Pasaportes y fronteras (I): Introducción

01/06/2018

Casi seguro que todos los que lean este artículo tienen nacionalidad; rojo, negro o azul, el lector va a tener el pasaporte de algún país (o varios). Pero este artículo va sobre los que no tienen: sobre los apátridas.

 

Las categorías y conceptos que orbitan este tema son confusos y aparentemente se solapan. La intención de este artículo es definir bien unas cuantas nociones, para poder hablar con propiedad de una serie de situaciones netamente distintas y así poder ver el problema de fondo.

 

A todo el mundo le suena el concepto de refugiado. No sólo lo hemos visto en la prensa los últimos años por la guerra de Siria, sino que siempre ha resonado la idea de que alguien huye de su país, normalmente a causa de una guerra o conflicto armado. Así como la noción de exilio y la de asilo tienen un contenido claramente político y jurídico (relacionado con un traslado indefinido de la residencia habitual fuera del país de origen), la noción de refugio tiene un componente humanitario vinculado a un estallido violento.

 

La apatridia, sin embargo, es un fenómeno mucho menos conocido. Su etimología es equívoca: no se trata de una persona sin patria (cuestión más bien subjetiva relacionado con lo que cada uno siente) sino de una persona sin nacionalidad (cuestión jurídico-política).

Desde esta premisa, la definición de apátrida debería ser fácil: quien puede otorgar nacionalidad a los individuos son los Estados; por lo tanto, si ningún Estado te ha dado nacionalidad, eres apátrida. Así es como en los tratados internacionales se ha definido apátrida como "aquella persona que no es considerada como nacional por parte de ningún Estado de acuerdo con sus leyes"[1]. (Destacar, sin embargo, que esta es una definición rígida de apatridia.)

 

Cabe preguntarse: ¿por qué tiene sentido y es valiosa jurídicamente la nacionalidad para un individuo? Porque le confiere una serie de derechos (más o menos amplios, más o menos efectivos) dentro del territorio nacional y cierta protección por parte del Estado cuando se encuentra fuera de su territorio.

 

Pero, ¿qué ocurre cuando esta protección (diplomática, consular) no existe, sea por falta de voluntad (inacción o directamente persecución) o de capacidad del Estado? Esta nacionalidad se convierte en poco más que papel mojado. De aquí que una definición menos rígida de apatridia[2] quiera incluir aquellos apátridas de facto; aquellos que, estando fuera del territorio nacional, y a pesar de no ser considerados por los tratados como apátridas, por ejemplo se les deniega el retorno a su país, o la expedición de un pasaporte.

 

Pero esta definición nos lleva inmediatamente una confusión: una persona, a quien, encontrándose fuera de su país, es perseguida por su Estado, ¿es un apátrida de facto, un refugiado o un asilado? Hay que hilar fino para responder esta pregunta.

 

Un refugiado es una persona que se encuentra fuera del Estado del que es nacional o de su residencia habitual por un miedo fundado a ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad o pertenencia a un determinado grupo social o político, y que no goza de protección de este Estado mientras se encuentra fuera de él[3]. Posteriormente, el relato y la práctica de la ONU y sus organizaciones han ampliado la definición, por lo que actualmente también comprende personas que se encuentran fuera de su país (de nacionalidad o de residencia habitual) y no regresan por amenazas serias e indiscriminadas contra su vida, integridad física o libertad derivadas de violencia generalizada. Por lo tanto, un refugiado es alguien que huye de persecución contra su persona en particular o de violencia generalizada allí donde viva.

 

Así, un apátrida (de iure o de facto):

  • puede ser también refugiado (por eso se dice que el refugiado huye del Estado de nacionalidad o donde tiene residencia habitual)

 

  • puede no ser refugiado (este es el caso de millones de personas en la actualidad que, sin tener ninguna nacionalidad, tienen su residencia habitual en un Estado donde no hay guerra)

 

  • hay refugiados que no son apátridas (ni de iure ni de facto). Este sería el caso de personas que huyen de su Estado de nacionalidad pero se siguen beneficiando de la protección que su gobierno (internacionalmente reconocido) les ofrece mientras están en el extranjero.

 

Evidentemente, hay casos donde es difícil delimitar la frontera entre unos casos y otros[4], pero lo que se deduce de estas definiciones es que la condición de refugiado tiene una vocación temporal mientras dure el conflicto, y sobre todo requiere de una asistencia material, mientras que la de apátrida tiene una duración indefinida y plantea retos de tipo más bien legal.

 

El asilo es otro de estos conceptos que suelen aplicarse a las persones que están fuera de su país porque huyen de él, pero tiene una naturaleza totalmente distinta de los conceptos anteriores. Mientras que los conceptos de "refugiado" y "apátrida" son figuras típicas del derecho internacional, las cuales los Estados pueden regular y revestir de protección (o no) en sus ordenamientos jurídicos internos, el asilo es una figura típica de los ordenamientos jurídicos internos. El asilo implica que un Estado acoge una persona que a menudo (pero no necesariamente) es reclamada por otro Estado (normalmente por su justicia), rechazando entregarlo a las autoridades de este segundo.

 

Cada Estado decide a quién da asilo y a quién no, y si lo hace por motivos políticos o humanitarios. Así, se puede dar asilo a un refugiado, a un apátrida, a un apátrida refugiado, a un migrante o a cualquier otra persona; es un instrumento jurídico que tiene un Estado para acoger y proteger a una persona en su territorio o en sus embajadas, consulados o buques de guerra -en estos últimos casos se llama asilo diplomático-, por los motivos que sea, incluso contra el derecho internacional (como en el caso de Ecuador con Julian Assange).

 

A primera vista podría parecer que todas estas distinciones tienen solo un interés teórico. No obstante, lo cierto es que para muchas personas es una cuestión de vida o muerte. Distinguirlas y conocerlas es esencial para comprender muchos de los fenómenos políticos que suceden a nuestro alrededor y para poder exigir a nuestros Estados un comportamiento diferente.

 

 

 

[1] Artículo 1 de la Convención sobre el Estatus de las Personas Apátridas de 1954

[2] ACNUR, Resettlement Handbook, p.22

[3] Artículo 1 A (2) de la Convención sobre el Estatus de las Personas Refugiadas de 1951

[4] Por ejemplo cuando un Gobierno desnacionaliza sus nacionales refugiados en el extranjero durante un conflicto bélico, convirtiéndose técnicamente en apátridas, pero para afirmar del todo la apatridia habría que esperar a la resolución del conflicto y ver si el Gobierno resultante confirma o deroga la desnacionalización.

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