolores serán mayores o menores según su intensidad, su duración, su certeza o incerteza, su proximidad o lejanía, su fecunidad (probabilidad de que ese delito derive en otro), su pureza (probabilidad de que ocurran consecuencias contrarias al delito) y su extensión en número de personas a las que afectan.

 

3-“Principio de utilidad”. Este es el principio básico que rige el comportamiento humano en la búsqueda de la felicidad (ya sea individual o colectivamente).

 

4-“Fuentes de dolor y placer”. La física (fuentes naturales de placer y dolor) la moral o popular, la religiosa y la política (administrada por un juez). En esta última es donde intervienen y determinan las leyes.

 

5-“Finalidad de las leyes”. El objetivo principal es prevenir el daño a los individuos o comunidades, compensando este daño mediante la pena, con los siguientes propósitos: prevenir de cometer cualquier delito, si no fuera posible, inducir al delincuente a cometer un delito de menor gravedad. En el caso de que el sujeto cometa el delito, disponerle de no hacer más daño de lo necesario y por último, efectuar la prevención del modo más barato posible. Se sugiere aquí pues lo que hoy llamaríamos prevención general pero también prevención especial.
 

6- “Proporción entre los delitos y las penas”. El valor de la pena no debe ser en ningún caso menor que el suficiente para compensar el beneficio del delito. Cuanto mayor sea el daño del delito, mayor deberá ser la gravedad de la pena mediante la que sea compensado. Cuando los delitos entren en competencia, la pena por el delito mayor deberá ser suficiente para inducir a un hombre a preferir el delito menor. La pena se deberá ajustar de tal manera a cada delito concreto que, para cada parte del daño que el delito produce, debería haber un motivo que disuadiera al delincuente de realizar esa parte del daño. La pena no deberá ser en ningún caso superior a lo necesario para el cumplimiento de las reglas expuestas anteriormente. De nuevo, vemos que se abandona una concepción retribucionista de la pena para centrarse en la utilidad social.

 

 

Los orígenes de la criminología científica

 

No obstante, el inicio de la criminología tal y como la conocemos hoy en día -la criminología científica relacionada con la escuela positivista- viene de la mano del italitano Cesare Lombroso (1835-1909), quien más en serio se tomó la idea de aplicar el método científico hasta entonces propio de las ciencias naturales, al estudio de la sociedad. Su obra más conocida es “El hombre delincuente”. Propuso la teoría del atavismo degenerativo donde consideraba a los delincuentes como consecuencia de un desarrollo incompleto. Sin embargo, estas conclusiones no fueron sustentadas por estudios posteriores. En su estudio de la sociedad industrial de finales del siglo XIX el francés Gabriel Tarde (1843-1904) rechazó las ideas de Lombroso en pro de lo que él denominó “las leyes de imitación”, según las cuales el verdadero origen de la delincuencia no era más que la imitación de la delincuencia ya existente. Proponía la concepción de los delincuentes como personas normales -y no como enfermos o locos- que aprendían el comportamiento delictivo mediante imitación en ambientes más proclives a la delincuencia (ambientes de clase baja).  Los individuos se asociaban y de esta forma los nuevos aprendían de los anteriores. Pero el planteamiento pionero de la asociación diferencial entre delincuentes vino de la mano del estadounidense Edwin Shuterland (1883-1950) durante los años treinta y cuarenta, quien proponía que la delincuencia no era el resultado de una inadaptación social de sujetos de clase baja sino del aprendizaje que individuos de cualquier clase y cultura realizan de las conductas y valores criminales.
 

Los primeros estudios estadísticos en Criminología fueron realizados por André Guerry y por Adolphe Quetelet durante la primera mitad del siglo XIX a partir de las estadísticas criminales que Francia había comenzado a publicar en el año 1827 que incluían datos personales y sociales sobre los delincuentes. Guerry empezó así a aproximarse a la criminalidad ecológica realizando mapas donde sombreaba las áreas más propensas a la actividad delictiva. Quetelet se dedicó a buscar los factores que explicasen o se relacionasen con la criminalidad. Extrajo de sus estudios diversas conclusiones. En primer lugar, que la delincuencia es algo normal y presente en todas las sociedades. En segundo lugar, que la pobreza no era la causa de la delincuencia. Las tasas más altas de delincuencia aparecían en las ciudades y no en las regiones más pobres. Es aquí donde surge la teoría de la “privación relativa”, según la cual las personas adquieren conciencia de desigualdad al observar que otros poseen mayores posibilidades. Esto daría lugar a sentimientos de ira y resentimiento que llevaría a delinquir. Quetelet también es conocido por la creación de “las leyes térmicas”. Según su estudio de la secuencia de delitos durante el año, el calor de verano es más propenso a incrementar la delincuencia en delitos como los homicidios. En cambio, el invierno propicia el aumento de robos. (En la actualidad no hace falta recurrir a unas leyes térmicas para explicar los delitos, simplemente se puede entender que en verano hay más gente en lugares públicos y esto propicia los contactos entre las personas y por lo tanto, también la aparición de conductas delictivas.)

 

La escuela de Chicago

 

En relación al surgimiento de la criminología moderna destaca también la creación en 1892 del Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago. Su importancia reside en la consolidación del estudio científico a través de los métodos aplicados: entrevistas y observaciones. Establecieron contacto directo con el objeto de estudio (delincuentes) para así lograr mayor información sobre los factores socioculturales que influyen en la delincuencia.  Es aquí cuando surge la Ecología urbana y la Desorganización social como explicaciones al comportamiento delictivo, que desarrollaremos a continuación.

 

La Escuela de Chicago sugiere una vinculación estrecha entre estructura urbana y delincuencia, proponían que en la ciudad existen una serie de áreas concéntricas que se asocian a tasas de criminalidad. La hipótesis principal establecía una relación directa entre los niveles de desorganización social de los barrios con las tasas delictivas. Es entonces, al calor de estas nuevas visiones, que con más fuerza se presenta al delincuente  a como alguien normal que simplemente se hallaba al margen de la ley.

 

Como parte de la Escuela de Chicago destacan Shaw y McKay por sus estudios sobre la delincuencia juvenil en la ciudad de Chicago durante las décadas de los veinte y los cuarenta del siglo XX  a través de historias de vida y registros policiales/judiciales. Crearon una serie de mapas donde distribuyeron la ciudad de Chicago en cinco zonas según la delincuencia existente en cada una de ellas.

 

-Zona I o city, dedicada a los negocios

-Zona II o área de transición, habitada por emigrantes y clases más desvalidas.

-Zona III, correspondiente a los trabajadores que han logrado salir de la zona II.

-Zona IV, residencias de clase media.

-Zona V, áreas periféricas habitadas por la clase alta.

 

Según esto, la delincuencia juvenil fue diferenciada no por edad o sexo, sino por las zonas donde habitaban. Esto fue denominado como “ecología urbana” (la creencia de que la delincuencia seguía un patrón geográfico).

 

Las áreas de transición se caracterizaban por un gran deterioro físico de los edificios y zonas residenciales, además, mostraban altas tasas de delincuencia. Las personas que residían allí eran básicamente familias desestructuradas. Fue en estas zonas donde pusieron el foco de interés Shaw y McKay, buscando analizar la patología social que se producía como resultado de la desorganización social. En síntesis, determinaron que las tasas altas de delincuencia se relacionaban con la falta de orden (o desorganización social) característico en esas zonas de transición.

 

Una explicación más ajustada de este fenómeno es la siguiente: Los cambios rápidos en la industralización incrementaron la emigración a las ciudades, esto conllevo un descenso de las fuerzas de control informales e institucionales (falta de orden o desorganización social) a medida que las ciudades se expandían. Debido a esto, las tasas de delincuencia se incrementaron.

 

Movimientos críticos y marxismo

 

A mediados del siglo XX se produjo en las ciencias sociales un movimiento crítico. Se puso en entredicho la objetividad de las denominadas conductas desviadas e infractoras, es decir, se empezó a cuestionar si lo que estaba visto como delito era verdaderamente criticable, y si determinadas patologías mentales correspondían a un tratamiento psiquiátrico o no. Es en 1939 cuando el estadounidense Frank Tannembaum (1898-1969) introduce el término “tagging” para referirse  al proceso de etiquetaje que acontecía cuando detenían a un delincuente y lo calificaban como tal. Según Tannmbaum, el delito era resultado de dos definiciones: las que daba el propio delincuente y las que daba la sociedad. Esto es muy importante ya que, como explicaba Tannumbaum, una vez el delincuente es visto como una persona irrecuperable y perversa por la sociedad, es más susceptible de verse a sí mismo como tal y continuar actuando así sin oportunidades de adaptación social. Esto es, el hecho de cómo la sociedad entiende al delincuente juega un papel importante en su rehabilitación. La obra de mayor influencia para los teóricos del etiquetado fue la de Ervin Goffman (1922-1982), “Internados”. En esta obra se examina el impacto que produce en el individuo el hecho de estar en una institución como los psiquiátricos o las prisiones, internado.

 

Paralelamente surgieron las denominadas criminologías críticas, que desde perspectivas marxistas y otra afines analizaban la delincuencia en el marco de la lucha de clases. Pasaremos a explicar estas teorías más adelante.

 

Principales corrientes

 

Al tratar fenómenos tan complejos y mediáticos como son el comportamiento delictivo y la delincuencia, la Criminología abarca un gran espectro de perspectivas desde las que nacen los diferentes estudios y teorías. A continuación pasaremos a realizar una pequeña aproximación de sus principales corrientes doctrinales.

 

-Tensión y control social: El elemento esencial de las teorías que se contemplan en esta corriente es que la delincuencia es el resultado de problemas en la estructura y el funcionamiento social, especialmente de los desequilibrios existentes entre las metas sociales y los medios legítimos para su obtención. Lo que esto quiere decir, es que la sociedad demanda ciertos niveles de “estatus social” que no todo el mundo puede cumplir. Esa discrepancia entre objetivos y medios para conseguirlos podría generar una tensión en el individuo que propiciaría la aparición de subculturas con sus propias normas y valores además de hacerle responder de forma delictiva rompiendo con la norma para conseguir sus objetivos. Un ejemplo sencillo y a pequeña escala sería el siguiente: Una persona contempla que a su alrededor todo el mundo posee un móvil de gran calidad y quiere tenerlo también. Sin embargo, no dispone de la economía suficiente y decide robar. Y un ejemplo más complicado sería entender a través de esta concepción, la aparición de subculturas ajenas a las normas establecidas con su propio código ético.

 

-Criminología biosocial: Esta línea teórica es la más ligada a los inicios de la Criminología positivista a finales del siglo XIX (iniciada por Cesare Lombroso). Se concibe la agresión (que aparece en muchos comportamientos delictivos), como una tendencia adaptativa de los seres humanos a su entorno físico y social. Estas tendencias serían el resultado de la selección natural. Se realizaron múltiples estudios con hermanos gemelos y niños adoptados para poder encontrar una relación entre la delincuencia, la herencia y el ambiente. Se pretende encontrar las raíces evolutivas y biológicas de la agresión así como las condiciones sociales e individuales en las que esta agresión podría derivar en un comportamiento delictivo.

 

-Diferencias individuales y aprendizaje: Se trata de una corriente más psicológica y hace referencia a aquellas características personales y experienciales de los sujetos que pueden otorgar a los individuos más o menos vulnerabilidad y riesgo para el inicio del comportamiento delictual. Busca encontrar las diferencias individuales (edad, sexo, inteligencia y personalidad) para establecer de qué forma juegan un papel en el comportamiento delictivo. Por ejemplo, la impulsividad es un rasgo de la personalidad que ha sido siempre muy vinculado al riesgo de cometer un delito. Se pretenden estudiar estos rasgos teniendo en cuenta que pueden ser modulados por el ambiente social y que no se trata de algo meramente biológico.

 

-Etiquetado y conflicto social: Aparece a finales de los años sesenta y se caracteriza por sostener que el proceso fundamental para entender adecuadamente los procesos criminogénicos era el relativo a la definición, creación y aplicación de las propias normas sociales y legales, ya que estas suelen catalogar como comportamientos infractores muchas conductas que son características de los grupos más desvalidos de la sociedad. Se entendía así que eran las personas más vulnerables socialmente las que definían lo que era delincuencia. Esta corriente explicativa, deja fuera, por ejemplo, los delitos de cuello blanco (relacionados con la clase alta).

 

-Elección racional y oportunidad delictiva: Se engloban aquí desde perspectivas más antiguas (pertenecientes a la escuela clásica) como más modernas. Se entiende la racionalidad humana y la tendencia al placer como base de la delincuencia. Según esta concepción los delincuentes tendrían capacidad para decidir, es decir, valorar y ponderar los costes y beneficios para decidir delinquir o no. Se entiende que el delito tiene una utilidad para la persona que lo comete.  Presupone, por un lado, cierta naturaleza biológica en la búsqueda del placer y por otro lado, la existencia de un ambiente social y físico que ofrece las oportunidades necesarias para cometer el delito.

 

-Desarrollo de las carreras delictivas: Una carrera delictiva corresponde a la secuencia de delitos cometidos por un individuo a lo largo del tiempo, así como las variaciones que puedan darse (incremento, reducción, desistimiento…) Esta carrera se estudia bajo la influencia de los denominados factores de riesgo y factores de protección que pueden llevar o no a la conducta delictiva. Por tanto, se estudia al individuo durante toda su etapa vital para lograr extraer conclusiones acerca de qué factores se relacionan con el riesgo de delincuencia, cuáles son los protectores de que esto ocurra, en qué edades es más propenso el comportamiento antisocial

 

 

Texto de referencia: Redondo, S. y Garrido, V., (2013) Principios de Criminología, Valencia, España: Editorial Tirant lo Blanch.  

 

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