El Escorial: el capricho de Felipe II

31/07/2018

Hace un par de semanas el periódico Okdiario sacaba a la luz unas grabaciones donde Corinna zu Sayn-Wittgenstein explicaba que el rey emérito, Juan Carlos I, tenia cuentas en Suiza a nombre de su primo Álvaro de Orleans de Borbón. Si la noticia fuera cierta, no sería nada nuevo, porque durante siglos los jefes de Estado han utilizado dinero público para beneficio propio, un ejemplo lo encontramos en Felipe II, y la construcción de El Escorial.

 

 

 

 

Foto 1. Monasterio de El Escorial visto desde el Monte Abantos

 

En 1556, después de la renuncia de Carlos V ese mismo año, Felipe II fue nombrado  rey de Castilla, de Aragón y de todos los dominios italianos. El emperador no pudo legar el título imperial a su hijo, pero pudo entregarle el territorio de Milán que era un punto clave para las comunicaciones entre Italia y Centroeuropa. El hecho de que no fuera nombrado emperador no significaba que su poder disminuyera, porque como explica Antonio Domínguez Ortiz: “a pesar de la división de los territorios de la casa de Habsburgo, la rama española siguió teniendo una especie de tutela sobre la austriaca”.[1]

 

En 1561 se instaló en Madrid y la nombró capital, porque era una ciudad que tenía varias ventajas: se encontraba el Alcázar que se convertiría en el Palacio Real, su posición central permitía controlar mejor los puntos estratégicos de la península, y además, cerca se encontraba el monasterio de El Escorial.

 

Finalmente, en 1598 moría el rey en su retiro preferido el cual hizo que se ganara el pseudónimo de “el ermitaño de El Escorial”, por las largas temporadas que paso allí aislado de todos los problemas del exterior.

 

El reinado de Felipe II se caracterizó sobre todo por grandes pérdidas económicas provocando que España cayera en bancarrota en 1597 a pesar de todo el oro que llegaba de las colonias americanas, y es que, la construcción de El Escorial se convirtió en una obra demasiado costosa, además, se le añadían las pérdidas en la guerra contra Inglaterra, y los conflictos religiosos con las Provincias Unidas.

 

Las causas de su construcción

 

La primera causa por la cual Felipe II decidió construir El Escorial fue debido a que hizo un voto a San Lorenzo prometiendo edificarle un templo si salía vencedor en la batalla de San Quintín, pero el Padre Francisco Antonio de Villacastín indica en su obra que la verdadera causa fue “que para verificar el asalto de San Quintín, había tenido que abrir y destruir un monasterio de San Lorenzo que estaba junto a dicha plaza”[2], y un monarca como Felipe II, altamente religioso, no sería de extrañar que propusiese erigir un templo al que la necesidad había obligado destruir.

 

Además, Carlos V en su postrer codicilo le encargó a su hijo que construyera un edificio para colocar su sepultura y la de la emperatriz. A causa de esta petición, Felipe II decidió ampliar su idea de templo, para finalmente construir un monasterio donde se encontraría: un palacio real, el panteón real, un templo, un monasterio, y un centro de cultura y artes.

 

Análisis artístico

 

El edificio es un espacio rectangular de 206 m de fachada por 161 m de fondo con cuatro torres cuadradas en las esquinas que sirven de contrapunto vertical a la horizontalidad que domina en toda la obra.

 

El material utilizado para la construcción fue granito y pizarra.

 

Felipe II escogió al arquitecto Juan Bautistas de Toledo, que había trabajado con Miguel Ángel en el vaticano, inició las obras el 23 de abril de 1563, por desgracia murió al poco tiempo de que comenzase la edificación. Quien le sucedió fue su ayudante Juan de Herrera que modificó los proyectos de su antecesor; eliminó seis torres para que no hubiera un recargamiento en la decoración, elevó la fachada de poniente a la misma altura que las tres restantes y añadió a la fachada una portada que no tenía ninguna relación directa con la iglesia, para que ésta tuviera una visión más amplia.

 

La decoración externa está formada por un conjunto geométrico de pirámides y esferas, pero manteniendo la sobriedad rigurosa que era el objetivo principal del estilo escurialense cuyo fundador ejerció una fuerte influencia estilística y un control artístico durante el reinado de Felipe II.

 

La planta del edificio adopta una forma de parrilla ya que era el instrumento utilizado para el martirio de San Lorenzo, por tanto, está dividida en cuatro patios y su eje principal es la iglesia que está situada en el centro de la trama rectangular.

 

 

 

 

Foto 2: Planta de El Escorial.

 

La iglesia fue obra del italiano Paciotto y debajo de ella se situaría el panteón de los reyes en la época de Felipe IV. Su planta es de cruz griega, se organiza a partir de un espacio central cubierto con una cúpula sobre un tambor y además encontramos pilastras dóricas de forma colosal que soportan cornisas sobre las que cargan las bóvedas. En la cabecera se encuentra el altar mayor a cuyos lados se situaban los retratos familiares de Carlos V y Felipe II, y en el centro estaba el templete del sagrario donde se acentúa la decoración expresiva y simbólica del edificio.

 

En el patio de los Reyes es donde se sitúa la verdadera fachada del templo que está decorada con medias columnas de orden dórico y toscano, y está rematada por un frontón triangular.

 

 

 

 

Foto 3. Patio de los Reyes. El Escorial

 

El Palacio Real se sitúa en la parte norte del edificio y comunica con los aposentos privados del monarca. Su función era la de retiro espiritual por ese motivo encontramos una ausencia de espacios lujosos. Además, sus habitaciones privadas comunicaban visualmente con el altar mayor de la iglesia. La decoración que encontramos es de tema naturalista y algunas pinturas de historia.

 

La Biblioteca se encuentra en medio del convento y del estudio simbolizando la unión entre el mundo sagrado y el mundo profano. El programa iconográfico está formado por  las Alegorías de las Artes Liberales y una serie de figuras históricas y mitológicas que reflejan el carácter del conocimiento científico tal y como se concebía en la corte de Felipe II.

 

 

 

 

Foto 4. La Biblioteca. El monasterio de El Escorial

 

Por último, el patio de los Evangelistas, obra de J.B. Álvarez de Toledo, se concibe como un claustro de dos pisos. En el centro del patio se alza un templete octogonal con cúpula, y en él se sitúan las estatuas de los cuatro evangelistas que dan nombre al patio. Bajo el templete hay una fuente de la que parten cuatro canalillos que representan los cuatro ríos del paraíso.

 

 

 

Foto 5. Patio de los Evangelistas. El monasterio de El Escorial

 

Las interpretaciones sobre El Escorial

 

Actualmente hay cinco teorías sobre la interpretación de El Escorial: un símbolo de la contrarreforma, una ciudad de Dios como reflejo de la sabiduría Divina, un Panteón funerario de la monarquía, una creación “geométrica cúbica” de idea filosófica y una creación astrológica.

 

La primera se basa en la importancia que los constructores dieron a la función religiosa que era la más importante de todo el edificio. Esta idea era también utilizada para hablar de la monarquía hispánica debido al deseo del rey de mostrar al mundo el poder de España y su papel de defensor de la fe católica. Las enormes dimensiones del edificio hacían que resaltase la pequeñez del hombre ante Dios, y el camino que conduce al hombre al Panteón.

 

La interpretación de la ciudad de Dios como reflejo de la sabiduría divina consiste en la idea de que el Todopoderoso había construido el Arca de Noé, el Tabernáculo y el Templo de Salomón, y cuyas medidas se encontraban en la Biblia. Se creía que el hombre que fuese capaz de imitar las dimensiones de unos de esos tres edificios sería poseedor de la sabiduría divina. San Agustín había escrito la obra ciudad de Dios donde explicaba las que según él serian las medidas de esos tres edificios. Se cree que Felipe II tenía conocimiento de esa creencia y de la obra del santo porque el eje básico de la iglesia coincide con las medidas del Arca de Noé.

 

La lectura funeraria muestra El Escorial como el gran panteón real, pues su disposición conduce al visitante hacia las sepulturas reales. No se ha de olvidar que la dinastía carecía de un mausoleo y era necesaria su construcción por motivos de propaganda política y simbólica. La cripta Real del Panteón de los Reyes se concluyó en el reinado de Felipe IV y se complementó a finales del siglo XIX con el Panteón de los Infantes.

 

La teoría “geométrica cúbica” se basa en que la figura del cubo predomina tanto en la planta como en el alzado. Pitágoras explicaba que el cubo era el resultado de una triple operación, lo que le da un carácter divino. Esta idea justifica porque la bóveda de la Iglesia muestra una Trinidad sentada sobre una figura cúbica.

 

La interpretación astrológica se relaciona con la conocida pasión del rey por la Astrología, el Esoterismo, el Hermetismo y la Emblemática. El edificio se concebiría como un enigma jeroglífico, cuyo código se resolvería descifrando los símbolos de significados ocultos en la decoración alegórica de la Biblioteca y otros puntos en el interior de El Escorial. Como dice Antonio Boix Pons: “En esencia el edificio sería el producto de unos maestros de magia-ciencia que serviría de talismán protector para mantener el poder de la dinastía”[3].

 

Afortunadamente, hoy en día El Escorial es un edificio de libre acceso, considerado desde 1987 como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. Su conservación corre a cargo de la orden de San Agustín que permite que las ciudadanas y los ciudadanos podamos disfrutar del que en su época fue el gran capricho de Felipe II.

 

 

 

[1] DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. “El imperio hispánico de Felipe II”. En Antonio Domínguez Ortiz, Historia de España. El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid: Alianza Editorial, 1996, vol. 3, pg. 81. 

 

[2] Esta cita aparece en la obra de QUEVEDO, José. Historia del Real Monasterio de San Lorenzo llamado comúnmente del Escorial: desde su origen y fundación hasta el presente y descripción de las bellezas artísticas y literarias que contiene. Madrid: Fundación y Librería de Eusebio Aguado, 1854, pg. 3

 

[3] Boix Pons. A (3 de enero de 2012). Comentario. El monasterio de El Escorial. Recuperado de http://iessonferrerdghaboix.blogspot.com.es

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