Libertad y determinismo (V): Deseos sobre deseos

Steven Tucci @tucci

 

En sintonía con las ideas que exponíamos en entradas anteriores, Frankfurt propuso en 1971 una influyente teoría que, podríamos imaginar, pretendía lidiar con los problemas que habíamos destacado entonces. En “Freedom of the will and the concept of a person” Frankfurt dice defender una visión sobre el libre albedrio compatible con el determinismo en base a una distinción entre “libre albedrio” (free will) y “libertad de voluntad” (freedom of the will). Veámoslo.

 

Como indica su título el artículo gira en torno al concepto de persona, el tipo de ser que, según Frankfurt, es susceptible de actuar libremente. Por ‘persona’ entiende Frankfurt un ser capaz de tener deseos de segundo orden, es decir, deseos sobre deseos. Por ejemplo, a veces deseamos determinada acción: holgazanear. Tal deseo constituiría un deseo de primer orden, porque toma como objeto de deseo a una acción. No obstante, puede que un deseo así nos desagrade porqué a la vez deseáramos carecer de ese tipo de deseos. Es decir, nos gustaría tener otro carácter más trabajador y -por lo tanto- tener otros deseos. En ese caso podemos decir que tenemos un deseo –no satisfecho- de segundo orden; un deseo que toma por objeto a otro deseo: deseamos que nos apetezca trabajar (en vez de holgazanear). Pues bien, según Frankfurt uno goza de libre albedrio (free will) cuando sus deseos de primer orden se adecuan a sus deseos de segundo orden. Cuando uno no solo hace lo que desea –trabajar por ejemplo- sino que además desea desearlo – desea que le apetezca trabajar.

 

No obstante, que uno tenga libre albedrio (free will) no significa que su voluntad sea libre (the will is free). En palabras de Frankfurt (1971, 19):

 

A person’s will is free only if he is free to have the will he wants. This means that, with regard to any of his first-order desires, he is free either to make that desire his will or to make some other first-order desire his will instead ”.

 

De este modo, para ser libre en el sentido moralmente relevante –el sentido por el que estamos interesados- solo se requiere libre albedrio (free will), esto es, adecuación entre los deseos de primer y segundo orden. Por ejemplo, según Frankfurt, el adicto a las drogas que en entradas anteriores parecía servir de contra ejemplo podría ser libre y responsable de tomarlas. ¿Cómo? Solo es necesario que el adicto sea lo que Frankfurt denomina un “willing adict”, es decir, un adicto satisfecho de su condición, una persona que no solo desea las drogas, sino que además desea desearlas. De este modo, aun cuando el adicto carezca de una voluntad libre ("his will is not free") con respecto a ellas, pues desea irrefrenablemente las drogas, como desea tener ese deseo, entonces podemos decir que es libre de tomarlas: 

 

His will is outside his control, but, by his second-order desire that his desire for the drug should be effective, he has made this will his own. Given that it is therefore not only because of his addiction that his desire for the drug is effective, he may be morally responsible for thanking the drug”. (Frankfurt, 1971, 20)

 

A primera vista la objeción más inmediata tendría que ver con cierto grado de arbitrariedad. Y es que ¿por qué el elemento clave debe ser la “sintonía” entre los deseos de primer y segundo orden, y no entre los deseos de primer, segundo y tercer orden (Watson, 1975)?  ¿Por qué detenerse ahí, y no más arriba en la escalera de deseos? ¿Qué razones tenemos para escoger un punto concreto y no otro?

 

Con todo, los problemas más importantes que esta teoría sufre serían los mismos que ya padecía Hume y las "Real self theories". Pues así como alguien puede ser esclavo de su carácter adictivo -y por tanto desear irrefrenablemente las drogas- uno también puede ser esclavo de su carácter (o carácter de segundo orden) y desear irrefrenablemente tener una actitud positiva hacia las drogasEs más, aunque uno no estuviese determinado a tener esos deseos de segundo orden, o más precisamente, aunque uno fuese libre de escoger tener ese deseo de segundo orden ¿por qué meramente “bendecir” cierto deseo irrefrenable –el deseo hacia las drogas- debería bastar para responsabilizar a alguien por sus actos? ¿Cómo algo que no tiene ningún papel causal en lo que acaba sucediendo –ese deseo de segundo orden- puede determinar que alguien sea responsable de sus actos? ¿No peca Frankfurt también de una falta de control absoluta? ¿Qué puede importar a la hora de responsabilizarme de algo si “hago mío” el deseo que efectivamente causa la acción? Si ese deseo de segundo orden no existiese, entonces la acción de tomar las drogas sucedería igualmente, luego que el sujeto acepte su condición de adicto "ni añade ni quita nada"; ¿qué clase de control ese ese?

 

Parece que Frankfurt cree determinante que se traten de mis deseos a la hora de decir que yo soy el responsable de determinados actos: 

 

Since the will that moved him when he acted was his will because we wanted it to be, he cannot claim the his will was forced upon him or that he was a passive bystander of its constitution (Frankfurt 1971, 19)”.

 

¿Pero por qué eso no me convierte en un simple “passive bystander”? Lo cierto es que todo indica lo contrario. Pensémoslo, si a medio espasmo muscular deseo con todo mi corazón el golpe que mi brazo va a producir a un tercero, ¿eso me convierte en responsable del golpe? Parece que no, aun cuando se tratase de mi deseo, de mi espasmo y de mi brazo golpeador. Aun con todo, solo soy un espectador pasivo, una víctima de mi cuerpo incontrolado.  En efecto, por mucho que desee tener un espasmo muscular y golpear así a alguien, si mi deseo no determina en ninguna manera mis movimientos, en nada importa su presencia. Si desear algo inevitable tuviese que tener alguna importancia ¿por qué mis deseos prodrogas no deberían servir para responsabilizarme de los actos de otro adicto? Al fin y al cabo mis deseos prodrogas son tan influyentes en mis actos de consumo como en los del tercero y tanto unos como otros revelan igualmente mi carácter prodrogas. Qué extraño que la falta de control sea suficiente para perder la libertad de voluntad (freedom of the will) y en cambio sea irrelevante en relación al libre albedrio (free will). Al fin y al cabo los adictos son casos paradigmáticos de falta de libertad, sin que introducir un deseo de segundo (tercer, cuarto…) orden sea capaz de evitarlo. En definitiva, la distinción salvadora que propone Frankfurt suscita también demasiadas dudas. 

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