Cerebros y mentes (IV): Zombis y espectros

24/04/2018

A veces los filósofos se valen de armas insospechadas para ilustrar sus ideas. Por ejemplo, de zombis y espectros (de luz). Aquí presentamos dos famosos argumentos que ponen de relieve algunos problemas a los que deben dar respuesta los fisicalistas. Ambos argumentos son muy parecidos, y siguen un mismo esquema. Pretenden mostrar que no hay nada en la constitución física del cerebro que haga necesaria la consciencia en general (experiencia fenoménica) o un contenido en particular (quale), y que por tanto una explicación que reduzca lo mental a lo físico no es satisfactoria. Los dos argumentos se distinguen principalmente en su fuerza y se han usado generalmente para defender posturas dualistas.

 

El primer argumento nos propone imaginar zombis filosóficos. Éstos son criaturas que, lejos de parecerse a los torpes zombis hollywoodienses, son clones funcionalmente idénticos a los seres humanos. Es decir, se comportan en un modo indistinguible del nuestro. Mi zombi filosófico es físicamente igual que yo, y esta identidad incluye mis estados neuronales y mi función cerebral. Se mueve como yo, habla como yo y parece que ‘piensa’ como yo. La única diferencia entre nosotros es que, en realidad, él no ‘piensa’. Donde yo tengo la experiencia del color rojo, por ejemplo, él no tiene nada. No es consciente, no tiene experiencia fenoménica, no se siente de ningún modo. Pero ¿os parece concebible un zombi de este tipo? Si creéis que somos conscientes porque nuestro cerebro tiene determinadas características físicas, probablemente no. Quizás no sabemos todavía qué características - esto es algo que la ciencia debe investigar. Pero, en cualquier caso, si mi zombi filosófico tiene el mismo cerebro que yo tiene que ser consciente. Si esa es vuestra idea entonces tampoco aceptaréis que sea concebible este tipo de zombi si, como algunos funcionalistas, creéis que nuestro comportamiento depende en parte de nuestros pensamientos. Un ser sin consciencia no podría comportarse como yo.

 

El segundo argumento que consideramos acepta esta crítica y rebaja el tono de la conclusión. De acuerdo, quizás tener un cerebro basta para ser consciente. Pero ¿hay algo en un estado cerebral particular que haga necesario el contenido de la experiencia que lo acompaña? Entendemos por estado cerebral la actividad, en un momento dado, del conjunto de las neuronas de un cerebro. Cuando alguien ve un objeto de color rojo, por ejemplo, las células de su corteza visual se activan de un modo específico. Pero ¿cómo sabemos que ese estado cerebral, que es muy parecido en dos personas que son estimuladas por una misma frecuencia de luz, da lugar a la misma experiencia, al mismo quale? Podría ser que donde yo veo rojo, tú veas verde. Yo no sé qué color ves tú cuando miras una fresa. Ambos decimos que es roja, cierto. Pero ¿y si tú llamas rojo a lo que yo llamo verde? A eso se refiere el argumento del ‘espectro invertido’. Nos plantea la posibilidad de que alguien viera los colores del espectro visible al revés que el resto de la población. No tendríamos modo de averiguarlo. No tenemos acceso a los qualia que experimentan los demás, y parece que no hay nada en el cerebro que nos permita deducirlos. ¿O sí? Una vez más, un fisicalista podría argumentar que no le parece concebible un caso de este tipo. Basta conocer el estado cerebral de una persona para poder saber no sólo si es consciente, sino también para saber qué percibe exactamente. Si por ahora no podemos deducirlo con certeza es porque nos falta información empírica. Tiempo al tiempo.

 

Es útil considerar estos dos argumentos en el marco del llamado problema de las otras mentes. Este problema señala que parece difícil demostrar algo que damos por supuesto: que los demás son conscientes del mismo modo en que lo somos nosotros, que tienen una ‘vida mental’. No tenemos acceso directo a sus pensamientos, y lo que ilustran estos ejemplos es que no parece haber nada en sus cerebros - por lo menos nada que conozcamos - que nos permita deducir con certeza lógica que deben tener algún tipo de experiencia fenoménica. Parece razonable, sin embargo, inducir que eso es así. Hay quienes creen que el mejor modo de explicar por qué hace una persona lo que hace es aludir a sus pensamientos, motivaciones y creencias. Una justificación alternativa se basa en la analogía. Si las otras personas se comportan de modo parecido al mío cuando, por ejemplo, se queman, será que experimentan el mismo tipo de sensación que yo. Dicho esto, cabe destacar que el objetivo de los argumentos presentados aquí no es rebatir esta idea. No pretenden convencer a nadie de que efectivamente haya zombis pululando alrededor nuestro. Lo que pretenden es mostrar que, al menos por ahora, si nos basamos en el estudio exclusivo del cerebro no podemos demostrar que los demás sean conscientes ni detallar qué experiencia en particular tienen.

 

Así, estos argumentos cuestionan dos asunciones fundamentales en los experimentos mentales considerados anteriormente. El murciélago de Nagel asumía que podemos estar seguros de que un murciélago es consciente. La limitación está en comprender cómo se siente, no si se siente de alguna manera. Esta premisa es la que desafía el argumento zombi. La habitación de Mary, por su parte, postulaba una ciencia perfecta en la cual era posible saber qué estado cerebral acompaña una determinada experiencia visual. Lo que cuestionaba el argumento era la posibilidad de comprender la última a partir del primero, no que su relación fuera necesaria. Eso último es lo que pone en duda el argumento del espectro invertido.

 

Para convencer a los dualistas, los fisicalistas no pueden simplemente rechazar estos argumentos por inconcebibles. Deben convencer a sus oponentes de que es más razonable confiar en que un día la conexión entre el cerebro y la consciencia será explicada satisfactoriamente en términos físicos que rechazar esa posibilidad y postular un misterioso tipo de hechos o propiedades mentales distintos de lo físico e irreductibles a ello.

 

 

  • Chalmers, D., 1996, The Conscious Mind. In Search of a Fundamental Theory, Oxford University Press.

  • Hyslop, Alec, "Other Minds", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2016 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = <https://plato.stanford.edu/archives/spr2016/entries/other-minds/>.

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