¿Sabes qué significa 'comanche'?

 

 

El año pasado se coló en la cartelera “Comanchería”, un western moderno y social que, para mi gusto, está entre las mejores películas de 2016. Para los amantes del género será una película con la que disfrutar ya que cuenta con la ambientación -paisajes, música, actitud…- y los motivos -individualismo, aventura, venganza…- que hacen tan atractivo al viejo Oeste.  

 

De entre los muchos temas que rodean el film llaman especialmente mi atención los tres siguientes que, interconectados de forma muy hábil, sirven para estructurar la película: la denuncia, la justicia y la lealtadEn primer lugar, y en sintonía con nuestros tiempos de preferentes y desahucios, se destaca de forma evidente el hacer codicioso y despiadado de los bancos, que -de forma civilizada- empuja a las personas a la pobreza y, consecuentemente, al crimen. Sin embargo, la crítica no se queda en el detalle concreto, y se dirige también contra el sistema económico en su conjunto que, contrario a lo que prometía, hace de la movilidad social una quimera. Como dice uno de los cowboys protagonistas:

 

"He sido pobre toda la vida. También mis padres. Y sus padres. Es como una enfermedad que se transmite de generación en generación. Infecta a todas las personas que uno conoce... pero no infectará a mis hijos...”

 

Sin embargo es obvio que no debería ser así, y menos aún, en las castiza y tradicional Tejas, en la que, sin embargo, no hay ni rastro del verdadero sueño americano. ¿Quiénes triunfan? ¿Los que más madrugan y más duro trabajan? No, solo aquellos que hacen trampas: los forajidos. Ya sea a punta de revolver o detrás de un mostrador, queda claro que cumplir las reglas es inútil.

 

En segundo lugar se plantea un tema clásico y especialmente habitual en los westerns: los justicieros. ¿Qué hacer cuando los criminales campan a sus anchas con la protección de la ley y sus agentes? ¿Puede uno tomarse la justicia por su mano? Claramente no, ni que estuviésemos en el lejano Oe… Al final a uno le queda la pregunta: ¿es que acaso vivimos en territorio comanche, en donde la ley que de verdad se aplica es meramente la del más fuerte?

 

En este sentido la estructura de la película es muy original pues el peso de la acción está disociado del conflicto temático. Y es que si bien es cierto que los que se persiguen y disparan son los hermanos y los policías, el papel del villano contra el que luchar –un villano en segundo plano, a modo de invisible poder fáctico- lo encarnan instituciones como el "Texas Middle Bank". Los héroes, de forma algo paradójica, se enfrentan entre sí. Unos héroes –eso sí- muy humanos: unos “buenos” con muchísimas sombras.

 

Y así llegamos al último tema, la lealtad. ¿Hasta qué punto puede llegar uno para proteger a los suyos? ¿Cabe ser un pésimo ciudadano a fin de ser un buen padre o un bueno hermano? En este punto habla el director David Mackenzie de “criminalidad redentora”: el hacer cosas malas por buenas razones.

 

Se trata de una película totalmente recomendable: el carisma y el encanto de todos los personajes justifican los 102 minutos de intenso metraje. Todos aportan su granito de arena. Incluso los secundarios con 30 segundos de pantalla tienen una buena frase con la que reír, aprender o pensar. A destacar pues los diálogos perfectamente ejecutados, siempre cortantes y rápidos, como si de un duelo al amanecer se tratase. Al callar las bocas siempre hay quien sale mal herido.

 

Mi escena preferida, quizás un detalle estúpido: de buena mañana nuestros amateurs atracadores entran en un banco a punta de pistola. Han tenido mala suerte y en la sucursal ya hay un cliente haciendo gestiones. Se trata de un anciano que, aunque sonriente, acude para ingresar las pocas monedas que ha encontrado desperdigadas por el granero. En este punto lo típico: “quieto todo el mundo” “levanten las manos”… Pero entonces se dirigen al abuelo y le preguntan: “Va usted armado”, a lo que el anciano muy extrañado responde: “Pues claro que voy armado, ¿pensáis robarme también la pistola?”. Le retiran la pistola y acaban cuanto antes con el asunto. Pero cuando parecía que ya habían acabado y empiezan a correr hacia el coche, el viejo hace algo increíble. Con toda la tranquilidad del mundo recupera su pistola y, como si nada, empieza a disparar a los fugitivos como quien no quiere la cosa. La naturalidad con la que el pueblo de Tejas desenfundará sus armas en contra de los protagonistas a lo largo de toda la película es genial. Aquí –y sólo los más valientes- te gritan “sinvergüenza”. Allí, en el estado de la estrella solitaria, te pegan un tiro. Gente de gatillo fácil.  

 

La película está llena de detalles curiosos, bellas panorámicas, frases memorables y relaciones muy humanas. No hay que perdérsela.

 

 

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