Drogas: mitos y confusiones

06/06/2018

 


Durante 2016 murieron 64.000 personas en Estados Unidos por sobredosis de drogas[1]. Se prevé que durante 2017 esta cifra puede haberse duplicado. De cualquier manera, estas 64.000 muertes por sobredosis siguen siendo muchas más que las 50.000 muertes por accidentes de tráfico que hubo en 1972, año a partir del cual empezaron a disminuir[2]. Los picos de muerte por armas de fuego y VIH fueron en 1993 y 1995, y también fueron mucho menores: 40.000 y 45.000 respectivamente. Es alarmante que la cifra de muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos ha ido en aumento desde 1980, cuando fueron pocas más de 5.000.

 

En Estados Unidos se considera que esta es una situación de crisis nacional y cada vez más frecuentemente recibimos noticias de cómo puede llegar a nuestro entorno. Cómo afrontar este tipo de retos va ocupando el contenido de nuestras conversaciones a medida que la preocupación se extiende. Por desgracia, los medios transmiten una serie de premisas falsas que minan las posibilidades de construir reflexiones sólidas. En este artículo se pretenden abordar los prejuicios más habituales y sentar unas bases de discusión fértil.

 

Antes de empezar, no obstante, es importante esbozar algunas ideas: ¿Qué son las drogas y cuáles son sus peligros? Aunque esto podría ser el tema de varios libros y congresos, aquí se expondrán algunas ideas contra-intuitivas necesarias para la comprensión del artículo.

 

Es importante especificar aquí qué se considera una droga. A nivel farmacológico no hay ningún criterio que nos permita separar el azúcar, el café, el alcohol y el tabaco del resto.  De hecho, el estudio más riguroso que se ha hecho clasifica el tabaco y el alcohol, junto con la heroína y la cocaína (el azúcar no está incluido) entre las drogas más peligrosas[3]. Este mismo estudio clasifica el éxtasis, el LSD y las setas como drogas muy seguras, junto con el café. El criterio definitorio del estatus legal de una sustancia es, por tanto, meramente político-cultural. En consecuencia, existen distintas definiciones de droga que usan distintos grupos para argumentar distintas aproximaciones al tema. Por ejemplo, los partidarios de la regulación de las drogas actualmente ilegales definen “droga” como sustancia psicoactiva. Eso significa que es una sustancia que produce cambios en el estado psíquico del que la consume e incluye el azúcar, el café, el alcohol y el tabaco. Los partidarios del prohibicionismo definen las drogas como aquellas sustancias ilegales por las convenciones de Naciones Unidas, excluyendo alcohol café y tabaco.

 

 

 

 

“La adicción a la heroína consume Estados Unidos”. El periódico, 8/17 [4]

 

Falso. La adicción a la heroína en Estados Unidos no ha aumentado, el consumo ha aumentado de forma muy discreta. Lo que ha aumentado son las muertes por sobredosis. No hay que confundir consumo y adicción. La mayoría no lo hace cuando habla del café, el alcohol o el cannabis, pero sí es muy frecuente con la heroína. Como regla general, alrededor de un 10% de las personas que han consumido una droga ilegal en el último año sufren lo que se conoce como adicción (diagnóstico de trastorno por consumo de sustancia, actualmente)[5][6]. Estos datos son extrapolables (con matices) a las drogas legales. No obstante, dos sustancias destacan por no cumplir esta regla: la nicotina y el cannabis: Casi un 70% de las personas que consumen habitualmente nicotina desarrollarán adicción a lo largo de la vida y menos de un 10% de las que consumen cannabis la desarrollarán. Como curiosidad, si cabe destacar que la mayoría de personas consumidoras de cannabis van a desarrollar una adicción a la nicotina, debido a su consumo simultáneo en lo que se conoce como “el porro”.

 

En Estados Unidos el porcentaje de personas usuarias de drogas ilegales y adictos (a opioides y otras drogas)  no ha variado significativamente en los últimos años: En 2014 un 1.8% de la población había consumido heroína en el último año y un 0.25% aproximadamente cumplía criterios de trastorno por consumo de heroína. Esos números no han variado desde los años 80[7].  Lo que ha aumentado de forma alarmante han sido las sobredosis relacionadas con los opioides. Eso significa que gran parte del aumento de las sobredosis viene de la mayoría de personas que consumen opioides sin tener problemas asociados (adicción). De hecho, la adicción se podría considerar un “factor protector” para las sobredosis, como veremos más adelante. Por estos motivos, titulares como el de El País (10/17) son totalmente falsos: “EE UU declara la emergencia sanitaria por la ola de adicción a los opiáceos”: Estados Unidos declara una emergencia sanitaria por el incremento exponencial de muertes por sobredosis.

 

 

“La sobreprescipción de opiáceos[8] es el principal factor causante de la crisis”. BMJ, 10/17 [9].

 

Es cierto que en Estados Unidos se están dando analgésicos de tipo opioide de forma masiva. Una de las posibles explicaciones es la gran influencia de la industria farmacéutica, que ha publicitado estos analgésicos opioides tanto a pacientes como médicos hasta el punto de tener que pagar decenas de millones de dólares por publicidad engañosa. Otra posible explicación se encuentra en el sistema sanitario basado en aseguradoras de salud privadas. Las aseguradoras cubren la prescripción de medicamentos para el dolor con facilidad pero raramente bajas para hacer reposo o programas de rehabilitación. Para muchos trabajadores, un analgésico “fuerte” acaba siendo la única forma de poder seguir ganándose el pan. Sea cual sea el motivo, hay más consumo de analgésicos opioides, sobretodo oxicodona.

 

Lo que no queda claro es hasta qué punto este es un factor causante de la crisis[10]. Sabemos que entre un 1 y un 10% de los pacientes tratados con estos analgésicos van a desarrollar una adicción y sabemos también que ni los adictos ni los consumidore/as de opioides han aumentado significativamente en los últimos años[11]. Sabemos también que no hace falta ser adicto para morir de sobredosis, y que los medicamentos aprobados por las agencias estatales son más seguros que las sustancias producidas y distribuidas por narcos. También sabemos que las muertes por sobredosis que han aumentado más han sido las asociadas a heroína y a derivados del fentanilo. El fentanilo es un analgésico potente de uso principalmente hospitalario que se usa frecuentemente para cortar la heroína[12]. En resumen, aunque no se ha podido demostrar la causalidad, es probable que el aumento del consumo de analgésicos opioides participe del aumento de muertes por sobredosis. No obstante, también hay que sospechar que otros factores estarán también implicados.

 

 

 

Trump declara la adicción a los opiáceos una "emergencia de salud pública nacional". Huffington post 10/2017 [13]

 

Falso. Donald Trump anunció que declararía una emergencia nacional en agosto 2017, pero finalmente en octubre 2017 declaró una crisis de salud pública. El resultado: Más dinero para perseguir el tráfico y más dinero para el tratamiento de adictos. Si, para tratamiento de las personas con una adicción a opioides. Pero… ¿no habíamos quedado que el gran problema de reciente aparición no era la adicción sino las muertes? Correcto. Eso no significa que la adicción no sea un problema importante, solo que es el mismo problema que había en los años 80, los 90 y los 2000. El problema crítico de reciente aparición es el de las muertes por sobredosis.

 

Las personas con más riesgo a morir de sobredosis son justamente las que no están en tratamiento para la adicción, ya sea porque no la tienen o porque la habían superado. El consumo habitual protege de las sobredosis, por el fenómeno de la tolerancia. Tolerancia significa que, consumiendo la misma cantidad de una sustancia, ésta genera menos efecto cada día o que para obtener el mismo efecto, cada día hay que consumir más. Cabe destacar que la tolerancia ocurre tanto para los efectos deseados de una sustancia como para los efectos tóxicos. Esto puede llevar a la adicción con su consecuente declive económico y abandono de obligaciones familiares, profesionales y sociales, pero protege también de la sobredosis. Otro factor que protege de las sobredosis es la práctica en el consumo. Los usuarios experimentados son menos proclives a cometer errores al administrar sus drogas que los noveles, a los que un error puede costarles la vida.

 

Hay que tener claro, por esto que la tolerancia y la experiencia en el consumo protegen de la sobredosis (toxicidad aguda) pero no de la toxicidad crónica u otros daños causados por una sustancia. Por ejemplo, en las urgencias de un hospital es más frecuente un caso de coma etílico (sobredosis) en un adolescente que está empezando a beber que en un bebedor importante de 50 años. No obstante, sería sorprendente que un adolescente sin adicción consultase por cirrosis hepática o por los problemas económicos y profesionales causados por el consumo problemático de alcohol, problemas que no nos sorprenderían en un bebedor importante de unos 50 años.

 

Es evidente que eliminando el consumo de alcohol eliminaríamos los comas etílicos, pero hay un importante precedente de cómo el intento de eliminar el consumo de alcohol fue terriblemente perjudicial en Estados Unidos. La Ley seca podría haber llegado a reducir el consumo de alcohol en Estados Unidos a la mitad, pero causó mayores daños que beneficios, ya que incrementó la fuerza de las organizaciones criminales (ofreciéndoles un provechoso mercado) y aumentó los daños asociados al consumo de alcohol. Estos se produjeron debido a muchas razones, entre las cuales destacan: 1) Las bebidas más seguras como el vino y la cerveza dejaron de ser rentables para las mafias en relación a los destilados de alta graduación, que producen intoxicaciones graves por alcohol con mayor facilidad. 2) La producción de alcohol dejó de estar supervisada por inspectores y coordinada por profesionales cualificados, aumentando la adulteración y la toxicidad del alcohol.  3) los consumos de alcohol se produjeron en ambientes de mayor criminalidad y menor seguridad estructural, incrementando los accidentes asociados al consumo de alcohol. Por otro lado, existen muchos precedentes de cómo reducir los problemas asociados a la sobredosis de alcohol mediante intervenciones de salud pública. Algunas de estas intervenciones son la restricción en la edad de compra de alcohol, los impuestos añadidos a las bebidas alcohólicas y las intervenciones de prevención y reducción de riesgos y daños en entornos de ocio recreativo (como por ejemplo, presencia de ambulancias en conciertos).

 

En resumen, Trump no declaró una emergencia nacional sino una crisis de salud pública, y las intervenciones propuestas no tienen en consideración el 80-90% de los usuarios de opioides (los que no tienen una adicción) con mayor riesgo a sufrir una sobredosis mortal.

 

 

El opiáceo que se esconde detrás de las muertes por sobredosis. El País, Mayo 2017 [14]

 

No toda la verdad. Sí es cierto que la presencia de derivados del fentanilo vendidos como heroína parece contribuir en gran medida al aumento de muertes por sobredosis, pero sería una simplificación inaceptable achacar este fenómeno tan complejo a la presencia de una sola sustancia.

 

Los derivados del fentanilo son opioides más potentes que la morfina y la heroína diseñados para su uso durante las cirugías. Más potencia sólo significa que se necesita menos cantidad para conseguir el mismo efecto. En este sentido, no parece ser “culpa” la presencia de fentanilos, que se usan de forma muy segura en los quirófanos de todos los países desarrollados, sino el hecho que los usuarios no saben que lo que han comprado no es heroína sino un fentanilo más potente.

 

Si un usuario se inyecta la misma cantidad que habitualmente pero de una sustancia que es entre 30 y 50 veces más potente, lo más probable es que muera de sobredosis.. Por este motivo, no son estos nuevos y potentes opioides sino la ignorancia, lo que se esconde detrás de las muertes por sobredosis. Esto queda aún más claro al saber que un 70% de las muertes por sobredosis en las que se detectan opioides, también se detectan otros depresores del sistema nervioso y la respiración, como el alcohol y las benzodiacepinas.

 

Si las personas que deciden consumir sustancias opioides supieran qué consumen (heroína vs. derivados del fentanilo) y supieran que mezclando esas sustancias con otros depresores (alcohol o benzodiacepinas) multiplica el riesgo de sobredosis, seguramente se reducirían drásticamente las muertes por sobredosis.

 

¿La marihuana legal puede resolver la crisis de opiáceos? Newsweek 3/17 [15]

 

Probablemente no. Aunque sí parece que se ha visto una asociación entre los estados que han legalizado el cannabis y un descenso de las muertes por sobredosis, probablemente  esta relación no sea causal. Los estados donde se ha legalizado el cannabis tienden a ser los estados más liberales en cuanto a política de drogas, que implementan en mayor medida políticas de reducción de daños en vez de ser duros en “la guerra contra las drogas”. Sabemos que las políticas de reducción de daños han demostrado de forma incuestionable en muchos países que reducen las muertes por sobredosis y las tasas de infección por VIH y virus de la hepatits C, por ejemplo. En cualquier caso, no es el objetivo de este artículo realizar un análisis técnico de los distintos abordajes para resolver la crisis de los opioides, sino ofrecer unos conceptos y distinciones básicas para permitir la lectura crítica y la discusión constructiva sobre este tema.

El fondo moral del asunto

 

Dicho esto, lo cierto es que el debate sobre cómo resolver los problemas asociados al consumo de drogas acostumbra a ir cargado de indignación moral. Por un lado, hay indignación moral de los que creen que el consumo de ciertas drogas es inmoral, y se debe combatir sin aceptar ningún tipo de uso. Muchas veces estos discursos se visten de alertas sobre los peligros de las drogas en la salud, pero es fácil ver  en el fondo la defensa de la pureza o abstención. Por otro lado, hay indignación moral por parte de los que no sólo creen que consumir drogas no está mal, sino que cada persona tiene derecho a elegir cómo quiere llevar su vida, lo que incluye la obligación del estado de respetar la decisión del ciudadano sobre las sustancias que decida utilizar o consumir.

 

Evidentemente estos grupos se encuentran a los polos de la indignación moral en el debate sobre cómo abordar los problemas relacionados con las drogas. En un continuum entre esos dos polos se sitúan los que abogan por un abordaje técnico, poniendo la maximización de la salud como valor prioritario. Según mi experiencia personal, en este grupo existe menos indignación moral y funciona de mediador entre los otros dos. Cabe decir también que, bajo el estandarte de maximizar la salud, por ejemplo luchando por una reducción inmediata de las muertes por sobredosis, se encuentran muchos defensores de la libertad y/o derecho de consumo. En ambos casos, al ser la salud el valor más incuestionable a nivel social, ambos polos usan este campo como campo de batalla, ya que el debate real sería insostenible a nivel mediático.

 

Es importante reconocer los distintos valores morales detrás de los distintos discursos, aquí simplificados, para entender de dónde provienen las distintas propuestas para resolver los problemas asociados al consumo de drogas. Cuando está claro como priorizar conflictos de valores, los problemas pasan a ser técnicos, y los científicos podemos sencillamente usar los métodos a nuestro alcance para resolverlos.

 

Simplificando, estos dos polos morales representan dos abordajes contrapuestos: El prohibicionismo y la defensa del derecho a elegir con qué sustancia decide uno embriagarse. En el centro se encontraría la reducción de riesgos, que prioriza los resultados en salud, hasta ahora siempre desde un marco prohibicionista, impuesto por Estados Unidos a nivel internacional. la reducción de riesgos. Como ya he comentado, en ambos casos optando por posiciones intermedias (poniendo la salud como valor principal) más fáciles de defender.

 

En la práctica, no encontramos políticas puras, sino que en todos los casos se ponderan conflictos de valores. Hasta los estados más prohibicionistas como Estados Unidos implementan políticas de reducción de riesgos para preservar la salud de sus ciudadanos. De hecho, existen muchos modelos de regulación y hablar de prohibicionismo es una simplificación. Por ejemplo, la conducción de automóvil sin carnet está prohibida, pero existen vías legales para poder conducir. Del mismo modo, la venta y consumo de alcohol está prohibida en ciertos espacios, y su distribución habitualmente requiere de licencias restrictivas.

 

 

Priorizar la eliminación de ciertas drogas: El prohibicionismo radical

 

El prohibicionismo más radical entiende que no existe un consumo aceptable y lucha para eliminar las ciertas drogas de la sociedad mediante los cuerpos de seguridad y el tratamiento de los adictos para que conseguir la abstinencia. Este modelo de prohibición radical prohíbe también la prescripción médica de algunas sustancias y entiende  el consumo de drogas como delito penal (sería como el homicidio y no como conducir sin carnet). En Estados Unidos el consumo de un sólo porro puede ser suficiente para ir a la cárcel.

 

Este abordaje entra en conflicto con las políticas de reducción de riesgos que priorizan la salud. Por ejemplo, sería bastante impensable ver a una cola de personas con heroína en los bolsillos delante unas instalaciones de inyección segura, ya que se arriesgarían a penas de cárcel.

 

Gracias a las distinciones anteriores, se hacen evidentes las limitaciones del prohibicionismo radical para la resolución de la crisis de opioides. 1) A pesar de más de 50 años de “guerra contra las drogas”, éstas no se han podido eliminar ni de una sola ciudad del planeta. Además, a medida que se intentan eliminar drogas como la heroína, los narcotraficantes distribuyen otras drogas más potentes (y aún no fiscalizadas) en su lugar. Cuando las autoridades detectan una nueva sustancia, ya hay varias nuevas sustancias listas para sustituirla y decenas de personas han muerto debido a la adulteración de las drogas de toda la vida con estas nuevas sustancias más potentes. 2) La intervención en los adictos a los opioides deja al margen la mayoría de personas usuarias de drogas sin adicción, que son de los que tienen más probabilidades de morir de sobredosis, por falta de experiencia y falta de tolerancia a las drogas.

 

Esto no nos debería sorprender, ya que el prohibicionismo es el modelo imperante en Estados Unidos, por lo que es normal que allí se vean los problemas que este modelo no es capaz de solucionar. Los defensores de acabar “la guerra contra las drogas” consideran que el prohibicionismo radical alimenta el crimen organizado y “regala” a las mafias uno de los negocios más provechosos. En este paradigma no se concibe el usuario de drogas ilegales no adicto, a pesar de ser una realidad contrastada. Una de las victorias que sí se puede atribuir a este modelo de prohibicionismo radical es el gran rechazo social que hay en Estados Unidos del consumo de algunas sustancias, aunque no se ha podido demostrar que disminuya el consumo o la disponibilidad de drogas.

 

Como ejemplo de Estado que orienta su política de drogas a la maximización de la salud de sus ciudadanos se encuentra Portugal. A pesar de mantener la política prohibicionista promovida por los Estados Unidos, el consumo de drogas ilegales no está criminalizado. En Portugal, el consumo es una falta administrativa (como conducir demasiado rápido) y el tráfico un delito penal.

 

 

Priorizar la salud: La reducción de riesgos

 

Portugal es también un estado pionero en la implementación de programas de reducción de riesgos. La reducción de riesgos se basa en la aceptación del consumo de drogas y pone el foco en evitar las consecuencias negativas del consumo. Algunas de las intervenciones que realiza son los programas de intercambio de jeringuillas (evitar que los usuarios de drogas contraigan infecciones graves), salas de consumo supervisado por sanitarios (evitar que los usuarios mueran de sobredosis), y el análisis gratuito de sustancias (evitar que los usuarios consuman una sustancia pensando que es otra). Estas políticas se implementaron el Portugal durante una grave crisis de problemas asociados al consumo de sustancias opioides y ahora se encuentra entre los países con menos problemas de este tipo. En Portugal, la salud de sus ciudadanos ha estado por encima de promocionar una sociedad libre de drogas o de garantizar la libertad de consumo.

 

Una de las principales críticas a este modelo, no obstante, es que podría estar incentivando el consumo. Aquí se puede ver muy bien la diferencia moral que existe entre los defensores de uno y otro modelo. Para los prohibicionistas, el consumo es malo per se, y el hecho de que aumente, a pesar que se reduzcan las consecuencias negativas de éste, es inaceptable. Para los defensores de la priorización de la salud, el aumento de consumo no es un problema per se. Su objetivo es reducir las consecuencias negativas asociadas al consumo, como las muertes por sobredosis  y la prevalencia de adicción, aunque aumente o no el consumo.

 

 

Priorizando la libertad de consumo: Ausencia de modelos

 

En la actualidad, ningún país se sitúa al polo moral de la libertad o el derecho de consumo. Aún los países como Portugal en que el consumo tiene menos carga moral, se sigue desincentivando a nivel poblacional bajo el prisma de reducir la prevalencia de una actividad de riesgo (a pesar que no se desincentiva el uso del coche o el submarinismo). Eso ocurre en gran parte porque Estados Unidos es líder internacional en política de drogas y no permite disidencia con las convenciones internacionales que prohíben ciertas sustancias. Sí que es cierto que algunos estados de los mismos Estados Unidos y otros como Holanda han legalizado el cannabis, pero esto significa sólo mover la línea arbitraria que separa las sustancias aceptables de las que no. No significa defender la libertad o derecho individual de escoger qué sustancias psicoactivas consumir.

 

El caso de Uruguay es interesante ya que a pesar de legalizar sólo el cannabis, lo ha hecho atendiendo al orden de superioridad de las convenciones internacionales, amparándose en la que la convención de los derechos humanos prima por encima de los convenios internacionales sobre drogas.

 

 

Conclusión

 

El debate, según mi opinión, existe en el conflicto de valores. Sean cuales sean las políticas, habrá un momento que habrá que primar un valor (pureza, salud, libertad o derecho) por encima de los otros, y allí sabremos dónde nos encontramos en este espectro moral.

 

Algunas de las preguntas que debemos hacernos para poder aportar soluciones científico-técnicas, tanto a la crisis de opioides de Estados Unidos como a cualquier problema asociado al consumo de drogas son: ¿Está intrínsecamente mal consumir drogas? ¿La elección de qué drogas consumir es un derecho fundamental de las personas? ¿Qué distingue al consumo de drogas de otras actividades de riesgo para la salud como el sexo, la conducción de automóviles o el submarinismo?

 

 

Puntos clave:

 

-No hay ninguna epidemia de adición o consumo de heroína.

 

-Existe un aumento masivo y preocupante de las muertes por sobredosis con presencia de heroína, potentes adulterantes y otros sedantes en Estados Unidos.

 

-El aumento de las muertes por sobredosis es difícil de explicar basándose exclusivamente en el aumento de prescripción de analgésicos opioides.

 

-Las muertes por sobredosis parecen estar muy relacionadas con la adulteración mediante derivados de fentanilo y la mezcla de sustancias opioides con otros sedantes como alcohol y benzodiacepinas.

 

-Los derivados del fentanilo son sustancias muy seguras cuando se usan en ámbito hospitalario. El riesgo de muerte existe sobre todo cuando se consumen pensando que son heroína.

 

-Las intervenciones propuestas para afrontar la crisis no tienen en consideración el 80-90% de los usuarios de sustancias opioides (los que no tienen una adicción) con riesgo a sufrir una sobredosis mortal.

 

-Al plantear políticas de drogas existe un conflicto entre al menos tres valores: Pureza, salud y libertad de consumo.

 

Para saber más:

 

-https://www.amazon.es/New-Jim-Crow-Michelle-Alexander/dp/1595586431/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1526581832&sr=8-1&keywords=the+new+jim+crow

 

-https://www.amazon.es/Chasing-Scream-First-Last-Drugs/dp/1620408910/ref=sr_1_1?s=foreign-books&ie=UTF8&qid=1526582038&sr=1-1&keywords=chasing+the+scream

 

-https://www.youtube.com/watch?v=PY9DcIMGxMs&t=2s

 

-https://www.youtube.com/channel/UC-lCGecntvfCVQq8CvV1-yw

 

-https://www.youtube.com/watch?v=C9HMifCoSko


Referencias

[1] https://www.drugabuse.gov/es/informacion-sobre-drogas/los-opioides/la-crisis-de-opioides#seven

 

[2] Los datos presentados durante el artículo son discutibles, ya que distintas fuentes y distintas metodologías aportan datos significativamente distintos en ocasiones. Al redactar este artículo se ha tenido en cuenta que esas diferencias no fueran relevantes para los conceptos expuestos.

 

[3] van Amsterdam, J., Nutt, D., Phillips, L., & van den Brink, W. (2015). European rating of drug harms. Journal of Psychopharmacology, 29(6), 655–660. http://doi.org/10.1177/0269881115581980

 

[4] https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20170827/la-adiccion-a-la-heroina-consume-estados-unidos-6228788

 

[5] Lopez-Quintero, C., Cobos, J. P. de los, Hasin, D. S., Okuda, M., Wang, S., Grant, B. F., & Blanco, C. (2011). Probability and predictors of transition from first use to dependence on nicotine, alcohol, cannabis, and cocaine: Results of the National Epidemiologic Survey on Alcohol and Related Conditions (NESARC). Drug and Alcohol Dependence, 115(1–2), 120–130. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2010.11.004

 

[6] UN Office on Drugs and Crime. World Drug Report. Vienna: United Nations Offi ce on Drugs and Crime, 2015.

 

[7] Datos públicos de la administración de Estados Unidos: https://www.samhsa.gov/

 

[8] A lo largo del artículo se pueden leer los términos “opioide” y “opiáceo”. A pesar que la mayoría de periodistas los usan de forma indistinta, es interesante conocer la diferencia. Las sustancias opioides son aquellas que tienen afinidad por los receptores opioides del cuerpo humano. Entre los opioides se encuentran sustancias desarrolladas en el laboratorio como la oxicodona y los opiáceos. Los opiáceos son los opioides producidos de forma natural por la adormidera y son básicamente la codeína y la morfina.

 

[9] https://www.bmj.com/content/359/bmj.j4792

 

[10] https://www.drugabuse.gov/es/informacion-sobre-drogas/los-opioides/la-crisis-de-opioides#seven

 

[11]Carlson RG, Nahhas RW, Martins SS, Daniulaityte R. Predictors of transition to heroin use among initially non-opioid dependent illicit pharmaceutical opioid users: A natural history study. Drug Alcohol Depend. 2016;160:127-134. doi:10.1016/j.drugalcdep.2015.12.026.

 

[12] https://www.drugabuse.gov/related-topics/trends-statistics/overdose-death-rates

 

[13]https://www.huffingtonpost.es/2017/10/26/trump-declara-la-adiccion-a-los-opiaceos-una-emergencia-de-salud-publica-nacional_a_23257264/

 

[14] https://elpais.com/elpais/2017/05/16/ciencia/1494916726_596155.html

 

[15] https://newsweekespanol.com/2017/03/la-marihuana-legal-puede-resolver-la-crisis-de-opiaceos/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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