¿Qué nos hace personas? (II): Altas capacidades


En la última entrada habíamos planteado la pregunta sobre la personalidad moral, la pregunta por qué atributos hacen que nosotros seamos personas, es decir, sujetos de derechos. Habíamos descartado que el elemento clave fuese la pertenencia la especie homo sapiens, así que nos vimos en la necesidad de investigar otras opciones. Así pues, ¿cuáles son esas opciones? ¿Por qué tu, yo y el señor de más allá son personas y en cambio una piedra o un geranio no lo son? ¿Qué característica o características tenemos que nos hagan moralmente especiales?

Seguramente te estén rondando la cabeza diversas opciones. Quizás te inclines por la posición que sugería Kant según la cual aquello que caracteriza a las personas es su capacidad para el raciocinio. Quizás hayas pensado en alguna de las opciones más en boga por los filósofos contemporáneos para los cuáles lo decisivo es la capacidad de auto-conciencia[1], o la capacidad para proyectarse en el futuro y establecer planes[2]. O quizás has pensado no en uno, sino en diversos requisitos de entre las que destacan las capacidades para asumir deberes y responsabilidades[3].

Todas ellas son opciones razonables, que comparten, no obstante, un rasgo del que quizás no eras consciente: cualquiera de los criterios anteriormente mencionados estaría incluyendo como personas no solo a la mayoría de seres humanos, sino a cualquier ser que las poseyese, humano o no-humano.

A primera vista puede que una consecuencia de este tipo te parezca indeseable, pero en mi opinión no lo es. Por ejemplo, imaginemos que la historia de Superman fuese cierta y que un día de estos llegase a la Tierra el último hijo de Kripton. ¿Verdad que tendríamos la obligación de tratar a Superman con respeto? Y no solo eso, él, en tanto que un ser autoconsciente, libre y capaz de reflexión tendría la obligación de relacionarse con los humanos de forma respetuosa[4]. ¿No es así? Si un día Superman usase sus poderes para hacerle daño a alguien no diríamos “bueno, él no es humano, a él no se le aplican las reglas morales”. De ninguna manera. Consideraríamos que él, dadas sus capacidades, está tan vinculadas por las reglas morales como cualquier otra persona (humana, o no-humana). Ahora bien, lo contrario también sería cierto. Si alguien hiciese daño a Superman de forma injustificada creeríamos que ha hecho algo mal, por mucho que Superman y nosotros seamos especies totalmente distintas.

Como digo, esta idea de que los humanos pueden no ser –al menos en teoría- las únicas personas puede sonar extraño a primera vista. Sin embargo, al menos en la cultura occidental, no debería serlo, pues se trata de una cultura plagada de mitos y religiones poblados por personas no-humanas. Piensa en que Superman no es más que un Hércules moderno. Y ¿acaso era Hércules un homo sapiens? No. Pero aun así consideramos que era una persona, y cuando oímos sus historias las juzgamos desde esa perspectiva: creemos que quienes le atacan sin motivo se equivocan, y juzgamos sus actos como virtuosos o vergonzosos, en función del caso.

Pero vaya, si Hércules y Superman no te gustan, piensa si quieres en los diversos homínidos que precedieron al homo sapiens en la evolución. Si, como es de suponer, poseyeron, aunque en forma muy rudimentaria, nuestras capacidades para la libre elección, la autoconciencia, el raciocinio, la emoción etc. ¿No les elevaría todo ello por encima de las piedras y los geranios? O dicho de forma más directa. ¿No es evidente que si esos hombres de cromañón que te encontrases poseyeran –en mayor o menor medida- todas esas capacidades significaría que te encuentras delante de personas (no-humanas)?

Parece obvio que así es. Quien les hiciese daño sin justificación difícilmente podría escudarse en la anécdota biológica según las cual esos individuos “no comparten nuestro genoma”. Por mucho que así fuese, ese no sería motivo para tratarles como cosas y no como personas. En mi opinión hacer algo así implicaría caer en un prejuicio moral conocido como “especismo” según el cual la especie de un ser es, en sí mismo, moralmente relevante. Una idea que, a mi parecer, es tan sensata como lo puede ser el racismo o el sexismo.

Dicho esto. Es cierto que la posesión de capacidades como la autoconciencia o el raciocinio son condiciones suficientes para considerar a un individuo una persona. Si esa ha sido tu apuesta yo diría que has ganado. ¿Ahora bien, son también condiciones necesarias para considerar a un individuo persona?

Piensa de nuevo en tu adorable sobrino, que si bien es capaz de deshacerte el corazón, no cumple con ninguna de los requisitos antes expuestos. Y vaya, no me dirás que tu sobrino es como una piedra o un geranio.

Como indicaba, hay filósofos que defienden esta clase de posturas restrictivas, pero otros tantos –entre los que me incluyo- han intentado encontrar otras soluciones. Dos son los caminos más habituales en este sentido y los exploraremos en las próximas entradas.

[1] McMahan 2002, p. 45

[2] Singer 1993, p. 95

[3] Feinberg 1980, p. 197

[4] ¿Podríamos decir que esos tres requisitos son los esenciales para considerar a un individuo sujeto, no de derechos, sino de deberes?

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