Cerebros y mentes (V): Gigantes en Matrix

08/05/2018

¿Os acordáis del genio maligno de Descartes? Sí, ése que nos engañaba y hacía que todo aquello que percibimos a través de los sentidos fuera falso. Ahora imaginad un científico maligno. Uno que se dedica a extraer cerebros del cuerpo de la gente y meterlos en cubetas donde pueden seguir funcionando como cuando estaban en sus respectivas cabezas. Pues bien, imagina que coge tu cerebro mientras duermes, lo mete en la cubeta, lo alimenta adecuadamente y le envía todos los estímulos que recibiría si tu vida siguiera con normalidad. Si tus experiencias conscientes dependen de esa actividad nerviosa, no deberías notar diferencia alguna al despertarte. De hecho ¿cómo puedes estar seguro de que tu cerebro no está en este momento en una cubeta, adecuadamente alimentado y maliciosamente estimulado? ¿O de que no lo ha estado siempre, tipo Matrix? Esto es lo que se conoce como la hipótesis del brain-in-vat (BIV).

 

Imagen de https://www.quora.com/Philosophy-What-is-the-brain-in-a-vat-hypothesis

 

Aunque normalmente se plantea este problema en discusiones sobre externalismo (es decir, sobre si existe un mundo exterior a nuestros pensamientos), se ha usado también para plantear cuestiones relacionadas con las explicaciones fisicalistas de la consciencia. Por ejemplo, para discutir la idea según la cual para explicar la conciencia basta con conocer cómo funciona el cerebro.

 

En contra de esta idea se alza una influyente teoría conocida como embodied cognition según la cual el cerebro aislado no basta para explicar la vida mental de las personas. Según esta doctrina, para entender qué es la mente debe considerarse al cerebro como una parte más del cuerpo. Un cerebro “sin brazos o piernas” no poseería el mismo tipo de capacidades cognitivas que uno normal, ni el mismo tipo de experiencias. Su funcionamiento depende de la posibilidad de ejecutar determinadas acciones, de su interacción efectiva con el mundo. Lo que sentimos, pensamos y percibimos no depende exclusivamente de nuestro cerebro. La nuestra es una experiencia desde un punto de vista (situated cognition). En definitiva, los partidarios del embodiment no creen que sea posible vivir en Matrix. Algunos afirman que quizás un cerebro en una cubeta funcionaría y tendría algún tipo de vida mental, pero no sería idéntico a un cerebro embodied en un cuerpo, y que, por tanto, notaríamos algo raro si estuviéramos bajo un engaño así. Otros han argumentado que, en todo caso, un escenario tipo Matrix sería imaginable sólo si la cubeta en cuestión fuese como un cuerpo humano e incluyese complejos sistemas de feedback sensorial como los que participan en el mantenimiento de la actividad intrínseca del cerebro. En definitiva, según este punto de vista no tiene sentido plantear la posibilidad de un BIV porque la abstracción teórica que asume es absurda. Es como intentar pensar en la idea de color en un mundo donde no hay luz.

 

Este punto de vista contrasta con la visión quizás más extendida de que todo lo mental depende del cerebro exclusivamente, que es lo que algunos han llamado brainbound cognition (cognición limitada al cerebro). Ned Block nos dice, por ejemplo, que no hay que confundir lo que causa la experiencia con lo que la constituye, lo que determina en última instancia su contenido. Imaginad, por ejemplo, que estáis paseando bajo el sol en una tarde de verano. Si mediante complejos sistemas de feedback un científico maligno pudiera reproducir en la cubeta exactamente el mismo patrón de actividad celular que existe en vuestros cerebros, que están en un cuerpo real que se mueve e interactúa con el ambiente bajo el sol en esta tarde de verano, la vida mental de estos dos cerebros sería idéntica (y Matrix posible). Las causas de la actividad de ambos cerebros serían diferentes: en uno son el cuerpo y su acción en el mundo, y en el otro es el científico maligno con sus electrodos y cables y complejos sistemas de feedback. Pero como en última instancia lo que constituye el contenido de la consciencia es la actividad del cerebro, sea cual sea su causa, la experiencia fenoménica de los dos cerebros sería idéntica. Parece que la única diferencia es que el que está en la cubeta está completamente equivocado respecto a todo aquello que cree (es decir, que está en un cuerpo y está paseando bajo el sol en una tarde de verano), mientras que el otro no lo está (realmente está en un cuerpo y está paseando bajo el sol en una tarde de verano). Pero ¿hay algún sentido en el cual el cerebro en la cubeta no esté equivocado?

 

Se ha sostenido durante mucho tiempo en filosofía de la mente que hay algo muy especial respecto al acceso epistémico que tenemos a nuestra vida mental: somos infalibles. Que no podemos equivocarnos respecto a las experiencias que tenemos es una intuición muy fuerte que a primera vista muchos compartiríamos. Como comentamos anteriormente, puede definirse una experiencia consciente como el sentirse de algún modo; es el cómo aparece el mundo para alguien. El cerebro en la cubeta quizás se equivoca respecto al mundo exterior dado que ni tiene un cuerpo ni está paseando. No obstante, no se equivoca respecto al hecho de que realmente cree que tiene un cuerpo y que está paseando bajo el sol. Realmente se siente de ese modo, independientemente de si ese modo de sentirse está causado por algo correspondiente en el mundo exterior. Lo mismo sucede cuando alguien sufre una alucinación. Por ejemplo, cuando Don Quijote “veía” gigantes donde en realidad había solo molinos se equivocaba respecto al mundo exterior, pero nadie puede negar que realmente veía –o creía ver- gigantes. Este acceso privilegiado a los contenidos de nuestra consciencia hace que parezca difícil negar la verdad o falsedad de algo mental a partir de lo físico.

 

Sin embargo, actualmente la mayoría de los filósofos coinciden en rechazar que seamos infalibles respecto a cualquier estado mental, y para hacerlo se basan parcialmente en razones físicas. Existen múltiples ilusiones que muestran que nos equivocamos cuando pensamos en estados mentales del pasado, y que tanto expectativas como reconstrucciones a posteriori afectan lo que percibimos y recordamos haber percibido.

 

En las próximas entradas exploraremos algunos de estos ejemplos que van en contra de la idea intuitiva de que lo que sentimos no puede ser falso, e incluso iremos más allá y veremos cómo algunos han defendido que, de hecho, toda la experiencia consciente no es más que una ilusión.

 

 

  • Chalmers, D., 2005, “The Matrix as Metaphysics”, In Christopher Grau (ed.), Philosophers Explore the Matrix. Oxford University Press. pp. 132.

  • Dennett, D., 1991, Consciousness Explained, Boston: Little, Brown, & Co.

  • Thompson, E., and Cosmelli, D., 2011. “Brain in a vat or body in a world? Brainbound versus enactive views of experience.” Philosophical Topics, 39, 163–80.

  • Wilson, RA. and Foglia, L, "Embodied Cognition", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2017 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/spr2017/entries/embodied-cognition/>.

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