¿Qué nos hace personas? (I): Introducción


¿Por qué es moralmente aceptable coger una piedra y hacer con ella lo que queramos, y en cambio no es moralmente aceptable hacer lo mismo con el molesto cartero que nos despierta por las mañanas? Es evidente, las piedras no tienen derechos, y los carteros sí. Ahora bien, ¿por qué las piedras no tienen derechos y los molestos carteros sí? O dicho de otro modo, ¿qué características tiene el cartero –y no tiene la piedra- que lo hacen sujeto de toda clase de derechos?[1]

Podría darte la sensación de que vuelves a encontrarte ante una pregunta trivial; nada más lejos de la realidad. Se trata de una de las preguntas más fundamentales en filosofía, y como veremos, en absoluto libre de controversia. El término técnico con el que se denomina a esta cuestión es “la pregunta por la personalidad”, pues ‘persona’ es el término usado en filosofía para denominar a aquellos seres poseedores de derechos.

¿Y por qué es este un interrogante complejo, podrías preguntarte?. Dirás: los carteros son personas porqué son seres humanos. La pregunta por la personalidad no tiene ningún misterio: las personas son los seres humanos, y los seres humanos son las personas, fin del asunto. De ahí que desde hace siglos se haya hablado de los “derechos humanos” y no de los derechos de las rocas.

Esa es sin duda una buena aproximación al tema, pero lo cierto es que está plagada de dificultades. Para empezar, ¿acaso sabes qué es un ser humano? Sí, de acuerdo, tú, yo, y esa señora de más allá son seres humanos. Pero eso no es una definición, eso son solo ejemplos. ¿Qué te lleva a decir que esos seres son humanos? ¿Qué características debe tener algo para que pueda ser considerado un ser humano?

La respuesta parece encontrarse en la biología: humanos son todos aquellos seres pertenecientes a la especie homo sapiens. Una especie caracterizada por la posesión de un genoma único y particular. Conclusión: personas son todos aquellos seres provistos de la secuencia genética conocida como genoma humano. ¿Problema resuelto?

Desafortunadamente no. Repara en lo siguiente ¿acaso conoces cuál es tu genoma o el genoma del cartero? Seguramente no. No obstante, aun y sin poseer esa información eres capaz de asegurar que tanto tu como el cartero sois, no solo seres humanos, sino también personas. ¿Qué significa eso? Significa que por mucho que nuestro genoma nos defina como humanos, lo que nos define como personas -como sujetos de derecho- no puede ser nuestro genoma. Si fuese así, entonces nos haría falta conocer el genoma de algo antes de poder saber si se trata de una persona. Sin embargo, es evidente que no es así. Tú desconoces cuál es el genoma de un geranio pero sabes que un geranio no es una persona. Y en cambio sabes que el cartero es una persona (muy molesta) con un simple vistazo. Luego, lo que nos hace personas a ti, a mí y al cartero deben de ser rasgos perceptibles por los sentidos y evidentes a simple vista. De hecho, el descubrimiento de la genética es algo muy reciente en la historia de la humanidad, y sin embargo unos y otros nos hemos reconocido como personas a lo largo de los siglos[2].

Así las cosas, quizás deberías replantarte tu afirmación inicial según la cual el cartero es una persona por el hecho de ser un homo sapiens, ¿no? Es decir, quizás deberías replantearte tu tesis según la cual para que algo sea una persona, debe ser también un ser humano ya que si eso fuese cierto no podrías saber si alguien es una persona hasta saber qué genoma posee.

De hecho, deja que te ofrezca razones adicionales para cuestionar esa afirmación. Dado que estamos hablamos del género homo, sería interesante pensar en nuestros primos ya extintos los amables cromañones, los homo neanderthalensis. Imagina que, al contrario de lo que se piensa, los neandertales no se hubiesen extinguido del todo y aun existiese una pequeña comunidad neandertal en alguna remota cueva de Europa. Supón entonces que, como le sucedía a los homo sapiens de hace 100.000 años, te encontrases con uno de ellos. La pregunta es ¿sería moralmente aceptable hacer con él lo que quisieses –como con las piedras- o deberías tratarlo como a una persona e intentar no hacerle daño innecesariamente?

Si, como yo, no eres un experto paleontólogo, difícilmente podrás responder a la pregunta. Depende, diría yo: depende de cómo fuesen los neandertales, ¿verdad? Si los neandertales fuesen principalmente como los seres humanos pero difiriesen –aparte de en el genoma- solamente en el aspecto físico, siendo ellos achaparrados, cabezones y muy robustos, entonces parecería que deberían ser tratados con respeto y cuidado, y no como simples piedras. Al fin y al cabo, qué importancia puede tener el aspecto físico, ¿verdad? ¿Acaso debemos tratar diferente a la gente en función de su aspecto físico? Ahora bien, si solo se pareciesen a nosotros en “la carcasa”, entonces la cosa ya no estaría tan clara. Justamente, si decimos que el aspecto físico no es tan importante, entonces compartir meramente el aspecto físico no debería ser relevante a nivel moral, ¿no es así?

Quedémonos con la primera opción, según la cuál los neandertales serían “como los seres humanos” pero con algunas modificaciones en cuanto al aspecto físico (y obviamente, el genoma). La pregunta entonces sería ¿cuán parecidos deberían ser a nosotros para que mereciesen ser tratados sustancialmente como nosotros? O mejor dicho, ¿en qué aspectos deberían parecerse a nosotros para que, más o menos, debieses de tratarlos como a nosotros, (y no como a las piedras)? Dejo que la respondas tú. Recuerda, ya hemos quedado en que ser un miembro de la especie homo sapiens –tener determinado genoma- no es lo importante. Así pues, ¿qué cosas sí son importantes? ¿Qué preguntas le harías a un paleontólogo para saber cómo debes tratar a esa familia de neandertales que acabas de sorprender dormida en una cueva?

Menuda pregunta acabo de hacerte. Se trata justamente de la pregunta que estamos intentado solucionar: la pregunta por la personalidad. Aún así, dime, ¿qué consideras que necesitarías saber de los neandertales para saber cómo debes relacionarte con ellos?

[1] En sentido estricto no es cierto que, en todos los casos, podamos coger una piedra “y hacer con ella lo que queramos”. Imaginemos que esa piedra sea un diamante, y que sea el diamante de alguna persona. Pues bien, en ese caso es evidente que no podemos hacer lo que queramos. No obstante, no podemos hacerlo, no tanto porque la piedra tenga un derecho a ser tratada de cierto modo, sino porque la persona propietaria de esa piedra tiene un derecho a que su propiedad sea respetada. Esa es la diferencia entre un objeto de derecho, algo que no tiene valor en sí mismo y cuya importancia moral es solo derivada, y un sujeto de derechos, cuyo valor no depende de nada ajeno a sí mismo.

[2] Existe en este párrafo una ambigüedad que debe clarificarse. En determinado sentido sí es cierto que nuestro genoma es lo que nos hace personas dado que es nuestro genoma –o al menos parte de él- lo que nos hace tener las características perceptibles a simple vista que nos hacen personas. Es decir, supongamos que lo que nos hace personas sea el tener pelo. Pues bien, en la medida en que tenemos pelo por causa de nuestro genoma, podría decirse que nuestro genoma nos hace personas. Sin embargo, esa sería una formulación imprecisa puesto que cualquier ser con pelo sería también persona, con independencia de si ese ser tuviese pele como resultado de tener nuestro genoma o bien otro genoma. Así los perros serían personas, aunque en su caso su vellosidad fuese el resultado de un genoma diferente del nuestro. La cuestión de la personalidad es la búsqueda de esa o esas características que nos hacen personas, y no tanto por sus causas.

#Derechosydeberes #Bioética #SeriePersonalidadmoral

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