¿Atraer a los mejores? Mis dudas

Una de las ideas más habituales cuando se debate el sueldo adecuado de los políticos es aquella según la cual deben instaurarse sueldos altos “porque así atraeremos a los mejores”. Se dice que, de lo contrario, no tendremos a profesionales preparados en puestos de responsabilidad, ya que preferirán irse a la lucrativa empresa privada o a las universidades más prestigiosas. A primera vista parece una idea razonable pero a mí me genera bastantes dudas.  

 

Tomado en su sentido literal el eslogan anterior –que los sueldos altos atraen a los mejores- es falso, o por lo menos no del todo verdadero. Pues hasta donde yo sé el dinero le gusta a todo el mundo, y no solo a “los mejores”. Es decir, lo único que realmente provoca la mejora de las condiciones de determinado puesto de trabajo es un aumento en la demanda de ese puesto de trabajo. Ahora bien, la proporción de gente preparada y de gente no preparada que opta por ese puesto de trabajo se mantendrá constante, solo que ahora habrá más gente en disputa.

 

Es decir, si para el puesto X se presentaban 10 personas, lo normal es que 6 de esas personas fuesen “normalitas”, 2 fuesen excelentes, 2 fuesen pésimas. Y que si para el puesto X -tras la mejora de las condiciones- se presentan 100 personas, lo normal será que 60 sean “normalitas”, 20 excelentes, y 20 pésimas. La idea de que solo los más listos, más cultos, y más trabajadores oyen “la llamada del dinero” no es demasiado razonable. A mejores condiciones, más candidatos. Pero más candidatos de los buenos, más candidatos de los malos, y más candidatos de los normales, en la misma proporción.

 

Ahora bien, es evidente que cuanta más gente se presente a un mismo puesto más gente preparada -en términos absolutos- se presentará. Luego si existe un método de selección que discrimine a los preparados de los no preparados, el que se haya presentado más gente resultará en que se seleccione a más gente buena. Es más, el aumento de competición también propiciará que todos se preparen más  para poder vencer a sus rivales. Luego si había que cubrir 5 puestos de trabajo es más fácil llenarlos con gente de nivel si se presentan 100 que si se presentan 10 pues es más fácil encontrar 5 personas excelentes en un grupo de 100 que en uno de 10.

 

Por ejemplo, pensémoslo en relación a algún puesto funcionarial al que se accediese mediante oposiciones. Si los seleccionados fuesen los que hiciesen los 10 mejores exámenes, lo esperable sería que el año en que se presentáran 1000 candidatos el top de “los 10 mejores exámenes” estuviese formado por mejores exámenes que el año en que se presentaron 500 candidatos. Y esto se daría no solamente porque sea más probable encontrar 10 súper candidatos en un grupo de 1000 que en un grupo de 500, sino también porque al aumentar la competencia todos los candidatos se verían forzados a prepararse aún más.

 

Así las cosas, la pregunta clave para determinar si un aumento de los sueldos en política serviría para “atraer a los mejores” sería: ¿acaso existe algún método por el que discriminar a los mejores políticos de los peores? Es decir, ¿existe en política algún método para sacarle partido al aumento de demanda, para quedarse solo con “la parte alta” de la misma?

 

Mi sensación es que, a día de hoy, no existe ningún método razonablemente objetivo de discriminar a los candidatos en función de su habilidad para gobernar con sensatez y para la mayor prosperidad de la ciudadanía. Existe sin duda una “selección natural” de los mejores pero, eso sí, de los mejores en los oscuros artes del “colegueo”, de las influencias, del hacerle la pelota al que manda, del apuñalar por la espalda al rival etc.

 

En efecto, a menos que se instaurase en política un método de cribaje destinado a distinguir los políticos competentes de los incompetentes el aumentar la cantidad de candidatos –mediante una subida de sueldos- no serviría para nada. Es decir, sin un método de selección adecuado el aumento en términos absolutos de la cantidad de candidatos excelentes no se podrá aprovechar con lo que la proporción de políticos competentes e incompetentes se mantendrá. O dicho de otro modo, mientras en política suban los que tengan mejor retórica, los que saben no moverse para salir en la foto, y los que saben conspirar sutilmente, el aumento de sueldos solo ayudará a que se derroche más dinero público.

 

Sin embargo, así como la llamada del dinero no la oyen en particular solo los más competentes, lo cierto es que la llamada del dinero sí que atrae en particular  a un grupo de personas: aquellas más interesadas por los bienes materiales. ¿Es eso un problema?

 

En sí mismo no, pues todos los gustos no lesivos para terceros son igual de legítimos. Por ello que a un político le gusten mucho los lujos no es más criticable que a uno que le guste mucho la tranquilidad, la gastronomía o el sexo. Ahora bien, es evidente que una persona especialmente inclinada hacia la riqueza es -ceteris paribus- una persona más fácilmente corrompible/sobornable. Es decir, si tuviésemos dos personas iguales en todo menos en lo que respecta a su interés por el dinero, sería más probable que se corrompió uno que el otro.

 

Eso no significa que una persona interesada en acumular mucha riqueza deba ser -necesariamente- una persona poco honrada. En absoluto. Pues el deseo de riqueza es del todo compatible con el deseo de honradez. Es decir, de la misma forma que no diríamos de un gran amante del sexo que necesariamente va a ser un agresor sexual, tampoco podemos decir del gran amante de la riqueza que necesariamente vaya a ser un ladrón.

 

No obstante, a igualdad de condiciones, a igual entereza moral, es más fácil que “caiga en la tentación” aquel que más fervorosamente desea algo. Luego la falta de un especial interés en la riqueza no es una prueba irrefutable de incorruptibilidad, pero sí es una garantía o ayuda.

 

Planteado en términos inversos. Una garantía de incorruptibilidad es la vocación de servicio público (y el poco interés por los bienes materiales), y una forma de atraer solo a aquellos con vocación de servicio público (y poco interés por los bienes materiales) es mediante sueldos no-altos. Sueldos que solo puedan hacer atractivo el puesto de trabajo a aquellos que, por su vocación de servicio público (y poco interés por los bienes materiales), es más difícil que se corrompan.

 

Entiéndase bien: no es que la vocación de servicio público sea sinónimo de capacidad . Es evidente que no pues alguien puede tener muchas ganas de ayudar y ser un completo inútil. Lo que digo es que la vocación de servicio público (y el poco interés por los bienes materiales) son garantía de una de las virtudes del buen político -pero solo una-: la dificultad para corromperse.

 

En definitiva, por los motivos aducidos es bastante dudoso que, a día de hoy, unos sueldos altos “atraigan a los mejores”.

 

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Please reload

Buscador

Entrevistas

Qué opinan las voces más destacadas sobre los asuntos más candentes.s

Series

Diversos temas tratados con mayor profundidad y extensión en formato de series de artículos monotemáticos

colabora.jpg

Si quieres quieres criticar o complementar este texto, si no compartes su perspectiva, no lo dudes, haznos tu propuesta a la redacción.

¿En desacuerdo con este artículo?

Please reload

Revista Libertalia

Filosofía y Humanidades

  • Twitter - Revista Libertalia
  • Facebook - Revista Libertalia
  • LinkedIn - Revista Libertalia
  • SoundCloud - Revista Libertalia

Revista Libertalia es un proyecto sin ánimo de lucro ni línea editorial centrado en la filosofía y las humanidades.

 

Nuestro objetivo es promover la reflexión seria y profunda entre gente joven de dentro y fuera de la academia, tratando los diversos temas de forma compleja, pero con un lenguaje claro y directo.

 

Si estás interesado en colaborar con nosotros no lo dudes, enviándonos tus textos; nuestro equipo estará a tu disposición para acompañarte en el proceso de edición y publicación;  o bien ayudándonos a financiarnos a través de Patreon. 

Recibe la Newsletter