La absurda legislación actual en materia de violencia de género

11/02/2018

Şahin Yeşilyaprak @byadonia


Es recomendable la lectura de una reciente sentencia de la sala penal del Tribunal Supremo para comprender y reflexionar sobre la regulación actual sobre violencia de género. La sentencia recurrida condenaba al sr. Alonso por lesiones y amenazas a la sra. Rocío. Sin embargo, fue recurrida por la Fiscalía y por la víctima porque consideraban que esos delitos debían ser categorizados como violencia de género, algo que la Audiencia Provincial no encontró oportuno. Los hechos probados más relevantes fueron los siguientes:

 

  • Alonso y Rocío se habían conocido por internet a principios del 2014, viéndose cinco veces para realizar actividades diversas en un período de dos semanas en los meses de septiembre y octubre. Su relación terminó el 4 de octubre al enterarse Alonso que Rocío se dedicaba a la prostitución.

 

  • En los días 4 y 26 de octubre Alonso envió a Roció mensajes con el siguiente contenido: "Como vaya con una pipa vais a flipar"; "Como vaya os doy plomo"; "Ahora voy a ir con la pipa haber si tienes cojones a decir eso en mi cara"; Pues igual hoy duermes en caja de pino!!"; "Trankila k esta noche no se a Ke hora pasaré por hay a daros plomo!!", y finalmente "Adiós ahora mismo no kiero hablar más contigo porque voy u ago una locura da dos plomo". "Eres una ilegal, k como llame Hipas y te llevan pa Colombia"; "porque no me la chupas?? y nos dejamos de tonterías, venga k te pago"; "eres una puta!! Y toda tu vida serás Puta! !; Folla viejos!!! X 15 euros!!! "Suicidate puta, basura!!!, chao"; "Voy a ir a pagar y te voy a follar a dolor".

 

  • Alonso y Rocío quedaron para verse una vez más el 26 de octubre. Acabaron en el coche de él donde Alonso golpeó a Rocío repetidamente, cogiéndola del pelo y dándole puñetazos en el rostro y la cabeza, incluso cuando ella huía del coche. Unos golpes que sólo cesaron cuando una persona se acercó a auxiliar a Rocío, haciendo que Alonso se fuese.

 

  • Los golpes que recibió Rocío por parte de Alonso le causaron unas lesiones que requirieron atención médica consistente en inmovilización de hombro derecho con cabestrillo; tratamiento farmacológico con analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares y finalmente tratamiento rehabilitador. Dichas lesiones tardaron en curar 30 días, de los cuales 20 fueron impeditivos. Como consecuencia de todo ello  Rocío presentó sintomatología ansiosa y cuadro compatible con trastorno adaptativo, reactivos a la acción agresiva antes descrita. Recibió tratamiento psicológico de 11 sesiones, con evolución favorable tras tres meses.

 

Con esos hechos probados la Audiencia Provincial dictó, entre otros, los siguientes puntos:

 

  • "Condenamos a Alonso como autor responsable de un delito de lesiones definidas del art. 147.1 CP , sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal [...] la pena de prohibición de aproximación a menos de 300 metros de Rocío, su persona, domicilio y lugar de trabajo y de comunicarse con ella por cualquier medio durante un período de cuatro años."

 

  • "Como autor responsable de un delito leve de amenazas, ya definido, a la pena de 2 meses de multa, con una cuota diaria de 6 euros (360 euros), con la responsabilidad personal subsidiaria del art. 53 CP, en caso de impago de la multa."

 

  • "El acusado abonará, como responsabilidad civil, a Rocío la cantidad de 4.600 euros; suma que devengará un interés anual igual al interés legal del dinero incrementado en dos puntos, desde la fecha de esta sentencia."

 

Sin embargo, y como decíamos, la Fiscalía y la Acusación Particular impugnaron la sentencia por entender que se había inaplicado incorrectamente el art. 148.4 CP que dice:

 

Las lesiones previstas en el apartado 1 del artículo  anterior –es decir, la lesiones del art. 147 CP por las que sí fue condenado Alonso- podrán ser castigadas con la pena de prisión de dos a cinco años –y no con la pena de 3 meses a 3 años- , atendiendo al resultado causado o riesgo producido: […] 4.º Si la víctima fuere o hubiere sido esposa, o mujer que estuviere o hubiere estado ligada al autor por una análoga relación de afectividad, aun sin convivencia.

 

Es decir, los recurrentes consideraban que entre Alonso y Rocía existía esa clase de relación, y que por tanto, las lesiones debían ser conceptualizadas como violencia de género y –por tanto- penadas más duramente. Según la Fiscalía no era obstáculo para ello que la relación no hubiese sido estable o que hubiese durado “sólo” 15 días, pues lo importante era que había traspasado los límites de la mera amistad y se había convertido en una relación sentimental.

 

Además -decía la Fiscalía- las agresiones estaban provocadas por un sentimiento de dominación hacía la mujer fruto del despecho que sufría tras haber descubierto la profesión de Rocío. En palabras de la Fiscalía: “La sola lectura de las vejaciones pone luz sobre el sentido de perverso dominio que anima al varón despechado”.

 

Por todo ello, la Fiscalía entendió que se trataba efectivamente de una relación sentimental y no de una  “mera” relación de amistad, aun cuando no hubiese convivencia, estabilidad o un proyecto de vida común al modo de los matrimonios o parejas de hecho. (Es decir, según la Fiscalía solo quedarían excluidas de esta categoría especialmente protegida aquellas “relaciones puramente esporádicas y de simple amistad, en las que el componente afectivo todavía no ha tenido ni siquiera la oportunidad de desarrollarse y llegar a condicionar lo móviles del agresor”.)

 

No obstante, y aún con la argumentación de la Fiscalía, el Tribunal Supremo entendió que la Audiencia Provincial había acertado en su valoración pues consideraba que no existía entre las partes la relación de afectividad análoga a la del matrimonio pues no toda relación afectiva o sentimental puede ser calificada como análoga a la conyugal, precisándose para ello que la naturaleza, finalidad, intensidad, grado de compromiso, seriedad y /o duración de la misma permitan efectuar la analogía. Los motivos principales por las que el TS llegó a esta conclusión fueron los siguientes:

 

  • La breve duración de su relación: 5 encuentros en 15 días (habiendo en 1 de ellos relaciones sexuales).

 

  • La inexistencia –o al menos falta de prueba- de un proyecto de vida común así como la intención de tener hijos.

 

  • El que Rocío ejerciera la prostitución durante el tiempo de la relación y se lo ocultase a Alonso. Es decir, -y en palabras del TS- que no hubiese “un mínimo de fidelidad, sinceridad”.

 

Pues bien, como decía, esta es una sentencia interesante a la hora de reflexionar sobre nuestra legislación en materia de violencia de género. En especial, creo que muestra sus deficiencias, como tantas veces ha sido destacado. Me explico:

 

La cuestión principal no es tanto si la Audiencia Provincial o el Tribunal Supremo acertaron al valorar si existía esa análoga relación de afectividad de la que habla el art.148.4 CP, sino de si tiene sentido que se exija esa relación para apreciar violencia de género.

 

Pero vayamos por partes. Entremos, ni que sea brevemente, a valorar si, según los pocos hechos probados, cabía concluir que existía una relación de afectividad análoga a la del matrimonio. En mi opinión, el TS acierta al considerar que no existía esa relación, aunque no todos los motivos que aduce para ello sean razonables. En especial, y como es evidente, considero erróneo tomar en consideración la falta de sinceridad y fidelidad por parte de Rocío hacia Alonso; como si en los matrimonios consolidados no existiesen mentiras e infidelidades, o como si ello fuese relevante para concluir que no existe una relación afectiva de gran profundidad.

 

No obstante, sí que resulta sintomático el poco tiempo de relación. En mi opinión, no sólo es seguro que no existía una relación “análoga a la del matrimonio” –entendida como aquella relación de extrema proximidad, intimidad, afecto etc.-, incluso es evidente que no podía existir una verdadera amistad. En 15 días quizás pueda plantarse la semilla de esas relaciones, pero no mucho más. No toda relación de afectividad puede considerarse análoga a la clase de relación que en teoría -insisto, solo en teoría- caracteriza los matrimonios o las parejas de hecho.

 

Dicho esto lo que de verdad procede es preguntar: ¿acaso tiene sentido que, para apreciar violencia de género, sea necesario que exista determinada relación afectiva? ¿No sería acaso mucho más razonable que, para apreciar violencia de género, se valorara –como tímidamente hizo la Fiscalía- los motivos que provocaron realmente el delito?

 

Según la regulación actual, si una persona agrede a otra persona desconocida por motivos claramente sexistas entonces no existe violencia de género como tal, y solo cabe acudir al agravante genérico del art.22.4 CP. Y en cambio, si una persona agrede a su pareja por motivos que nada tengan que ver con el sexismo, entonces sí debe considerarse violencia de género (incluso si en esa pareja no existía ningún contexto de dominación, falta de respeto o nada que se le parezca).

 

Como digo, la Fiscalía utilizaba en su argumentación el hecho de que el agresor había actuado llevado por ideas machistas. Sin embargo, y esto es lo más importante, aunque eso pudiese haber sido probado –algo seguramente sencillo, dado el contenido de los mensajes- no habría servido de mucho pues, como se desprende de la lectura de los preceptos en cuestión, eso no es relevante para apreciar violencia de género, y solo serviría –como de hecho reconocía el propio Supremo- para acudir a los agravantes del 22.4 CP.

 

De nuevo, ¿tiene eso sentido? Si se pretende castigar con especial dureza los delitos motivados por ideas discriminatorias, entonces lo mejor para ello es que el tipo penal así lo exija, de forma clara y directa. Con ello no solo nos evitaríamos el tener que descubrir en qué consiste exactamente una relación análoga a la del matrimonio y cuando concurre efectivamente, sino que de verdad perseguiremos la violencia de género.

 

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