Pasaporte por valiente

11/06/2018

Cuentan que, durante el segundo sitio de Zaragoza, en el invierno de 1808, se podía ver al general Palafox recorriendo la ciudad a lomos de su caballo repartiendo, a diestro y siniestro, condecoraciones, ascensos y privilegios a los ciudadanos que mostraran mayor arrojo en la defensa de la ciudad. Como el gobierno de la ciudad no tenía pan que ofrecer a los defensores, los intentaba estimular con “gracias”.

 

Pese a que la ciudad acabó capitulando ese mismo invierno tras una resistencia insólita aun son visibles hoy en día las medallas e insignias que el capitán general, representante de la administración en la ciudad, otorgó para estimular a los defensores.

 

No es, por tanto, nada nuevo que una administración o gobierno premie o reconozca una determinada actitud mediante la concesión de una mejora en el estatus social. Una “gracia” discrecional del gobierno que tradicionalmente va desde el otorgamiento de un título nobiliario a, en tiempos recientes y democráticos, la dación de la ciudadanía a extranjeros que ejecuten una determinada conducta o reúnan unas características que el gobierno quiera premiar.

 

Es este último caso el acaecido en París. En el que el presidente Macron otorgó la nacionalidad francesa a un inmigrante malí que escaló diversos pisos para salvar heroicamente a un menor que se encontraba colgado de un balcón. Concretamente, el Elíseo le ha concedido una medalla, un certificado de “valor y entrega” y le ha asegurado que su situación se regularizaría, ya que, según el presidente, ese “acto de una inmensa valentía, fiel a los valores de solidaridad de nuestra República, debe abrirle las puertas de nuestra comunidad nacional".

 

Por supuesto, en España se dispone de un mecanismo similar. Es conocido como “Carta de Naturaleza” y está previsto en el art. 15 del Código Civil, concesible mediante Real Decreto. Este fue el medio escogido para, recientemente, otorgar la nacionalidad española a más de 4.300 sefardíes. Para este caso, incluso se llegó a promulgar una ley, la 12/2015 de Concesión de Nacionalidad a Sefardíes.

Sin embargo, son muchos los que consideran estos actos como hipócritas. En el caso de los sefardíes, ¿por qué el gobierno español sí ha de intentar reparar la expulsión de los sefardíes y no, por ejemplo, la de los moriscos? ¿Qué diferencia hay entre la expulsión de los sefardíes en el siglo XV y la de los moriscos en el XVII que hace que la primera sea reparable y la segunda no merezca la pena? ¿Será el presumible capital del que dispone el primer colectivo? ¿O, realmente y como apuntaba el Ministerio de Justicia – y antiguamente de Gracia – los herederos de los moriscos no mantienen unos lazos culturales que sí tienen los sefardíes con España?

 

Volviendo al caso de Macron, hay también quien se plantea si el propio hecho de conseguir cruzar el Mediterráneo y sobrevivir en un país que apenas te reconoce derechos, día tras día, no es también un acto de heroísmo susceptible de ser recompensado con la nacionalidad. Pareciere que, si uno es francés o español, se le presumen unos “valores de solidaridad” con la “comunidad” de los que el inmigrante carece. Y que, si este ha de acreditarlos, ha de hacerlo por partida doble. ¿Cuál es la principal diferencia entre el maliense que rescató al menor y el propio Macron que hace a uno merecedor de la nacionalidad desde nacimiento y al otro desde el heroísmo?

 

Por otro lado, no son pocos los países que facilitan la adquisición de la nacionalidad por la riqueza del adquiriente. En esta lista, en la que se encuentran países como Portugal, Reino Unido o Estados Unidos, también está España, que durante la crisis concedió la nacionalidad a casi 500 extranjeros, sobre todo rusos y chinos, por la compra de un inmueble en el país por encima de un determinado valor o la inversión en bonos del Estado y productos similares. Países como Chipre o Malta, directamente pusieron a la venta la adquisición de los papeles de naturalización. ¿Estas medidas ponen en venta la adquisición de la ciudadanía? ¿Es la riqueza del inmigrante lo más importante a la hora de determinar si este debe ser nacional o no? ¿Debería de serlo? 

 

Por último – y aunque daría para otro artículo – es curioso observar que, mientras España ofrecía esta posibilidad a determinados extranjeros adinerados, rechazaba, sistemáticamente, la concesión de nacionalidad a saharauis quienes, por supuesto, no podían optar por la "vía Golden" de adquisición de la nacionalidad, a golpe de Visa.

 

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