El sueldo de los políticos (y de los generales)

¿Cobra poco el presidente del Gobierno? Según este artículo “los expertos” coinciden en considerar el (antiguo) sueldo de Rajoy como bajo, “especialmente si se compara no solo con un profesional cualificado o un alto ejecutivo del sector privado, sino también con otros altos cargos del Estado o presidentes autonómicos, y también en relación a primeros ministros de países del entorno”.

 

Según Ana Sofía Cardenal politóloga de la UOC “en términos simbólicos, al ostentar el presidente del Gobierno la máxima responsabilidad del Estado, esta distribución de sueldos resulta incoherente. Choca que Rajoy o Sánchez cobren menos de 80.000 euros al año, que es lo que cobra cualquier profesional un poco cualificado en una empresa con cierta antigüedad”. Idea que se refuerza con el habitual argumento de “atraer a los mejores” con sueldos altos (cuestión que ya comenté aquí).

 

El profesor de la UB Miguel Pérez-Moneo añade además que “Lo preocupante es que se generalice la idea de que los sueldos deben ser bajos porque supone desprestigiar mucho la función de estos cargos”.

 

Según el periodista Carles Torrijos, responsable del portal Sueldos PublicosHay varios criterios [para determinar el sueldo de un Presidente de Gobierno]. Por un lado, el nivel de vida que hay en España y, por el otro, los sueldos de los presidentes del entorno europeo”. Conclusión a la que se adhería en su informe el estudio de la Fundación Hay Derecho: “Si nos fijamos en Dinamarca como referencia, el sueldo debería situarse en el entorno de los 100.000 euros anuales. Si aplicásemos el ratio de Alemania, estaría en los 175.000 euros”.

 

Como en el artículo anterior todas estas afirmaciones me generan varias dudas. En primer lugar, creo que debería descartarse como argumento el apelar –sin ningún matiz- al sueldo de políticos extranjeros. Si lo que se pretende discutir es el criterio que debe regir esta cuestión no puede asumirse que los demás lo harán bien. ¿Por qué deberíamos asumir que Alemania o Dinamarca aplican el criterio más razonable? ¿Por qué no podríamos –ni que sea de vez en cuando- estar haciendo bien las cosas en España?

 

Pero es más, incluso si el criterio alemán fuera el correcto –cuestión que ni conozco ni valoro- no implicaría que el Presidente español también debiese cobrar 175.000 €/año. Un mismo criterio aplicado en casos distintos puede dar resultados también distintos. En efecto, son muchos los elementos de diferencia que pueden existir entre Alemania y España que podría explicar como un mismo criterio puede llevar a sueldos muy distintos. Así no sería del todo razonable que si la situación económica de esos dos países fuera muy distinta, los sueldos de los Presidentes fuera muy parecida. Si el ciudadano medio de cada uno de esos países tiene un poder adquisitivo y un tren de vida muy distinto, parece sensato esperar que su Presidente también tenga un poder adquisitivo y un poder de vida distinto.   

 

En un sentido similar apelar genéricamente al sueldo que tiene un alto ejecutivo en el sector privado es también querer correr demasiado. ¿Acaso deben regir los mismos principios a la hora de determinarse el sueldo en esos dos ámbitos? Es evidente que existen paralelismos entre ambos trabajos: son cometidos muy complejos y de alta responsabilidad –especialmente en el caso del Presidente. Pero no es menos cierto que existen grandes disanalogías entre sus cometidos que podrían explicar sueldos muy distintos. Por citar solo algunas de estas diferencias cabría destacar que el ejecutivo cobraría “del mercado”, mientras que el político cobraría “de la gente”. El ejecutivo no debe representar a nadie, acaso a los socios de su empresa, mientras que el político debe representar a la ciudadanía, con lo que ello podría implicar a nivel de sueldo (al menos para determinadas teorías de la representación). Igualmente, el ejecutivo nunca será el responsable de aplicar medidas que obliguen a la población a “apretarse el cinturón”, pero es evidente que el político sí, con lo que ello podría implicar a nivel sueldo (al menos para determinadas teorías de la solidaridad).

 

A mi parecer, lo preocupante no es que “se generalice la idea de que los sueldos deben ser bajos porque supone desprestigiar mucho la función de estos cargos”, como dice Pérez-Moneo. Lo preocupante es que se generalice la idea de que solo a través de sueldos altos puede dignificarse la función de estos cargos. ¿Por qué no entender que en el mismo cargo, en el honor, confianza y responsabilidad de conlleva, ya hay una gran remuneración? Es decir, ¿no sería la gratuidad de ese puesto una forma perfecta de decir “estar aquí es un gran privilegio, desempéñese con la máxima dignidad”? Sin duda existen poderosos motivos para que los cargos políticos estén remunerados –por ejemplo que todo el mundo puede acceder a ellos. Pero eso no debería hacernos olvidar que determinados cargos ya son, en sí mismas, un premio magnífico. Pensemos sino, ¿cuántos juristas de reconocido prestigio que querrían a día de hoy ingresar como magistrados del TC rechazarían el puesto en el caso de que el mismo dejara de estar generosamente pagado? Muy pocos, poquísimos diría yo. ¿Y por qué? Porque se entiende que ocupar esa posición es ya un honor sin parangón, al que unos miles de euros más ni pondrían ni quitarían nada. En definitiva, asumir como evidente que  “en términos simbólicos” el Presidente debería ser el político mejor pagado es correr demasiado. O mejor dicho: sí, debería ser el mejor pagado, pero no necesariamente con dinero. Al contrario, es esta necesidad de pagar generosamente lo que, en mi opinión, puede ser leído como un desprestigio.

 

Detrás de todas estas reflexiones se esconden, en mi caso, dudas respecto a dos modelos de general.  ¿Qué debe hacer un general en campaña? ¿Debe ser el primero en recibir el rancho, o debe ser el último? ¿Debe dormir en una tienda especial, o en una trinchera en el sueldo, como el más humilde de sus soldados? ¿Debe tener una buena paga, o son las estrellas que porta en el hombro remuneración más que suficiente? ¿Debe importar lo que este general ganaría en la industria privada? Como se ve a la hora de remunerar a los generales se nos plantean dudas muy similares a las que se nos plantean en el caso de los altos políticos. Sin embargo, creo que a la hora de pensarlo en estos otros términos las dudas que sugería más arriba se evidencian con más fuerza y nos damos cuenta que a la hora de pensar la retribución de los políticos son importantes más factores de los que habitualmente se tienen en cuenta. 

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