Porqué el derecho a portar armas es anti-americano


Seguramente el mejor argumento en contra la tenencia de armas en EE.UU sea el de la seguridad. Cientos de heridos y casi cien muertes diarias deberían ser suficiente para acabar con la segunda enmienda.

No obstante, es evidente que para muchos no es así. Antes estos datos las dos respuestas principales son:

  • Negar que la violencia fuese a disminuir de no haber armas porque simplemente se canalizaría por otros medio.

  • To bitte the bullet, sostener que el peligro que comporta el derecho a portar armas compensa, es decir, argumentar que existe un conflicto entre libertad y seguridad, y que uno prefiere quedarse con la libertad.

La primera respuesta es ciertamente sorprendente. No obstante, no es una cuestión sobre la que quepa teorizar, sino que debería investigarse de forma empírica. Luego, dejémosla de lado, por muy chocante que pueda parecernos, porque no es objeto de estudio de esta revista.

En cambio, la segundo respuesta sí permite una reflexión filosófica, pues pocos conflictos teóricos son más clásicos que el de la libertad contra la seguridad. Uno podría preguntarse, ¿por qué compensa el derecho a portar armas? O ¿qué hay de tan especial en portar armas que justifique su gran peligrosidad?

En mi opinión esta última pregunta permite tres respuestas principales:

  • Ver en el derecho a portar armas algo valioso por sí mismo, sin necesidad de que sirva para nada más. Poder portar armas es como poder escoger tu religión o invertir tu dinero donde quieras, parte esencial de la libertad individual.

  • Ver en el derecho a portar armas un medio para la defensa contra el poder público, contra el Estado.

  • Ver en el derecho a portar armas un medio para la defensa contra el poder privado, contra los otros ciudadanos.

Contra la primer opción no es posible avanzar demasiado, pues no es posible argumentar sobre qué cosas tienen valor por sí mismo. Cada uno de nosotros se lo atribuye a cosas diferentes y no hay manera de ponerse de acuerdo.

La segunda opción es muy interesante y merecería un artículo propio. En esa ocasión no me centraré en ella. Solo apuntar que, así como una población armada podría tener más capacidad para hacer frente o derrocar a un gobierno abusivo, también tendría más capacidad para hacer frente o derrocar un gobierno legítimo.

La tercera opción es en la que quiero centrarme en este post. En cierto modo sigue siendo una cuestión empírica, pero aún así permite una curiosa reflexión sobre por qué portar armas puede que sea algo realmente “anti-americano”. Me explico.

Las armas son un "equalizer", ponen al mismo nivel a los más fuertes y a los más débiles.

Uno de los argumentos más manidos en defensa de las armas es que son un “equalizer”, es decir, porque ponen al mismo nivel a la pobre viejecita que al cachas de dos metros. Si ambos portan un arma, poco importan los kilos de músculo que cargue cada uno. Como se decía en el viejo Oeste “Dios creó al hombre, y Samuel Colt los hizo iguales”. Es evidente que, en sentido estricto, una pistola no es capaz de acabar con todas las diferencias de poder, pues siempre habrá alguien más diestro en su manejo, quien contará con el factor sorpresa etc. No obstante, aunque no sea un igualador perfecto, es uno bastante bueno. En efecto, para toda aquella gente que en una confrontación física -fruto de un intento de robo, de agresión, de violación…- no estaría en condiciones de defenderse, las armas pueden suponer una gran ayuda. Sí, de acuerdo, si ambos lleváis armas la confrontación se vuelve potencialmente mucho más peligrosa, pero eso no quita que ahora, gracias a las armas, tú tengas la opción de salir airoso cuando antes, cuando no podías llevalas, la única opción era ser robado, agredido, violado… ¿Es este un buen argumento?

En mi opinión no, porque es muy vulnerable a lo que se conoce como la “Leveling-down objection”. Una crítica clásica, aplicable a gran cantidad de teorías, que funciona del siguiente modo: nos advierte que por muy deseable que pueda ser la igualdad (material) entre las personas, hay veces en que conseguirla hace mucho más mal que bien. El ejemplo que lo ilustra perfectamente lo encontramos en la obra del filósofo libertario estadounidense R. Nozick (1938-2002). Dice así: en nuestro mundo existen dos clases de personas, los videntes y los ciegos. Como a día de hoy no es posible curar la ceguera, sólo existen dos posibilidades. O bien permitir que exista una gran desigualdad -entre videntes y ciegos- o bien igualar la situación, dejando a todo el mundo igualmente ciego. ¿Qué es preferible?

Como es evidente, es preferible que exista una grave desigualdad a que todo el mundo esté igual de mal. Es decir, es mejor que existan desigualdades (incluso inmerecidas) a igualar “a la baja” (y de aquí el nombre: ‘leveling-down objection’). Debe tenderse con fuerza a la igualdad -qué duda cabe- pero sólo (o principalmente) cuando se iguale “al alza”.

¿Y qué relación guarda todo esto con el tema de las armas? Pues que, aunque quizás no lo parezca, el argumento del ecualizador en favor de las armas es solo una versión más del despropósito que supone intentar “igualar a la baja”. Sí, es cierto, armando a toda la población lo que se consigue es darle a toda la población una nueva posibilidad o poder. Pero eso no excluye que se trate de un caso de “igualdad a la baja” por cuanto lo que se distribuye de forma universal no es algo positivo -en cuyo caso estaríamos igualando al alza- sino algo absolutamente negativo: la posibilidad de herir o matar a alguien con facilidad. O dicho de otro modo, igualar al alza maximizando algo negativo es tan sensato como igualar a la baja maximizando algo negativo.

Es preferible que exista una grave desigualdad a que todo el mundo esté igual de mal

Si nadie puede llevar armas, entonces sólo una minoría -los más dotados físicamente- dispone del poder de atacar a los demás con facilidad. En cambio, si todo el mundo puede llevar armas, entonces todo el mundo dispone del poder de atacar a los demás con facilidad. En el primer caso sólo existían unos pocos ciegos -los más dotados físicamente-, en el segundo, conseguimos que todo el mundo sea incapaz de ver. ¿Se ve el paralelismo? Armando a la población lo que se consigue es igualar en algo indeseable, se consigue que toda la población tenga algo que no debería tener nadie. Armar a la población maximiza el número de ciegos, es decir, el número de personas que pueden matar o herir con facilidad. Maximizar algo totalmente indeseable es totalmente indeseable, por mucha igualdad que ello traiga consigo. Si la sociedad ideal es aquella en que nadie es capaz de herir o matar con facilidad a un tercero entonces no tenemos que ir en dirección contraria, por mucha igualdad que supusiera hacerlo.

Visto todo lo anterior, queda claro pues que el “buen” americano dice ”no” a las armas. ¡Solo un socialista preferiría igualar a la baja!

#Igualdad #Armas #Libertaddeexpresión #Seguridad

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