¿España?

Existe un viejo interrogante filosófico conocido como “El barco de Teseo”. El antiguo historiador Plutarco nos cuenta que los atenienses conservaron en tierra durante siglos la nave del mítico héroe. Eso sí, consiguieron conservarlo durante tantos años gracias a que, poco a poco, iban sustituyendo los maderos estropeados por otros nuevos.

 

Sin embargo -cuenta Plutarco- llegó un momento en que en la nave no quedaba ya ninguna pieza original con lo que una gran polémica surgió. Los filósofos se dividieron entre aquellos que consideraban ese barco el mismo que un día surcó el Mediterráneo, y aquellos que lo consideraban un barco totalmente diferente y sin importancia.  

 

Esta curiosa anécdota sirve hoy en día para plantear un problema aún sin solución clara: ¿qué es lo que hace que una cosa siga siendo ella misma a lo largo del tiempo y los cambios?

 

El 12 de octubre es sinónimo de desfiles militares, procesiones religiosas y unas breves vacaciones. Pero también es sinónimo de acaloradas discusiones acerca del mismo 12 de octubre.

 

De las muchas polémicas que surgen cada año con la fiesta nacional, atrae especialmente mi atención la que, de algún u otro modo, sugiere que nuestro país es el responsable de lo que sucedió en las Indias Occidentales durante el tiempo de las colonizaciones.

 

No obstante, como ya sugería, tener una idea clara al respecto no es tan sencillo. ¿Es esta España la España que cometió los genocidios americanos? ¿Es nuestro Estado el mismo Estado que durante esos siglos cometió tan horrendos crímenes? Ha habido tantos cambios desde entonces que uno podría dudar claramente de ello.

 

Lo cierto es que las similitudes con esa España son más bien pocas en comparación con las muchas diferencias que existen. A día de hoy España se parece más a cualquier otro país occidental que a la España de los conquistadores. Sin embargo, también es cierto que cualquiera de nosotros se parece hoy más a cualquier otro adulto occidental que al niño que un día estuvo en el vientre de nuestra madre, sin que por ello concluyamos que –de dicha transformación radical- se siga que aquel niño y nosotros seamos personas distintas. De nuevo, ¿es la España de hoy la misma España de ayer?

 

Otra forma de pensar esta delicada cuestión sería preguntarse: ¿cuándo nació la España en que vivimos? Hay quienes creen que la engendró Don Pelayo en Covadonga a base de espadazos, otros creen que fueron los Reyes Católicos con su santo matrimonio, para algunos no nacimos hasta la unificación jurídica de Carlos V, pero otros creen que fueron las cortes liberales de 1812 y la Pepa la que nos dio a luz. No lo sé, puede que no fuese hasta la muerte de Franco y la Constitución del 78 que España, nuestra España, empezase a andar.

 

Lo cierto es que todos los candidatos antes propuestos son dudosos entre otros motivos porqué tampoco sabemos qué es España. ¿El reino de cierta dinastía? ¿Unas costumbres y una cultura? ¿El gobierno de ciertos territorios?

 

Como digo, creo que la cuestión no es baladí, pues sirve para determinar qué hicimos, y por tanto, qué perdones debemos pedir y qué deudas debemos pagar (si es que aún hay alguien a quien pagárselas, claro está).

 

Puede que todo esto suene extraño, pero pensemos por ejemplo en que hasta hace muy pocos años Alemania estuvo pagando reparaciones de guerra. ¡Ojo, pero de la Primera Guerra Mundial! Alguien podría decir: ¿oye, es que acaso esa Alemania del Kaiser Guillermo es nuestra Alemania? ¿No habrá muerto ya esa antigua Alemania Imperial y con ella sus deudas?

 

Una forma de encarar el problema de fondo y a la vez esquivar estos obstáculos metafísicos podría ser aplicando la lógica de nuestra legislación civil. Cabría sugerir que aunque quizás la España que hizo según qué barbaridades no sea la nuestra, lo cierto es que somos descendientes de esa España. Y así como las “deudas” penales no se pueden heredar –no habría pues la obligación de pedir perdón- las deudas civiles sí pueden transmitirse mortis causa. Luego puede que, como hijos de esa antigua España, y como claros herederos de sus réditos, esta España deba cargar también con sus deudas.

 

¿Es esta una buena solución? Seguramente no. Hay tantos factores a valorar y es tan escurridiza la cuestión que unas pocas líneas no pueden aspirar a nada. Queda pues abierta la cuestión. Esperaré hasta el próximo 12 de octubre a ver si aparece alguien con una buena respuesta.

 

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