¿Es legítimo el aborto? La visión de J.J Thomson

Las discusiones sobre el aborto acostumbran a girar en torno al estatuto moral del embrión/feto. Es decir, a decidir si el embrión/feto es una persona (con un inalienable derecho a la vida) o bien si el embrión no es una persona (sin derechos de ninguna clase). O dicho de otro modo, si el embrión/feto meramente está dentro del cuerpo de la madre, o bien si el embrión/feto es parte del cuerpo de la madre. La idea habitual es que si el embrión/feto es una persona que está dentro del cuerpo de la mujer, entonces el aborto no es legítimo, porque sería como matar a una persona inocente. Y en cambio, si el embrión/feto no es una persona, sino solo parte del cuerpo de la madre, entonces el aborto sí es legítimo pues cada uno debe poder hacer con su cuerpo lo que quiera.

 

Las posiciones en torno a las características que debe tener algo para convertirse en un alguien son muchas. Unos dicen que se trata de tener conciencia, otros creen que con tener ADN humano es suficiente, otros consideran que lo importante es poseer determinadas potencialidades… Hay muchas posiciones con respecto a este punto, y tienen implicaciones en muchos otros ámbitos de la bioética. (Por ejemplo, los que creen que tener cierto grado de conciencia es suficiente para tener derechos, entonces deben creer también que el resto de animales conciencies son -al menos hasta cierto punto- sujetos de derechos.)

 

Pues bien, en esta entrada quiero hablar de la filósofa estadounidense J.J Thomson (1929), una de las pensadores vivas más reconocidas por su ensayo A defense of abortion (1971). Un texto especialmente singular por defender la legitimidad del aborto incluso asumiendo que el embrión/feto es una persona con un derecho sagrado a la vida. Es decir, en defender la legitimidad del aborto incluso cuando supone la muerte de una persona inocente. ¿Es eso posible? Veamos los tres experimentos mentales con los que defendió esta arriesgada postura.

 

El violinista

 

Imagina que una mañana te despiertas en un hospital. En la cama contigua yace inconsciente un famoso violinista gravemente enfermo. Entre vosotros se extienden toda una serie de tubos que conectan vuestros respectivos órganos vitales. Todo ello es obra de un grupo de fanáticos de la música que durante la noche te ha raptado a fin de usarte como máquina de soporte vital. Así te encuentras con la siguiente situación: O bien decides quedarte conectada al violinista varios meses –tiempo suficiente como para que recupere su salud- o bien decides desconectarte, provocando su muerte inmediata. ¿Qué hacer?¿Tienes la obligación de seguir conectado los meses necesarios para curar al violinista, o tienes el derecho de desconectarte e irte a tu casa?

 

Thompson nos dice que tienes todo el derecho del mundo a desconectarte por mucho que eso fuese a causar la muerte de un violinista inocente (pues no ha sido culpa suya que sus seguidores fanáticos te hayan hecho esto). Lo que le lleva a concluir que, en caso de embarazos fruto de una violación, una persona también tiene todo el derecho de abortar (incluso si asumimos que el embrión/feto es una persona inocente con derecho a la vida).

 

La idea fondo que intenta sugerir el experimento mental es la siguiente: las personas no tenemos el deber de hacer de máquina de soporte vital de personas cuyo estado de necesidad no nos es imputable. Si yo no soy responsable de que el violinista requiera de mi cuerpo durante varios meses para sobrevivir, entonces puedo desconectarme de él. Igualmente, si yo no soy responsable de que el embrión/feto necesite mi cuerpo para sobrevivir –pues he sido violada- entonces puedo desconectarme de él, por mucho que eso fuese a causarle la muerte.

 

Semillas de persona

 

Imagina un mundo en que las personas, en vez de nacer mediante reproducción sexual, nacieran mediante esporas o semillas. En este mundo vives tú en tu casita. Sin embargo, como no quieres que ninguna de estas semillas entre en ella, eche raíces y dé lugar a una persona contratas a unos técnicos para que protejan las puertas y ventanas de tu casa mediante muy buenos métodos de sellado. No obstante, tienes muy mala suerte y esa misma noche una pequeña semilla arrastrada por el viento consigue colarse en tu casa, burlando los métodos de sellado que habías instalado. A la mañana siguiente, cuando te levantas, te encuentras con que una semilla-de-persona ya ha echado raíces en el salón de tu casa. ¿Qué hacer? ¿Tienes la obligación de cuidar esa persona-en-formación o tienes el derecho de echarla de tu casa?

 

De nuevo, Thompson nos dice que tienes todo el derecho del mundo a echar esa semilla de tu casa en la medida que tú has hecho todo lo que razonablemente estaba en tu mando para prevenir ese arraigo. Siguiendo esta lógica, si una mujer acaba embarazada a causa de un fallo en los métodos anticonceptivos usados en el coito, entonces tiene derecho a abortar, por mucho que eso implique la muerte de un inocente.

 

La idea de fondo sigue siendo la misma que antes: como uno ha tomado las medidas necesarias para prevenir ese “nacimiento” entonces no es responsable de las necesidades que pueda tener esa semilla/embrión. O en otras palabras: como no somos responsables de que una persona requiera de nuestros cuidados y nuestra casa/cuerpo, entonces no tenemos la obligación de cargar con todas esas necesidades.

 

El niño expansivo

 

Imagina que te encuentras encerrado en una habitación con un “niño expansivo”, es decir, un niño que crece y crece sin parar hasta alcanzar el tamaño de un gigante para luego encogerse y encogerse hasta recuperar –ya para siempre- el tamaño de un niño normal. Pues bien, a menos que mates al niño expansivo llegará un momento en que te aplastará y morirás. ¿Qué hacer? ¿Puedes matar al niño expansivo y esperar a que te saquen de la habitación, o debes permanecer encerrado en la habitación y terminar aplastada por el niño expansivo?

 

En este caso la idea de Thomson es que, en defensa propia, tienes el derecho de matar al niño para prevenir que te acabe aplastando. Por la misma razón Thomson considera que en embarazos muy peligrosos para la vida de la madre uno tiene derecho de abortar, por mucho que ello implique matar a un inocente. Es decir, en los embarazos en que la vida de la madre esté en riesgo, una persona tiene el derecho a abortar en legítima defensa, pues sólo así puede proteger su vida.

 

*****

 

Como vemos, Thomson aborda la cuestión del aborto desde una óptica muy original: incluso asumiendo que el feto/embrión sea una persona Thomson considera que en algunos casos -embarazos fruto de una violación, fruto de fallos en los métodos anticonceptivos, o cuando suponen una amenaza segura para la vida de la madre- el aborto es una posibilidad del todo legítima.

 

¿Consigue Thomson probar realmente estos puntos? ¿Muestran sus experimentos mentales todo lo que pretenden?

 

 

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