Libertad y determinismo (III): Frankfurt y el principio de posibilidades alternativas

Thomas Tucker @through_these_eyes_photography

 

Seguramente el argumento más influyente en contra de la cuarta premisa del Argumento del Consecuente -i.e si no podemos actuar de forma distinta a como de hecho actuamos, entonces no somos libres- sea el que ofreció Harry Frankfurt en “Alternate Possibilities and Moral Responsibility” (1969).

 

En este famoso artículo, además de ingeniarse una forma de desafiar el principio de posibilidades alternativas, Frankfurt pretendía sugerir una visión genética de la acción libre. A su entender para que un acto sea susceptible de culpa o mérito debe surgir o ser producto de las decisiones del sujeto, con independencia de si otro acto era posible. Si un acto tiene ese pedigrí, entonces es un acto libre, y nada más tiene importancia.

 

Para sugerir esta idea propone el siguiente experimento mental:

 

Pepe apunta con si rifle a María. Antes de apretar el gatillo sopesa fríamente el significado y consecuencias de su acto. Finalmente decide apretar el gatillo y matar a María. Sin embargo, la decisión de Pepe es irrelevante para María, pues su destino ya estaba sellado. Contemplando la escena estaba un poderoso genio maligno: si  Pepe no decidía apretar el gatillo el genio le produciría un espasmo muscular que accionaría el gatillo de forma fatal. 

 

Pues bien, aun cuando la muerte de María era del todo inevitable, o aún cuando la acción de Pepe no influyó en absoluto en la muerte de María, consideramos que ha cometido un acto terrible. Es decir, aún cuando no era posible que sucediese otra cosa, aunque la muerte de María estaba determinada, Pepe es culpable.

 

¡Qué experimento! Efectivamente, sin que otra alternativa fuese posible parece que Pepe ha hecho algo terrible. ¿Pero, es así realmente? ¿Ha conseguido Frankfurt refutar la cuarta premisa del Argumento del Consecuente? ¿Debemos abandonar el principio de posibilidades alternativas? Las objeciones más habituales a este ingenioso argumento no parecen del todo acertadas. Unos aducen que no es cierto que el destino de María estuviese fijado. Por ejemplo, se dice que el genio bien podría haberle perdonado la vida. Otros razonan que Frankfurt comete una petición de principio, al asumir que Pepe es culpable,  cuando eso es lo que se pretende probar.

 

La primera objeción no es acertada porque solo se trata de una lectura poco caritativa del experimento mental. Asumamos, como parte del experimento, que efectivamente el genio no podía hacer otra cosa. Si Frankfurt estuviese equivocado no debería importar que el destino de María estuviese realmente sellado. La segunda objeción tampoco parece caritativa. Sí, en cierto sentido comete una petición de principio, pero la misma que comete cualquier experimento de este tipo que busca poner de manifiesto determinada intuición oculta. Con todo, olvidemos el segundo párrafo del experimento y preguntémonos si habiendo leído solo el primer castigaríamos a Pepe.

 

A primer vista parece que Pepe sí ha hecho algo condenable. Ahora bien, ¿qué significa aquí el término 'decidir'? Si, como pretende el compatibilista, decidir es un proceso también predestinado, el resultado de “neuronas rebotando como bolas de billar”, entonces una acción-decidida no es diferente de una acción-espasmódica. Es decir, si la decisión de Pepe no estaba predestinada, entonces Pepe merecería ser castigado a los ojos de un incompatibilista. En cambio, si como cree un compatiblista, la decisión de Pepe es solo “choque de neuronas”, entonces su decisión no merece más castigo que la bala que atraviesa a María (a ojos de un incompatiblista). Este es el único sentido en Frankfurt comete una petición de principio. En el sentido tenue según el cual su ejemplo solo convencería a quien ya lo estuviese de antemano. Es decir, solo si leemos el término “decidir” (o similares) al modo incompatibilista un incompatibilista estaría dispuesto a condenar a Pepe. Sin embargo, tal lectura no es la que propone Frankfurt por mucho que sea la que necesita. Es decir, si Frankfurt hubiese formulado su experimento del siguiente modo:

 

Pepe apunta con si rifle a María. Antes de apretar el gatillo sopesa fríamente el significado y consecuencias de su acto. Finalmente –dada la inexorable e incontrolable situación físico-química de su cerebro en ese momento- “decide” apretar el gatillo y matar a María. Sin embargo, la decisión de Pepe es irrelevante para María, pues su destino ya estaba sellado. Como Pepe era presa de su cerebro esa decisión estaba tomada desde antiguo. Las leyes físicas, su educación y la concreta situación de su cerebro habían matado ya a María. Además, -para más inri- pasaba por ahí un genio maligno que de no estar Pepe predestinado a decidir disparar, hubiese creado un espasmo en su brazo para asegurar la muerte de María.

 

Difícilmente podría haberlo acompañado del segundo párrafo antes mencionado. O más concretamente, pocos incompatibilistas se hubiesen puesto nerviosos al leerlo. Si tradujésemos de forma explícita el tendencioso “Pepe decide” por “unas reacciones físicamente determinadas provocan que Pepe” entonces el embrujo se rompe. Podría decirse que la fuerza del ingenioso ejemplo de Frankfurt solo reside en una especie de falacia homuncular, al desplazar y esconder el problema principal –¿qué es un acto libre?- en otro lugar –¿qué es una decisión libre?

 

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