Juicios y predicciones

20/06/2018

Como todos los años, en 2007 el equipo técnico de los Houston Rockets se puso manos a la obra para seleccionar los mejores jugadores posibles en el draft anual de la NBA. Ya hacía años que los responsables venían desarrollando un modelo que les permitiese seleccionar mejor a los novatos. Como es lógico, prestaban mucha atención a las características físicas de los jugadores, así como a sus resultados deportivos, pero también a aspectos personales y a sus orígenes. Aquel año el modelo determinó que un chico de 22 años y 2,16 metros de altura era uno de los mejores candidatos.
 

Sin embargo, algo ocurrió. Alguien encontró una foto del chico sin camiseta. Parecía un poco regordete, con cara de niño y con unos pectorales que le valieron el mote de “Man boobs”, algo así como “tetas de hombre”. A pesar de lo que decía el modelo, los responsables de los Rockets decidieron no apostar por él. El chico acabó cayendo hasta la posición número 48 del draft, un puesto que es más probable que lleve a un jugador a acabar saltando entre equipos segundones de ligas europeas que ni siquiera a calentar un banquillo de la NBA. No fue el caso de este chico. Se consolidó en los Grizzlies de Memphis y hasta la fecha ha sido seleccionado tres veces para los All-Star de la NBA. Se llama Marc Gasol.
 

A lo largo de nuestras vidas, nos encontramos en incontables situaciones donde debemos realizar juicios y predicciones sobre una gran variedad de asuntos, los cuales a menudo implican tomar decisiones. Desde realizar la compra semanal hasta votar en unas elecciones, pasando por contratar una póliza de seguros, decidir cuantos hijos tendremos o si conviene cambiar de carril en un atasco en la autopista. Pero, ¿cómo funciona nuestra mente para realizar estos juicios? ¿Qué mecanismos utiliza? Y, sobre todo, ¿qué es lo que a menudo nos lleva a realizar juicios y predicciones erróneos?
 

Daniel Kahneman y Amos Tversky, dos profesores israelís de psicología, se interesaron en responder estas preguntas [1]. Empezaron a trabajar juntos en los años 70. En 2002 Kahneman fue galardonado con el premio Novel de economía, conjuntamente con Vernon Smith.
 

Su campo de estudio se conoce en psicología como heurística, el conjunto de reglas que inconscientemente las personas seguimos para tomar decisiones de forma eficiente ante asuntos complejos e información incompleta. Estas reglas funcionan como “atajos mentales” y muchas veces son muy eficaces en su cometido. No obstante, en ciertas ocasiones nos llevan a tomar decisiones erróneas, en lo que se conoce como “sesgos cognitivos”. Se han detectado muchos sesgos de distinta índole, siendo algunos de los más habituales los relacionados con razonamientos erróneos de lógica, probabilidad o estadística. Veámoslo con un ejemplo.
 

Imaginemos una ciudad en la que hay dos hospitales. En el hospital más grande nacen unos 45 bebés cada día y en el pequeño unos 15. Como sabemos, el 50% de los bebés que nacen son niños (y el otro 50% niñas). Sin embargo, el porcentaje exacto de niños que nacen varía de un día a otro. A veces puede estar por encima del 50%, otras veces por debajo.
 

Durante un año, cada hospital ha registrado los días en que más del 60% de los bebés que nacieron fueron niños. ¿Qué hospital creéis que habrá registrado más días?

 

  • El hospital más grande.

  • El hospital más pequeño.

  • Los dos por igual.

 

Lo más probable es que el lector haya razonado como la mayoría de personas que respondieron esta pregunta en los estudios de Kahneman y Tversky. Si tenemos la certeza que en el conjunto numérico más grande el resultado es uno, tenderemos a extrapolar dicho resultado al conjunto más pequeño. Por lo tanto, dado que en conjunto el 50% de los bebés que nacen son niños, cabría esperar que ese patrón se repitiera en cada hospital y por tanto la respuesta fuera “los dos por igual”.
 

Sin embargo, la respuesta correcta es “el hospital más pequeño”. ¿Por qué? Pues porque de acuerdo con un principio estadístico básico, como más pequeño sea el tamaño de la muestra, más probable es que esta no sea representativa del conjunto mayor del que esta se ha extraído. Por supuesto que podemos aprender esta regla y si la tenemos en cuenta no volveremos a equivocarnos ante una pregunta así. Pero lo relevante en todo esto es que, si no aprendemos la regla y dejamos que nuestra mente realice estos razonamientos por si sola, nos arriesgamos a equivocarnos sistemáticamente[2].
 

Anteriormente hemos hablado de juicios y predicciones, pero estos conceptos no son sinónimos. Un juicio sería una valoración de un hecho presente (“Cristiano Ronaldo es el mejor jugador del Mundial”) mientras que una predicción implica un juicio sobre algo incierto (“Cristiano Ronaldo ganará el mundial”). Siguiendo con este ejemplo, después del hat trick de CR7 ante España (y del decebedor debut de Messi y Neymar) no hace falta ser Tomás Roncero para pensar que el portugués sea el mejor jugador del Mundial.
 

¿Qué problema hay aquí? La predicción de que el astro luso vaya a ganar el Mundial se basa en que es el mejor jugador. Es cierto que a menudo en el deporte el equipo ganador cuenta con el mejor jugador, de modo que podemos predecir que el equipo ganador del Mundial contará con la estrella de la competición. Si juzgamos que este es Cristiano, en Lisboa ya pueden ir abriendo el champán. No obstante, el buen aficionado al deporte rey sabe que, aunque es cierto que a menudo el equipo con el mejor jugador gana, eso no siempre es así. Para levantar un título influyen muchos otros factores. Por lo tanto, si bien esta predicción tiene una base más solida que pensar que Rusia pueda ganar el torneo (para empezar porque su presencia en éste se debe solo a ser los organizadores), deberíamos ser muy precavidos con ella. Quizás nuestra devoción por el delantero del Madrid nos está llevando a sobreestimar la importancia de esta variable y a subestimar la de otras. De hecho, modelos que toman muchas otras variables rebajan las opciones de victoria de Portugal hasta el quinto lugar.
 

En definitiva, existen multitud de sesgos que nos llevan a realizar juicios y predicciones equivocados. Algunos operan de forma muy intuitiva, otros no tanto. Con algunas instrucciones básicas podemos detectar muchos de ellos y modificar en positivo nuestra forma de razonar. Aún así, la realidad es compleja y acertar en todas las ocasiones no es un objetivo sencillo, acaso ni siquiera alcanzable. En cualquier caso, deberíamos intentarlo en aquellas cuestiones importantes y sobre todo de naturaleza colectiva.

 

 

 

[1] Lewis, Michael, 2016,The undoing Project: a friendship that changed our minds, W. W. Norton & Company
[2] Con lo cual, cada vez que veamos una encuesta electoral o de opinión pública, lo primero que debemos hacer es fijarnos en el tamaño de la muestra. Si esta no es pública y suficientemente grande, debemos desconfiar de los resultados de la encuesta.

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